Tiempo en Capital Federal

11° Max 7° Min
Parcialmente nuboso
Parcialmente nuboso

Humedad: 64%
Viento: Sur 13km/h
  • Martes 7 de Julio
    Cubierto  10°
  • Miércoles 8 de Julio
    Parcialmente nuboso  11°
  • Jueves 9 de Julio
    Cubierto  13°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Qué comen los porteños

Los restaurantes y comercios ofrecen mayor variedad de platos y productos, pero los porteños no siempre incorporan en su dieta cotidiana esta posibilidad de comer mejor y más rico.

Email This Page
alimentacion_comida_porteños

Los bodegones, los bares, los restaurantes, las comidas al paso, las grandes cadenas de fast food cubren la ciudad y cada vez son más los que abren sus puertas. El porteño por necesidad y tradición cumple con el ritual y una reunión de trabajo, una salida o un encuentro casual casi siempre lleva un plato de comida como principal anfitrión. No se puede negar que la comida es una de nuestras principales pasiones, y un gran motor comercial en la ciudad.

La cocina porteña es una mezcla rara pero limitada. La mixtura de sabores se debe a la inmigración, que trajo ingredientes y condimentos que luego, traducidos en recetas, se han convertido en los grandes platos al que ningún porteño se puede negar.
Entre la variedad de comidas que se sirven diariamente y el cambio que se está produciendo en el paladar porteño, las preferencias están bien marcadas. Nunca falta el pedido de milanesa con fritas, suprema con puré, empanadas, ojo de bife o tortilla a la española.

La receta de la nona

“La triple P”, como la llaman los especialistas, no cede su sitial de favorita: la pizza, la parrilla y las pastas, distribuidas en todos los barrios, siguen ganando adeptos.

Fue con la corriente italiana que llegaron las masas de trigo, convertidas por un lado en ostentosas pastas con innumerables salsas. Secas o frescas, las pastas están muy presentes y son nuestra pura herencia italiana. Los ravioles, que en otros países se comen en las trattorías, aquí son un plato masivo. El nombre proviene del verbo italiano “ravolgere”, que quiere decir envolver. Los tradicionales italianos son los de verdura y ricota, pero aquí se popularizaron de carne, pollo o queso parmesano y se incorporaron las nueces o almendras en distintas combinaciones. En cuanto a las pastas secas, la mayoría las elige como su plato de cabecera. Son fáciles de preparar y económicas, con salsas caseras, compradas, o simplemente manteca.

Por otro lado, la famosa pizza se prepara y consume de forma distinta a Italia. Aquí prima el desborde: mucho queso, una gran masa y siempre decorada con otros condimentos. La pizza italiana es tan finita que alcanza apenas para un comensal; aquí, con dos porciones al paso es suficiente.

Las pizzerías ganaron mucho terreno en el último tiempo. En sólo dos años, se abrieron más de 170 locales. Sigue siendo la comida más económica en el mercado. Por ello, el público que antes consumía carne se ha pasado a la masa, el tomate y el queso. Cada barrio ofrece a los comensales su especialidad. Si bien existen los clásicos en pizza (Banchero, Los Inmortales, El Cuartito o Güerrín), ahora las pizzerías se distribuyen por toda la Capital intentando ganarse el título del clásico o la mejor pizza de la zona. Aunque no se puede determinar que exista un barrio que tenga dominio sobre otro en relación a la tipología de comida que ofrece, sí existe una gran concentración de pizzerías tradicionales en el centro porteño. Lo mismo vale con las pastas tradicionales y las cantinas en Chacarita, Villa Crespo y La Paternal. A la hora de comer, lo importante es estar dispuesto a probar y experimentar las especialidad es en cada barrio.

La siguiente “P”, la parrilla, hunde sus raíces en la tradición rioplatense. Si bien no es tan antigua como se suele creer –en tiempos de la colonia, era mucho más común el puchero que el asado–, tiene raigambre profunda. El asado de tira, hoy muy popular, fue inicialmente un corte de los pobres. En la época de la colonia, los costillares se abandonaban o regalaban. Más tarde, como a Gran Bretaña sólo se podía exportar carne sin huesos, el asado siguió siendo muy barato. El superclásico es el bife de chorizo, en otros países llamado entrecot. La receta más popular es a caballo, con dos huevos fritos y guarnición de papas fritas, que se puede reemplazar por ensalada. Otra opción es comer carne empanada en milanesa.

La Argentina sigue siendo el segundo país en consumo per cápita de carnes rojas, después de Uruguay, y en cierto sentido, se sigue identificando “comer bien”, en el sentido de alimentarse correctamente, con comer carne. Si bien los medios de comunicación y los especialistas alertan contra los efectos nocivos para la salud de comer mucha carne roja, o comer poco otras cosas, la parrilla sigue manteniendo su público. En los últimos años se incorporaron variantes para asar carne a las brasas, como el disco de arado, o bien se sumaron otros ingredientes o platos al universo parrillero, como el matambre a la pizza, o las pizzas a la parrilla: un cruce de dos tradiciones argentinas o una argentinidad al cuadrado.

Otra variante local y masiva del consumo de carne pasa por la milanesa. Plato tradicional si los hay, la buena es de nalga, peceto o lomo, y de carne de ternera. Es un plato que, en sus distintas preparaciones, combina con todo. En versiones, si no light, al menos más liviana, sola y acompañada con ensalada, es apta para el verano. Las preparaciones más suculentas, a la suiza o a la napolitana, con papas fritas, son más indicadas para los días fríos.

Mestizajes al plato

A pesar del compromiso que el porteño tiene con sus platos tradicionales, también se atreve a probar comida de otros países, la tan llamada comida étnica es un atractivo ineludible para los comensales. El paladar local está acostumbrado a la diversidad en una ciudad que fue conformada por gente de las más distintas culturas. La gran ensalada social que formaron italianos, españoles, alemanes, judíos, sirio libaneses, armenios, polacos, chinos y japoneses en su encuentro con bolivianos, paraguayos, peruanos, chilenos y los llegados de otras regiones argentinas se refleja también en una vocación plural de texturas y sabores.

Un fenómeno que no cesa de ampliarse: Buenos Aires es una metrópoli que recibe constantemente nueva inmigración y flujos culturales que se reflejan inevitablemente en la comida. Alcanza con pensar en la proliferación de restaurantes que proponen cocina peruana, de fusión peruana, japonesa, de fusión asiática, norteamericana, coreana, china y rusa. Una razón extra es que la cocina “étnica” está de moda en todo el mundo, y Buenos Aires no escapa a esta tendencia universal.

Uno de los platos “nuevos” que más se popularizó es sushi, siempre adaptado al estilo argentino, con mucho queso blanco. Las cadenas de delivery terminaron de hacer masiva esta receta japonesa. Tanto, que perdió el halo de exclusividad que tenía una década atrás. De manera similar, se puede confeccionar una lista de platos de distinto origen que se incorporaron al acervo gastronómico local. No hay que ser un gourmet muy refinado para disfrutar de un ceviche (de pescado, mariscos o ambos), de origen peruano; los ribs en la cocina china, trozos de cerdo fritos, al vapor o braseados, también chinos; el chau fan, un salteado de arroz con verduritas, camarones, pollo o carne, el chow mien, similar pero basado en fideos; los arrolladitos y los distintos platos al wok, no sólo chinos sino también tailandeses y vietnamitas.

Mucho más telúrico, de nuestro litoral y el Paraguay llega el chipá, un pan amasado con almidón de mandioca, leche y mucho queso, se vende en las panaderías o por la calle, en algunos puestitos del centro porteño.

Exotismo color verde

De la criolla ensalada de lechuga, tomate y cebolla, hemos saltado a la rúcula, palta, berro y tomates cherry. Se suman ingredientes y condimentos que antes no se veían. En las verdulerías se consiguen regularmente tres tipos de papas, cebollas blancas y rojas, zapallos de varias clases (entre ellas, el ovni) y las deliciosas endibias. También hay un revival de verduras como la achicoria, que décadas atrás sólo era popular entre los italianos, o la mandioca, antes solo habitual en la mesa nostalgiosa de litoraleños y paraguayos.

Otras recién llegadas son frutas que comían los abuelos pero después desaparecieron del mercado como mangos, dátiles, mamones, higos, cakis, papayas o plátanos verdes y quinotos. Además, se consiguen frescos el romero, el cilantro y el jengibre. A esta novedosa variedad hay que sumarle los productos orgánicos, que son un poco más caros y las frutas decididamente exóticas, que se consiguen, frescas, en los mercados del barrio chino de la calle Arribeños de Belgrano.

También bares, restaurantes y cafés modificaron sus menús a las necesidades de sus clientes, que a veces no tienen tiempo de sentarse a almorzar o cenar. Hay restaurantes que ofrecen cinco alternativas para comer: desayuno, brunch, almuerzo, teanner y cena. El brunch es una fusión entre el desayuno y el almuerzo, en el que se suele servir té o café con medialunas rellenas, frutas, huevos revueltos y pan casero. Generalmente, esta forma de comer se reserva para los fines de semana, cuando la gente se levanta tarde para el desayuno y temprano para el almuerzo. En el teanner se incorporan escones, sándwiches de miga y tortas. Ambas opciones mezclan salado y dulce.

Uno puede aprender un plato de su abuela, que, a su vez, lo tomó de un recetario, o lo trajo de otro país. Le puede dar su propio toque o dejarlo tal cual. En cosas tan simples como elegir un condimento o los horarios para comer confluyen una madre, un amigo, un dato de Internet, una campaña publicitaria que cayó simpática o una nutricionista. Con tanta información, siempre se puede incorporar al menú un nuevo plato casero rico y sano que acompaña, cuida y alimenta. De Mongolia o del Chaco. Y cambiar las P por las tres “S”: comer sano, sabroso y surtido.

DZ/km

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario