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TEMAS DE LA SEMANA

Por amor al disco

Artistas que se agrupan para editar álbumes, distribuirlos y compartir fechas.

Por Ayelén Iñigo
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Hace años que todos hablan de “la revolución musical en la era digital”, del streaming, de Youtube y de la muerte de las discográficas. Mientras los empresarios se agarran la cabeza, las nuevas generaciones de artistas utilizaron este panorama para crear un espacio inclusivo y dar un salto en sus carreras. Ejemplos de estos proyectos autogestivos son los sellos discográficos independientes: músicos jóvenes que se unen para generar su propio circuito, buscando llegar a un público masivo con un presupuesto modesto y sin ayuda de “la gran industria”. Pero, ¿realmente funcionan? ¿Vale la pena seguir dándole vida al disco físico en plena posmodernidad?

“Arrancamos hace cuatro años, con reuniones semanales donde nos juntábamos bandas y músicos independientes para conocernos”, cuenta Lautaro Feldman, uno de los fundadores del colectivo porteño de músicos Elefante en la Habitación. “Y nos dimos cuenta de que estábamos haciendo todos lo mismo. Entonces decidimos formar un colectivo de bandas donde nos armamos una red de contactos, organizamos festivales, coordinamos lanzamientos, encontramos lugares de grabación y buscamos dónde tocar.”

Juntos, estos sellos independientes se sumaron a la primera ola del furor por internet que, lejos de distanciarse del modelo convencional, siguió su misma línea, instalando la tendencia de descargar los discos enteros de manera ilegal. Luego vino la segunda revolución, con la aparición de Youtube y los servicios de streaming como GrooveShark o Spotify, que permiten (por un costo muy económico) reproducir on line la discografía de miles de artistas de todo el mundo. En este contexto, ¿qué pasa con los discos? ¿Entran también en la bolsa de “los que van a desaparecer”, como los libros y los diarios impresos? ¿Por qué los artistas independientes siguen apostando a este formato?

“Es cierto que la venta de discos ha caído a niveles industriales, pero creo que el secreto es que las bandas en actividad venden más discos en los shows que en las disquerías”, cuenta Mariano de Los Ríos, músico fundador del sello Fuego Amigos. “Hubo conciertos en los que vendimos más 70 discos en una noche, que para un sello independiente es un montón. Durante estos cinco años invertimos mucho dinero de nuestro bolsillo apostando, si pensar en que nos deje una ganancia sino en que la música llegue a más público.”

Aunque los discos se venden, muchos músicos de estos sellos están de acuerdo en algo: ya no se espera que la ganancia principal salga de ahí, ni mucho menos. Estamos frente a puro romanticismo rockero. “La decisión general es que todos los discos estén en descarga por internet, en su mayoría bajo licencia Creative Commons (que permite la libre descarga) y sólo se editan los álbumes físicos cuando se tiene el presupuesto”, explica Lautaro Feldman, del sello porteño Elefante en la Habitación. “Nos encantan los discos, pero la nueva tendencia es escuchar on line. Estamos todo el tiempo hablando de estos cambios. Nuestro catálogo ya está casi todo en Spotify.” Los sellos independientes también ayudan a los artistas en este aspecto, ya que tienen la capacidad de negociar y hacer arreglos con las distribuidoras de streaming para disminuir los costos.

Pero acá aparece una nueva pregunta: ¿quién se lleva todo el rédito de la música on line? Youtube, Grooveshark, Spotify, las empresas que brindan servicios de internet. Aunque cayó la figura de las discográficas, emergieron estos nuevos gigantes que disputan por sacar su porción de torta del negocio. Lautaro Feldman opina: “Está la idea de que el artista tiene que dejar su música gratis en internet, para que sea libre para todos. Pero esa idea es falsa, porque en realidad hay gente que gana plata con eso. No es gratuito. Creo que en un futuro la lucha va a ser porque estas empresas que ganan grandes cantidades de dinero paguen a los músicos los derechos de su música”. Pero esa ya es otra historia que apenas acaba de comenzar.

 

Hazlo tú mismo

El “hazlo tú mismo”, aquel mandato primordial del punk rock goza de buena salud. Basta con chequear la quimera de sellos independientes que proliferan en el ambiente vernáculo del rock, el pop y géneros adyacentes.
Entre ellos, se destacan por prepotencia de trabajo y calidad, Triple RRR (que edita a Valentín y Los Volcanes, Viva Elástico, Los Reyes del Falsete y Ok Pirámides, la banda del ex Victoria Mil Julián Della Paolera); Sadness Discos Group (tiene en su catálogo a D.I.E.T.R.I.C.H., Jackson Souvenirs y los pappobluseros La Patrulla Espacial, entre muchos más); Estamos Felices (44 discos editados, entre bandas y DJ´s, en una década de actividad); Laptra (puente musical La Plata-Buenos Aires, que agrupa a El Mató a un Policía Motorizado, Bestia Bebé y Las Ligas Menores, entre otros), y Scatter Records, en el que revisten Chillan Las Bestias (el combo surgido del mix entre los locales Ángela Tullida y los uruguayos Buenos Muchachos), Valle de Muñecas (la banda del compositor y productor “Manza” Esaín) y normA.
Otros sellos, por su parte, desarrollan iniciativas más específicas, como producir ediciones exclusivamente en vinilo y cassette (Hallo Discos); compilar bandas ascendentes bajo la curaduría de algún “padrino” consagrado como Leo García o Richard Coleman (Geiser); o exportar cumbia digital local al mundo entero, como Zizek Records.

 

Fuente Redacción Z
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