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TEMAS DE LA SEMANA

Que sepa abrir la puerta para ir a jugar…

Trabajan con materiales nobles como la madera y la tela. Y parten de la idea de que el juguete más despojado ayuda a desarrollar la imaginación.

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nene

Por Natalia Gelos

Al menos una vez al año, al local Sopa de Príncipe llega un grupo de niños de algún jardín público del barrio. “Venimos para que vean que hay otro tipo de juguetes”, les dice la maestra, y los chicos miran a su alrededor: en cajones de manzana, puestos en hilera como estantes, hay muñecos de tela con diferentes “especies”, desde sapos hasta dinosaurios, desde muñecas con pelos rebeldes hasta monos y pollitos. Verónica Longoni, la diseñadora y una de las dueñas de la marca, saca una tela, da un poco de relleno a cada niño y los invita a completar juntos un perro salchicha largo y multicolor.

¿Qué juguetes ganan en estas grandes urbes en las que el poco espacio es determinante? ¿A qué juegan los niños? ¿Qué les compran los adultos? Las grandes cadenas de jugueterías mantienen su oferta convencional, con los muñecos de la película de turno, de rosa y celeste, con plástico acompañado de luces y ruidos, ya sea un auto, una muñeca o un teléfono. Las jugueterías que muchos llaman “naturales” o “alternativas” crecen con juguetes de materiales nobles como madera y tela. Y recurren a una idea que quizá se creía perdida: la del juguete más despojado pero que invita a jugar.

Crecieron con la crisis de 2000. Un poco por el cierre de las importaciones; un poco por la aparición de diseñadores independientes; mucho, por un cambio de mirada, que elige una instancia más natural en alimentación, vestimenta y, también, en el universo de los niños.

Las jugueterías naturales reivindican el lugar del juego como instancia activa y apuestan por un consumo más responsable. Sus productos no llevan pilas, son reciclables, no fueron realizados en fábricas contaminantes. Y llevan una impronta fuerte que une la idea de negocio a una mirada pedagógica. Palermo es la zona “ganada” porque allí empezaron a hacerse fuertes estos diseños pero en el resto de los barrios hay cada vez opciones.

Verónica Longoni es artista plástica. Poco antes de 2000, trabajaba en una productora pero su proyecto personal era fabricar –y exponer– muñecos de tela. Una vez dejó unas muñecas en la tienda de unas amigas que comenzaban con el diseño independiente en pleno auge del barrio de Palermo como meca de tendencias. Las muñecas se vendieron, y empezaron a pedirles más. Un día Longoni se quedó sin el trabajo de la productora y empezó a dedicarse full time a estas criaturas de tela algo extrañas, multicolores, para nada en serie. Dice que hay una idea clara en este proyecto: “Cómo suplir ese mundo de tanto ruido y proponer un juego más relajado, del chico con su cabeza, con su imaginación. El chico con su juguete”, dice y agrega: “Al ser una cosa hecha a mano, pieza única, la gente pedía muñecos que a lo mejor habían tenido ellos mismos, pero para sus hijos”.
En la galería San José de Flores, en Rivadavia, la juguetería Pa´Peques tiene juguetes naturales realizados por diseñadores argentinos. Laura Smetniansky cuenta que su idea inicial era diseñar juguetes y que estudió ludotecología. Unos sesenta proveedores llegan con juegos de mesa, encastre, rompecabezas, barriletes, casas de títeres.

A las dos de la tarde de un sábado, cuando el gran afluente de público disminuye por un par de horas, aparecen sin embargo algunos clientes. Una mujer compra un regalo y celebra los precios. Un juguete aquí vale aproximadamente lo mismo que algún producto de juguetería tradicional.

“En esto hay mucha convicción de algunos y esnobismo de otros, como en todo”, dice Smetniansky, y cuenta que ve que muchos padres llegan a buscar puntualmente este tipo de juguetes, y otros lo hacen de casualidad y se enganchan con un mundo que hasta entonces les era desconocido. Muchos abuelos se conmueven, porque en todos estos productos hay algo de nostalgia, de otro tipo de juego, pero que le dicen que creen que los padres no tienen tiempo para esos juegos. “Quizá es prejuicio. Es que implican mayor participación en el desarrollo de los nenes”, dice la dueña del local, que también organiza talleres para ecobolsas, origami y burbujas:

No muy lejos de allí, El Papetier está en un departamento que da a la calle, atendido por una maestra que decidió cambiar de oficio sin alejarse de los chicos. Tiene una oferta multicolor, desbordante, alborotada, como la imaginación en la infancia. Parte de los juguetes es elaborada por ellos. Por ejemplo, rompecabezas de pared con el cuerpo humano, un barrio, una granja. Maestras, jardineras, chicos tíos, padres y abuelas se plantan con la misma perplejidad sin poder decidir qué llevar.

“Una siempre se arma un plan, que después termina siendo otra cosa. Yo pensaba que a mi hija le iba a evitar el mundo nena princesa y no fue así. Pero también se copa con juguetes más alternativos. Un muñeco de película ya viene incluso con el nombre, pero uno de tela, los invita a incluso darles eso: el nombre, lo que le dará la personalidad”, dice Mara, madre de una niña de cinco años.

La crianza de los propios hijos es un motor igual de importante para el diseño de estos juguetes. La Ovejita Negra nació de esa manera. Entre un montón de muñecos de tela que destacan por su belleza simple, quien sobre todo llama la atención es Celina, la muñeca embarazada: una patona que lleva un bebé en su vientre, que puede parir desde abajo, en la zona vaginal, y también amamantar. No hay realismo, no hay lugar para escandalizarse. Hay, sí, un deseo de poner las cosas en su lugar y ayudar a los niños que atraviesan la llegada de un hermano, o investigan las diferencias de los sexos. Esa muñeca fue la primera en un emprendimiento que nacía de una búsqueda como padres: “Soñábamos con juguetes diferentes, originales, distintos a lo que encontrábamos en el mercado –dice Viviana González Montaner, la madre en este proyecto”. ¿Quienes buscan a La Ovejita Negra? “Los que buscan propuestas alejadas del plástico, los estereotipos de juguete para nena/nene, etcétera. Pero también quienes se maravillan en las ferias, al encontrar “muñecas de trapo como las de antes” pero con un mensaje innovador. También docentes y trabajadores de la salud que los utilizan en su labor profesional”.

Otros artesanos del juguete se pueden encontrar en la web, como las comiditas de paño de Ponchi Ponchi o los cubos, teatrinos y bowlings. La demanda por objetos que abran la imaginación convive con la búsqueda de lo convencional. Diseños como los de Circo se fortalecieron en esa demanda. Unos muñecos con algo de rock y algo de cómic tanto para grandes como niños. Juan Manuel Gorjón, uno de los creadores dice que su clientela “abarca todas las edades, está repartida entre niños que lo usan de juguete y adultos que les gusta decorar con objetos de diseño, pero sea la edad que fuere, siempre son personas que valoran la creatividad: ése es nuestro valor agregado”.

La nostalgia, la búsqueda de volver al juego, el consumo responsable y un contexto económico favorable a su aparición; en esas cuatro cuestiones parece asentarse esta tendencia que tiene menos ruido, menos luces, pero mucha más acción.

http://laovejitanegrajuguetes.mercadoshops.com.ar

Sopa de Príncipe, Thames 1749

Le Papetier Acoyte 940  49828137

hola@lakermeskids.com juguetes creativos de cartón

https://www.loderodolfo.com/ofertas-juguetes-didacticos/ juguetes de madera
www.jotajuguetes.blogspot.com.ar cocinitas y muebles de madera

Fuente Diario Z
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