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TEMAS DE LA SEMANA

Qué hacer en Buenos Aires en enero

A pesar del calor, la Ciudad despliega un amplio abanico de actividades para hacer. Música, teatro, cine; ferias, paseos, museos y centros culturales.

Por Juan Carlos Antón
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verano porteño

Los meteorólogos oficiales aseguran que Buenos Aires en enero “tiene mañanas y noches cálidas, eventualmente agradables”, con temperaturas que oscilarían entre los 25 y los 35 grados. También prometen pocas lluvias y “una brisa ligera o muy débil que hace el clima más agradable”. Un panorama muy distinto al diciembre que acabamos de atravesar, difícil por los cortes y el calor sofocante.

El asunto es que Buenos Aires en enero invita a ser (re)descubierta. Los porteños parten masivamente a los centros de veraneo y entonces la tranquilidad de sus calles semidesiertas, sus negocios vacíos, los bares con mesas libres y las noches calurosas quedan vacantes para el disfrute del más abnegado. ¡Incluso viajar en colectivo puede resultar placentero!

El tema es qué hacer, pero hete aquí que las opciones abundan. Desde visitar ferias y mercados como los de San Telmo o Plaza Cortázar, pasear por lugares elegantes como Puerto Madero, o simplemente sentarse a tomar algo en la Costanera y disfrutar de la suave brisa. Con menos autos y colectivos, hasta el tan mentado microcentro se revela interesante. El verano también es ideal para buscar refugio en los museos y visitar el Museo de Arte Moderno, el Malba o el Centro Cultural Recoleta, que ofrecen muy buenas muestras y exhibiciones.

Y otro factor importante es que no hará falta mucho dinero: la oferta de actividades gratuitas o a bajo precio es muy importante.
Sólo queda elegir con paciencia entre las múltiples opciones. Dependerá del día y de las ganas. Buenos Aires espera.

Vamos de paseo
Si de pasear se trata, Buenos Aires tiene sitios pintorescos y tradicionales como para regalar. Pero existen dos lugares a los que probablemente ningún porteño iría “de paseo”, pero ameritan una caminata en época de feria judicial y vacaciones en las oficinas: el Microcentro y la zona de Tribunales. Así es.

En el Microcentro, el gobierno diseñó un plan de peatonalización que busca crear un polo turístico al estilo de los cascos históricos de las ciudades europeas. La primera etapa –inaugurada en septiembre– abarcó 33 cuadras de Marcelo T. de Alvear, San Martín, 25 de Mayo, Bartolomé Mitre, Sarmiento, Rojas y Reconquista. Allí se aumentó la superficie de la vereda y se la niveló con la calzada, se colocaron luminarias LED, macetas y árboles. Junto a ello, se multiplicó la oferta gastronómica y ahora hay bares para todos los gustos, con mesitas al aire libre. La movida tiene detractores y defensores, pero bien vale la pena recorrer esas calles que alguna vez estuvieron atestadas de vehículos. Una segunda fase abarcará otras 43 cuadras de Maipú, Perón, Suipacha, Esmeralda y San Martín.

Y la zona de Tribunales, créase o no, también tiene sus atractivos. Con Plaza Lavalle como eje principal del paseo, se pueden recorrer una serie de edificios y esculturas que valen la pena. Entre ellos, el monumento al político y militar Juan Lavalle, inaugurado en 1887 y ubicado sobre una columna de 18 metros de alto. También el monumento al Ballet Nacional, inaugurado en 1972, durante el primer aniversario del accidente de aviación que les costó la vida a nueve miembros del cuerpo de baile del Teatro Colón.

Desde Plaza Lavalle también se pueden ver detenidamente el Teatro Colón, hito del circuito lírico internacional, y el Teatro Cervantes, de relevancia nacional y una rica historia artística. Por supuesto, se impone el impresionante edificio del Palacio de Tribunales, una construcción centenaria, y discutida, pero que sin dudas acapara la atención del visitante.

El río
Una buena sugerencia para los días de calor es la Costanera Sur. Ícono de principios y mediados del siglo XX, cuando la gente se bañaba en el río, el lugar ya no es el balneario popular que solía ser, pero le quedan otros atractivos.

Uno de los principales es el edificio de la ex Cervecería Munich (Avenida de los Italianos 851), hoy convertido en el Centro de Museos de Buenos Aires y sede del Museo del Humor. Durante los domingos de enero y febrero, tiene programadas tardes de té y boleros, a partir de las 16. La música estará a cargo de las sopranos Silvia Antonic y Patricia Douce, el tenor Antonio Seoane y el piano de Carlos Koffman. Por supuesto, otra opción es recorrer la rambla y tomar algo en uno de sus famosos carritos: un buen choripán al atardecer junto al río es uno de los grandes placeres de la vida.

Pegado a la Costanera, claro, se encuentra Puerto Madero, el barrio más joven y exclusivo de Buenos Aires. Suele estar poblado de turistas y porteños que se quedan a contemplar sus enormes edificios. Para las noches de calor, pasear por Puerto Madero resulta una experiencia agradable. Se pueden visitar el Puente de la Mujer (Pierina Dealessi y Manuela Gorriti), el Buque Museo Fragata Sarmiento (Juana M. Gorriti – Dique 3) o la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat (Olga Cossettini 141). La colección de la extinta Dama del Cemento es espléndida y desde su museo se puede disfrutar de una hermosa vista del atardecer. La entrada de los adultos cuesta $35 todos los días y $20 los miércoles. Los menores de 12 años, jubilados, docentes y estudiantes pagan $20 y los miércoles entran gratis.

Chinatown
Otra alternativa es el relativamente nuevo Barrio Chino. Surgió en la década de 1980 con el establecimiento de familias de inmigrantes provenientes del lejano Oriente (principalmente de Taiwán) en estas cinco cuadras de Belgrano donde ahora se ofrecen objetos de decoración, comestibles, revistas y regalos a buenos precios. Además, claro, de una amplia oferta de gastronomía oriental. El paseo comienza en el famoso arco de Juramento y Arribeños. Fabricado en cemento y piedra, fue traído desarmado de China para ser ensamblado en el acceso de la calle Arribeños. Mide 11 metros de altura, tiene tres niveles de tejas y los extremos de los techos están adornados con dragones. Dicen que el lugar es ideal para ir en pareja o con amigos, pero si uno está sólo también es interesante recorrerlo. Despacio y disfrutando de un sitio que ya resulta familiar en la geografía de la Ciudad.

Te quiero verde
El calor pide a gritos espacios verdes, árboles y césped. Un refugio interesante es el Jardín Japonés (Figueroa Alcorta y Casares), con sus lagos, puentes y cascadas, enclavado en pleno bosque de Palermo. Además de alimentar a los robustos peces que habitan el lago, se pueden visitar su biblioteca, asistir a sus cursos de cocina, cultura japonesa y cultivo de bonsái o practicar meditación. También cuenta con un restaurante donde se pueden disfrutar los mejores –y bastante caros– platos de comida japonesa, preparados por expertos. El predio abre todos los días de 10 a 18. La entrada cuesta $24 para los mayores. Los menores de 12 años y jubilados pasan gratis.

Otro punto irresistible para pasar un rato es el Jardín Botánico (Av. Santa Fe 3951), donde se conserva una colección de 5.500 especies vegetales, tanto autóctonas como foráneas. También hay numerosas esculturas, como “La Primavera”, “Loba Romana”, “Mercurio” y grupos escultóricos como “Saturnalia”. El espacio fue declarado Monumento Nacional en 1996 y todas sus actividades son gratuitas. Ojo que en los días de viento intenso, lluvia o lloviznas persistentes, el jardín permanece cerrado por razones de seguridad.

Finalmente, otra opción verde para enero la constituye el tradicional Parque Lezama, uno de los más lindos de la Ciudad. Delimitado por Defensa, Brasil, Martín García y Paseo Colón, puede resultar una buena opción para pasar una tarde, tirarse un rato a descansar o tomarse unos mates en alguna de sus avenidas arboladas, su anfiteatro o en la barranca que cae hacia Paseo Colón. En sus terrenos se encuentra el Museo Histórico Nacional, que bien vale la pena una visita.

El refugio de la cultura
Cuando el sol pega, el museo es opción por partida doble: educa, entretiene y tiene ambiente climatizado.
Entre los museos privados, el que atrae más visitantes es el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Figueroa Alcorta 3415). En enero, se destaca la muestra Encuentros / Tensiones, que ofrece un nuevo recorrido por el arte latinoamericano contemporáneo a través de una selección de más de cien obras pertenecientes al acervo del museo y otras cedidas especialmente. Se incluyen pinturas, dibujos, objetos, instalaciones y videos de 60 destacados artistas latinoamericanos. Entre otros, hay obras de Frida Kahlo, Diego Rivera, Tarsilia do Amaral, Wilfredo Lam y de los principales artistas argentinos. Por el mismo precio, además, pueden verse las mágicas esculturas de pasta de papel y yeso que Elba Bairón (La Paz, Bolivia, 1947) preparó especialmente para este espacio y la imperdible instalación El hombre con el hacha y otras situaciones breves, la primera exposición individual de Liliana Porter (Buenos Aires, 1941), protagonizada por pequeños personajes abocados a construir y destrozar, esparcir y recoger, ir y regresar. Muy recomendable.

El Malba está abierto abierto todos los días, excepto los martes, de 12 a 20. Los adultos pagan $40; estudiantes, docentes y jubilados (o mayores de 65 años), $20; menores de 5 años: sin cargo. Los miércoles es el “día popular”: la entrada es de $20, estudiantes, docentes y jubilados pasan sin cargo y el cierre se extiende hasta las 21.

Otra opción muy atractiva es el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930, plena Plaza Francia). Este verano se expone “Intervalo lúcido”, la serie de 39 retratos de famosos (Julio Chávez, Vicentico y Cecilia Roth, entre otros) realizados por los fotógrafos Guido Chouela y David Sisso en gran formato (1 x 1,30 m). También se destaca la muestra dedicada al escritor chileno Roberto Bolaño, titulada “Archivo Bolaño: 1977-2003”, que se centra en la etapa que el artista pasó en España, en la calle Tallers de Barcelona, en Gerona y en el municipio barcelonés de Blanes, donde desarrolló la gran parte de su obra. Además, hasta el 16 de febrero también se puede visitar la muestra-homenaje “Vinicius… saravá!”, dedicada al músico y poeta Vinicius de Moraes en el centenario de su nacimiento. El Recoleta abre de martes a domingo de 13 a 20 y la entrada es gratuita.

Ferias y mercados
Su nombre oficial -Feria de Cosas Viejas y Antigüedades de San Pedro Telmo- ya es lo suficientemente gráfico como para saber de qué se trata. El espacio, ubicado en Humberto Primo al 400 en la Plaza Dorrego, es visitado cada domingo de 10 a 17 por alrededor de 20.000 personas. Es “gerenciado” por el Museo de la Ciudad y los puestos –alrededor de 270– se asignan por sorteo. Según explican los organizadores, quienes compran son mayormente turistas. Incluso, armaron una clasificación por nacionalidad, según qué compran: ”Los franceses, elegantes por naturaleza, prefieren la bijou o los vidrios; los brasileños -alegres y llamativos- se inclinan por los metales y objetos de colores; los italianos, las joyas antiguas, y los españoles, fieles a su pasado, eligen los mantones, los abanicos y las pinturas, traídas al país por sus propios abuelos”. En cambio, aseguran que los porteños suelen aparecer recién a partir de las cuatro de la tarde para curiosear y preguntar precios. De comprar, casi nada.

La Plaza Dorrego, en tanto, también resulta atractiva porque tiene mucha historia. En tiempos de la colonia era conocida como “Alto de las carretas” ya que los carros tirados por bueyes o caballos la usaban como parada antes de cruzar un arroyo para llegar al centro de Buenos Aires. Además, es Monumento Histórico Nacional ya que el 13 de septiembre de 1816 el pueblo de Buenos Aires se reunió allí para reafirmar la Declaración de la Independencia. Después de recorrer la feria, el visitante puede sentarse a tomar un café o algo fresco en los bares ubicados en los alrededores, que incluso cuentan con mesas sobre la plaza.

Otra feria similar está ubicada en la plaza Julio Cortázar, más conocida como Plaza Serrano (Jorge Luis Borges y Honduras). Se trata de una de las ferias de artesanías más importantes de la ciudad. Se instala los sábados y domingos durante todo el año. Entre las ofertas, hay perfumes y aromas para la ropa o para el hogar, aceites derivados de distintos frutos o generados a partir de extractos vegetales y joyas artesanales. Y muy cerca de la Plaza Cortázar, en Conde y Dorrego, se levanta el Mercado de Pulgas, que se puede visitar cualquier día de la semana. Como su nombre lo indica, ofrece desde piezas antiguas únicas y de elevado valor hasta objetos modernos usados. Desde una lámpara antigua hasta un collar de perlas. En sus 143 locales, hay muebles de todas las épocas, relojes, cuadros y vajilla. Además de la venta al público, cuenta con un servicio de restauración de objetos. El lugar fue reinaugurado a mediados del 2011 con puestos renovados, mejores accesos y dársenas para estacionamiento.

Se lo dijimos al principio. En enero, en Buenos Aires, hay mucho para hacer.

DZ / fs

Fuente Redacción Z
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