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Polo científico y tecnológico en las ex-bodegas Giol

El predio de Palermo albergará organismos públicos, laboratorios, un museo, un parque y restaurantes

Por Agustina Martinez Alcorta
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Las Bodegas Giol, símbolo del auge de la industria del vino, contaban, entre sus plantas, con un predio de 16 hectáreas en pleno Palermo, junto a las vías del Ferrocarril San Martín. El vino llegaba desde Mendoza por vía férrea y era depositado en los galpones de la bodega y luego distribuido. La quiebra de Giol en 1989 derivó en el abandono del predio, que dos años después fue ocupado por familias de bajos recursos. Luego de varios fallidos intentos de desalojo, en 1994 la Justicia dispuso la reubicación de las 208 familias y dejó el edificio en manos del Estado nacional. Hoy, el barrio celebra la puesta en marcha del promocionado Polo Tecnológico de Palermo.

La primera etapa, que se alojará en los edificios representativos de las bodegas -la sede del Ministerio, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y tres institutos de investigación- se encuentra en obra desde fines de 2009, y se espera su inauguración el 10 de diciembre de este año. La radicación del Polo coloca a la Ciudad a la vanguardia como una importante productora de ciencia. Los espacios públicos, como el Museo Interactivo de Ciencia y la creación del primer auditorio científico en la Ciudad, permitirán que estudiantes y vecinos se acerquen a la ciencia de una manera accesible y dinámica.

Para llegar a este punto pasaron en los que se barajaron varias propuestas, desde construir un parque con un lago artificial hasta un museo del vino. Pero el proyecto que más resonaba era el del Polo Científico y Tecnológico, que se confirmó a fines de 2005, durante la presidencia de Néstor Kirchner, en un acuerdo realizado entre el Ministerio de Educación, a cargo de Daniel Filmus, y el Organismo Nacional del Administración de Bienes del Estado (Onabe).

«Se fueron cumpliendo etapas. La primera fue consultar -junto con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA (FADU)-, a la Comisión de Museos y Lugares Históricos, ya que una de las demandas es respetar estructuras y fachadas de los dos edificios de las Bodegas Giol. Luego se llamó a un concurso para el proyecto, que fue ganado por los estudios Parysow-Schargrodsky/Hauser-Ziblat; posteriormente se licitó la empresa constructora y la dirección de obra», explica Eduardo Arzt, investigador y director del Instituto de Ciencias Biomédicas, sede local de la Sociedad Max Planck, una red de institutos de investigación científica, con base en Alemania, que formará parte del Polo.»Se firmó un convenio con el Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad para construir en ese lugar, que fue aprobado con carácter de ley por la Legislatura porteña. También convocamos una audiencia pública que tuvo muy buena respuesta.», detalla Arzt.

El Polo Científico y Tecnológico estará dividido en tres sectores: el político y administrativo, que albergará las sedes del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, del Conicet y de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Otro donde funcionarán tres institutos de investigación interdisciplinarios, con una gran conexión internacional. En el tercero habrá un museo interactivo de ciencia, un auditorio, una biblioteca y salas de exposición. «Además, habrá una casa para alojar a estudiantes y profesores, y una serie de bares y restaurantes abiertos al público porque un objetivo es integrar la ciencia a la sociedad», comenta Arzt.

Los arquitectos a cargo del proyecto, Germán Hauser y Emilio Schargrodsky informan que el proyecto aplicará principios de sustentabilidad, como un sistema inteligente para racionalizar el uso y la distribución de la energía, el aprovechamiento de la luz natural y la implementación de una fachada ventilada para mantener refrigerados los ambientes. Además se va a recolectar el agua de lavabos y duchas para reutilizar en depósitos de inodoros. «También hemos propuesto paneles fotovoltaicos en la azotea del edificio del Conicet, que permiten convertir la energía solar en energía eléctrica para alimentar la red», explican Hauser y Schargrodsky.

«Cuando pensamos el proyecto planteamos tres aspectos: el sustentable, el morfológico, que establece la relación del edificio con la calle (tratamos de que se mantenga un ritmo de barrio) y con el tren, es decir, la parte de atrás, donde propusimos un parque lineal. En el aspecto social, pensamos un edificio accesible y amigable», resumen los arquitectos.

 

Fuente Redacción Z
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