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Reabrió el clásico bar Los Galgos

A casi un año de su cierre, el mítico café de la esquina de Callao y Lavalle vuelve a abrir sus puertas. Mantiene el nombre, se parece al original, pero no es el mismo.

Por Daniela Pasik
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Cuando cerró Los Galgos de algún modo bajó las persianas una porción de Buenos Aires. A pesar de que existe una Ley de Bares Notables que insta a protegerlos, el clásico porteño dejó de funcionar el 31 de diciembre de 2014 y hasta hace poco no se sabía qué iba a pasar con esa ausencia. Desde inicios de este mes llegó la respuesta y el local de Callao 501 volvió a estar en actividad.

Se llama Los Galgos, está en la misma esquina y mantiene la estética de café antiguo, pero no es lo mismo. Mejor dicho, no es el mismo. Es el cartel de «hay Wifi», cierta calidez ambarina en lo que antes era la fría luz de tubo y algunas ausencias, como la del especial de crudo y sus comensales fieles. Antes era un pedazo de siglo XX y ahora un homenaje.

La familia Ramos tuvo que vender el local después de la muerte de Horacio, su último dueño. En agosto pasado la fundación Basta de Demoler denunció la destrucción del bar: “una vez mas el GCBA no cumple con la protección patrimonial de objetos y mobiliarios, que por ley 1227 se lo faculta para que de manera preventiva realice el inventario y resguarde estos bienes del patrimonio cultural y artístico de los porteños”. La boiserie original, con tallas y espejos biselados, estaba a la venta en Mercado Libre por 20.000 pesos.

Todo eso fue recuperado, de algún modo, por privados. Un empresario compró el lugar y lo alquiló para el rubro cafetería, que es el único fin posible porque es un bar histórico. El equipo del bar y restaurante 878 se encargó a inicios de diciembre de la reapertura de Los Galgos, que por el momento es discreta. Lo remozó, reacondicionó y levantó las persianas sin mucha alharaca. Se puso a trabajar.

El 878 es un bar y restaurante de barra, uno de los epicentros de la nueva movida del vermú que tiene su corazón puesto en la coctelería. Los Galgos solía ser un bar de café, sánguches y picadas que siempre tenía sillas disponibles para que los barrenderos descansaran y tomaran agua. La barra, las puertas vaivén y la caja registradora que hace ¡clinc! solían ser un testimonio casi de museo. Ahora podrían parecer una puesta en escena.

Los antiguos dueños de Los Galgos no están contentos con esta reapertura. “Definitivamente no es lo mismo y nosotros denunciamos la venta de la boiserie… Les pido que dejen de hacer publicidad”, comentan en la página de Facebook del bar original, que sigue diciendo “cerrado permanentemente”.

Esta reapertura, para los nuevos dueños, es en realidad un nuevo inicio, que implica el enorme desafío de unir historia con futuro. Los vecinos tradicionales y los modernos amantes de la coctelería esperan con la misma ansiedad que todo salga bien y se unan los dos mundos de la mejor manera.

DZ/dp

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