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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Presión tributaria: a pagar los más chicos

En dos años, aumentaron diez veces las inspecciones a kioskos.

Por alejandro-marguilis
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El Gobierno de Mauricio Macri ejerce una gran, pertinaz y silenciosa presión contra los pequeños comerciantes y dadores de servicios de la Ciudad en rubros como kioscos o pequeños locutorios. Según datos relevados por Diario Z, correspondientes al último Informe de Gestión de la Dirección General de Fiscalización y Control, en apenas dos años los locutorios con kioscos de la ciudad de Buenos Aires fueron inspeccionados diez veces más por el módico ejército de inspectores que busca poner en caja a uno de los más florecientes rebusques de los cuentapropistas porteños.

Las cifras hablan por sí solas: de apenas 29 negocios de esta clase que habían sido inspeccionados en 2008, al término de 2009 la cantidad de controlados subió a 242. Un incremento récord que sólo puede entenderse si se tiene en cuenta que Buenos Aires es una de las ciudades con mayor conectividad a internet del mundo, y que los inspectores se aggiornaron tanto como quienes suelen escaparles a las normas por falta de capital, tiempo o mera picardía.

Menos presionados que sus hermanos mayores, los locutorios donde no se venden golosinas recibieron 298 inspecciones en 2009, que de todas formas superan, y por mucho, las 110 del año anterior. El aumento de la presión del Estado sobre ellos fue equivalente a la tradicional persecución que existe sobre mercaditos, los súper o autoservicios minoristas.

Justicia alimentaria

No sin ecuanimidad, en los últimos tiempos los supermercados grandes recibieron mayores controles que los supermercaditos.

Para ellos, quizás porque ocupan más metros cuadrados, o
porque su caudal de caja infunde ciertamente confianza en que después van a poder pagar las multas, la cantidad de inspecciones se triplicó de 66 a 194. En tanto que para los más chicos, siempre más elusivos a la hora de ponerse al día, la vigilancia siguió creciendo, y mucho, pero comparativamente con los otros en no más que el doble: de 212, el número de las realizadas subió a 378 al cabo de un año de gestión.

Curiosamente el ojo regulador hizo la vista gorda sobre un rubro cercano, como es el de los restaurantes, parrillas y cantinas y otros espacios donde hincar el diente: tal vez porque se trata de un sector particularmente atractivo para los extranjeros (o porque los inspectores son de buen comer), menos de la mitad de boliches gastronómicos fueron visitados, con talonario de multas u orden de clausura en el período consignado: 2.448 según las últimas estadísticas oficiales, contra los 5.272 que dos años atrás sufrieron la angustia de tener que adecuarse a la ley, gastar dinero en arreglos o cerrar.

Dime a qué te dedicas y te diré si te inspecciono

En el rubro de los comercios críticos, los negocios que recibieron mayor cantidad y presión regulatoria fueron los talleres de chapa y pintura y mecánicos (1.413 inspecciones contra 777); lavanderías y tintorerías (418 contra 216); teatros, auditorios y cines (398 contra 200); billares y pool (148 contra 86) y los talleres de de acabado de plásticos y caucho (90 contra 25). Y también las casas de servicios fúnebres se vieron ampliamente visitadas por inspectores, recibieron un 200 por ciento más de revisión, 61 contra 17.

Fuente Redacción Z
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