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Qué fantástica esta fiesta. Por Reynaldo Sietecase.

Análisis político por Reynaldo Sietecase.

Por Reynaldo Sietecase
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Como si se tratara de un pase de magia o una invocación religiosa. Exhibiendo los atributos del prestidigitador y del pastor mediático, Mauricio Macri viró la retirada en fiesta, la deserción de su candidatura presidencial en decisión estratégica. Entre globos y pasos de baile, el líder del PRO cerró la primera fase del repliegue bailando canciones de Gilda. Cerca del ex presidente de Boca aseguran que no quería bajar sus aspiraciones presidenciales pero que, como decía el general Perón, la única verdad es la realidad. Las encuestas no le daban bien, la plata para una campaña presidencial no estaba y la eventual sucesora, Gabriela Michetti, no lo dejaba tranquilo. El jefe de Gobierno prefirió entonces ir a lo seguro. La pregunta del millón es si el escenario porteño es realmente tan seguro para el PRO como Macri cree.

«Retrocedemos para tomar impulso», señaló uno de los ministros del gabinete porteño poniendo a prueba su propio entusiasmo. Como en la función de un mago, como en un rito religioso, la diferencia está entre creer y no creer. Por su parte, las principales fuerzas de la oposición en la ciudad de Buenos Aires también velan sus armas. Pino Solanas no pudo cerrar con Graciela Ocaña pero sí con el GEN y el socialismo. La Presidenta extendió el suspenso sobre quién será finalmente el candidato bendecido. Cristina Kirchner se debate entre el más popular y el más confiable.

Hasta hace una semana, Macri discutía con sus asesores si el candidato a sucederlo tenía que ser Horacio Rodríguez Larreta o Michetti. Ahora se debate entre adherir a la candidatura de Eduardo Duhalde o a la de Ricardo Alfonsín. Hasta hace una semana su destino manifiesto era la Casa Rosada y la consolidación de «un proyecto nacional». Un camino que había que transitar aun en la derrota. Citaba a Lula como bandera y ejemplo de persistencia. El dirigente paulista perdió tres elecciones antes de llegar al poder. Ahora la agenda vuelve a tener el contorno de los cien barrios porteños.

La estrategia de reconversión tiene dos etapas. La primera y más dura, que se tiene por cumplida con la fiesta, fue explicar el cambio de meta electoral con el menor costo político posible. La segunda pasa por consolidar el voto del PRO en la Ciudad para poder retener el único bastión partidario. Cerca de Macri dicen que obtendrán cerca del 40 por ciento en la primera vuelta. Los preocupa qué pasará con el resto del universo electoral. La elección porteña será obligatoriamente polarizada por el ballottage. En el PRO saben que la jugada es, ahora sí, a todo o nada y que no pueden dar pasos en falso. ¿El mejor paraguas nacional lo dará el PJ Federal o la UCR? ¿La compañera de fórmula debe ser una mujer o un político profesional? ¿Hay que sumar al rabino Bergman? Entre otras cuestiones.

Lo que pasó con los comicios de Chubut encendió todas las luces de alarma y obliga a la prudencia. Es temerario dar cualquier elección por ganada. El resultado final en esa provincia se conocerá en dos semanas con la votación complementaria en seis mesas. Pero el escándalo ya se llevó puesta la aspiración nacional de Mario Das Neves. Si el domingo 29 el candidato oficialista no logra imponerse, el gobernador quedará cerca del ocaso político.

Pino Solanas perdió esta semana a una aliada fundamental. Cuando lanzó su candidatura porteña en el Parque Centenario, el cineasta dejó entrever que Graciela Ocaña podría acompañarlo en la fórmula. La ex titular del Ministerio de Salud de la Nación tiene una alta imagen positiva y, según algunos encuestadores, una intención de voto que oscila entre el 8 y 9 por ciento. Algunas usinas periodísticas presentaron la negativa de Ocaña como consecuencia de un problema de domicilio. Vive en provincia pero por su función de titular del Pami y ministra, en los últimos años residió en la Capital. Más allá de los papeles, la causa de la ruptura hay que rastrearla en los cortocircuitos que tuvo la «Hormiguita», como la llamaba Elisa Carrió, con los negociadores de Proyecto Sur. «Quieren que te sumes pero no dan nada», se lamentó uno de los emisarios de la ex funcionaria. Con todo, Ocaña asegura que sumará su apoyo a un frente progresista nacional si es que éste se conforma. Esta historia se podría llamar: «Esperando a Hermes (Binner)».

En tanto, el trío kirchnerista se mostró unido y amable. Carlos Tomada sabe que está fuera de carrera. El senador Daniel Filmus y el ministro Amado Boudou esperan la bendición presidencial con ansiedad. El senador es el precandidato oficialista que mejor mide pero el ministro de Economía es el más confiable para la Presidenta. Según los operadores kirchneristas: el perfil progresista de Filmus asegura el ingreso a una segunda vuelta y el eventual voto de la centroizquierda en el ballottage. Boudou podría captar votantes radicales y de otros sectores en la segunda vuelta. Además cuenta con el aval de los gremios que responden a Hugo Moyano. La decisión no puede pasar del 21 de mayo.

Cabe preguntarse a esta altura si, en el universo presidencial, la proximidad con la dirigencia de la CGT suma o resta. Cristina Kirchner volvió el martes pasado a señalar la hipocresía de algunos dirigentes sindicales, quienes por un lado piden que se presente a disputar un nuevo mandato y, por el otro, la amenazan con «parar el país» o llevan adelante conflictos con métodos violentos. La Presidenta de la Nación sabe que con amigos así no necesita enemigos.

DZ/km

 

Fuente Especial para Diario Z
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