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¿Qué hacemos con las amistades que despintan cuando están en pareja?

Vera Killer objeta a los que son de fierro sólo si están solteros y desaparecen cuando se ponen de novios. Le sube la ira, pero recomienda limpieza de agenda como antídoto.

Por Vera Killer
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Lo hacen mujeres y varones por igual. La condición de esta patología no se limita a un grupo etario, porque pueden tener 15 o 60, es lo mismo. De todos modos se los detecta fácil: son los que más pregonan sobre estar siempre y los que más dicen “contá conmigo para lo que sea”.  Permítanme un JÁ. Por supuesto que son los primeros en no resistir nada y desaparecer si te hace falta algo.

Les digo los noviodependientes. Son los perro que ladra de la amistad, porque esta gente dice, habla, exalta y de pronto un día no atiende el teléfono, te clava el visto. Su labilidad siempre se relaciona con su cambio de situación sentimental.  En cuanto dejan de estar solteros, chau. Hay que huirles como si fueran monstruos peligrosos en una peli de terror en un bosque oscuro porque son eso, monstruos peligrosos en una peli de terror en un bosque oscuro.

Te invitan a lugares, entran en confianza, comparten secretos, tristezas, se hacen presentes con peso, incluso están en tu vida durante años a veces, pero en realidad te exprimen. Son adictos, capaces de robarte todo tu tiempo con tal de conseguir su droga: atención, compañía, sostén. No saben estar solos, por eso usan la amistad de paliativo. Y no saben tampoco estar con alguien, por eso se aíslan del mundo cuando se ponen de novios.

Arrojo mi rechazo al universo. Detracto a esta gente horrible y ya ni me detengo a tratar de educarlos, a decirles que no sean pánfilos, a darles otra oportunidad cada vez que se separan, a explicarles con cariño que la vida es mucho más que estar en pareja o no.  Solía hacerlo, pero me cansé de tanto histeriqueo fraterno. Basta, no hay más chances. Si te deja la última salamina con la que te cruzaste ya no me llames. Si te separás de tu marido no me recuerdes.

Creo que estoy enojada. Lo que pasa es que caí en la trampa dos veces últimamente. Ya no me va a volver a pasar, en una emotiva pero breve ceremonia declaré que quedan todos los noviodependientes eliminados de mi agenda, la real y la mental. Estoy algo tensa. Para sacarme el mal sabor dejo acá dos epitafios y termino con el tema para siempre.

Mi otrora amigo B., tan de fierro, tan te chateo toda la noche porque tenemos insomnio, tan llamame cuando llegues, tan presentame una amiga y te presento un amigo, tan si no vas no voy, ya ni me dice feliz cumple por Facebook. Él, que me había organizado una fiesta sorpresa para mis 30 y que prefería pasar las fiestas conmigo que con sus padres. Conoció a una chica dulcemente dominante y no lo vi más. Me lo imagino en 10 añitos, “Pipi, ¿cruzo la calle rápido o espero que pase ese camión?”, consultándole a su novia, solos los dos en mundo poblado nada más que con parejas, alejándose aterrados de todo lo impar. Bye.

Mi ya no querida amiga M., quien se decía mi hermana, mejor todavía porque te elijo, y durante décadas me hizo lo mismo una y otra vez; ejerció una familiaridad esquiva que se apagaba con cada relación de pareja que tuvo, una vez incluso desapareció por años. Ella, la misma que volvió con el caballo cansado recién divorciada hace unos meses a decirme nunca más, la amistad primero, pero me dejó plantada durante semanas hasta reconocer el otro día que bueno, conoció a alguien, pero que eso no tiene nada que ver con su cambio de actitud. Andá nomás.

Yo soy soltera porque tengo ganas, no porque no “consigo” novio. Y tengo amigas y amigos porque me parecen lo más, no como sustitutos de un amor que no encuentro. Y si un día decido hacer dupla sentimental, va a ser con alguien que sienta mi mejor amigo, pero con el que además me revuelque hermosamente. Porque los amigos primero, porque si los descartás por cualquiera sos un  gil, y porque si para colmo pregonás que sos de fierro sos un pedazo de materia fecal.

Creo que me en serio. Estoy golpeando el teclado como si fuera el último round de la pelea por el cinturón de campeón mundial. Me titila un párpado. Comencé a escribir con un rodete y ahora, nueve párrafos más tarde, parece que me hubiera agarrado un viento patagónico. Me duele un poco acá. Ay. Mejor me río, mejor llamo a un amigo de los de verdad, que por suerte tengo varios, y me voy a tomar un vino.

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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