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TEMAS DE LA SEMANA

Rada: «Canté desde Gardel a los Rolling»

Cantante, compositor, percusionista y actor uruguayo, Rada -que estrena disco- se ganó hace mucho el amor incondicional de los porteños. 

Por Natalia Gelos
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rada

El perfume, la voz, el traje y los zapatos en coral composé, todo brilla en Rubén Rada, que dice que en Buenos Aires es de la casa, porque acá viven sus tres hijos y su nieto, y porque acá vino por primera vez a los diez años, con un grupo de candombe, para cantar y bailar en la avenida Corrientes. Desde aquellos tiempos, o desde la época de La Balsa, cuando venía con los hermanos Fattoruso, o desde sus años como solista; desde siempre, en realidad, Rada es ese músico que a Buenos Aires siempre vuelve.
Un disco nuevo, Amoroso Pop, con el que vuelve al funk, al rock, incluso a su infancia, porque un día, en su casa, lo despabiló un recuerdo: él, de niño, junto a sus hermanos, en el barrio de Palermo de Montevideo: “No teníamos tambores, pero agujereábamos latas y nos las atábamos y salíamos a tocar, pero no había nadie que bailara, así que un día me disfracé de mujer y salí a bailar”. Entonces, este Rada de setenta años, todo barbudo, se puso un gorro, se pintó los labios y se le presentó así al fotógrafo. Ya tenía la tapa de este nuevo disco que presentará en septiembre en Buenos Aires.

¿Después de tantos años siguen naciendo canciones?
Si te contara los discos que tengo para sacar, te morís. Todo el tiempo estoy componiendo. Ahora que tengo un estudio, es como tener una fiambrería, como salame todo el día.
Nunca se ataste a los géneros. ¿Eso tiene sus costos?
A mí me gusta la música, toda la música. Y como trabajé mucho en hoteles, en cabarets, en barcos, y siempre canté desde Gardel a los Rolling Stones, siempre he hecho de todo. Cuando tengo ganas de cantar algo, lo hago. Eso fue siempre difícil para mi carrera, porque si hubiera sido un rockero, hoy en día estaría llenando estadios, porque yo estaba acá y cantaba “El rock de la calle”, estaba al lado de Charly, de Gieco, de Spinetta; estaba metido ahí. Y en un momento me fui.
¿La plata nunca fue prioridad?
La prioridad me vino cuando tuve hijos, recién a los 55 años. Recién a esa edad me pude comprar mi casa.
¿Alguna vez dejaste hasta la ropa para correr por buena música, no?
En los setenta. Me fui a Europa a trabajar con un grupo que se llamaba Buenos Aires Crew y un día me llama Hugo Fattoruso, que había formado Opa, uno de los grandes grupos de Sudamérica, y empiezo a componer para ellos antes de acostarme a dormir. Las canciones se las mandaba en un casette por correo. Y un día me dice que vaya a Estados Unidos. Yo tenía un montón de ropa, porque siempre fui muy coqueto, pero como iba por quince días, pensé que con tantas valijas no me iban a dejar entrar, así que abandoné cuatro valijas en una cama de hotel en Alemania y me fui. Llegué y los hermanos Fattoruso me sentaron y me mostraron cómo habían acomodado rítmicamente todo lo que yo había grabado en los casettes. Me morí, me largué a llorar… ahí hicimos Magic Time. Y con ese disco volví a Argentina.
¿Te pesa cantar las canciones más hiteras?
Esos temas son los que me siguen dando trabajo. Si voy a un show y no los canto, la gente me mata. Yo lo vivo y me divierto como un loco; todo lo contrario que Lito Nebbia, que le pedían “La Balsa” y no la quería cantar. Amo mi música. Mi mejor canción es “Las Manzanas”, porque es la canción con la que me conocieron en Uruguay, porque con ella el pueblo me eligió.
¿Es prejuicioso el mundo de la música?
Yo a veces me enojo, pero no me enojo ni con la prensa, ni con los músicos, ni con la gente. Me enojo conmigo mismo, porque si alguien a quien sigo, por ejemplo, Charly García, un día hiciera algo distinto, lo criticaría; eso demuestra que todos somos iguales, que tenemos una cantidad de defectos. Pienso tanto en eso que cuando bajo de un avión y dicen que por favor no se olviden de los efectos personales, yo pienso que dicen “defectos personales”.
¿La música salva?
Yo creo que la música ayuda muchísimo. Y si tocaras un instrumento, serías más feliz todavía. Tocar el tambor, en Uruguay, los domingos en Montevideo: médicos, psicólogos, todos nos juntamos en el barrio de Palermo a tocar y ese sonido solo te saca de todo. Es una terapia.
Y esos problemas de los que la música salva, o resguarda por un rato, los conocemos todos. Rada también, y para él, la solución está en buscar proyectos, no individualidades: “Yo no confío en el hombre -dice-. El hombre solo es peligroso. En estos países estamos acostumbrados a votar a un hombre, cuanto más bonito mejor; cuanto mejor se vista, mejor; pero en realidad lo que tiene que importar son las ideas”.

En pocas palabras

• Nació en 1943, en Montevideo.
• En 2011 recibió un Grammy Latino.
• En setiembre presenta Amoroso Pop, en Buenos Aires.

 

dz/lr

 

Fuente Redacción Z
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