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Plagas urbanas: quiero tener un millón de bichos

Se triplicaron las consultas por la invasión de roedores, murciélagos, palomas y mosquitos.

Por Juan Carlos Antón
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Las «plagas urbanas» ya son parte del paisaje porteño. Que aparezca una rata muerta en una vereda de la congestionada avenida Sáenz, de Pompeya, un día de semana por la mañana parece no asombrar a nadie. La gente pasa, apenas mira, hace una mueca y sigue. Tampoco asombra que se cruce una laucha por la zona de Puerto Madero a las diez de la noche. Los especialistas dicen que esta «naturalización» con animales como los roedores es riesgosa para la salud porque son poderosos transmisores de enfermedades. Y advierten que otro tanto pasa con las palomas -aún consideradas inofensivas por muchas personas-, los mosquitos y los alacranes.

Gonzalo Fariña, vicepresidente de la Cámara Argentina de Empresas de Control de Plagas (Caepcla) y dueño de la empresa Antiplaga Norte señala que «los reclamos se incrementaron muchísimo en los últimos tiempos. Con respecto a los roedores, tengo videos filmados de estar estacionados con los vehículos para hacer un servicio en Puerto Madero y las ratas salen de las alcantarillas y empiezan a buscar en la basura. Cualquiera que vaya alrededor de las diez de la noche a Puerto Madero lo va a poder ver y fotografiar. La Torre de los Ingleses y la zona de plaza San Martín están minadas de roedores. Uno ve las madrigueras. Lo mismo pasa en la Costanera».

Por su parte, Alejandro Lambruschini, presidente de la Asociación de Profesionales en el Manejo Integrado de Plagas de la República Argentina (Apmpu) y dueño de la empresa Opción Verde, acuerda: «En los últimos tres años se triplicaron las consultas. La gente llama y después trata de resolver el problema particularmente, como puede».

Claro que la «naturalización» es relativa. Recientemente, la Escuela Nº 19 de Almagro debió suspender las clases porque los padres dejaron de enviar a sus chicos a clases por la presencia de roedores «en las aulas, por el patio, en los baños, en las escaleras».

POCO CONTROL

Según Lambruschini «el aumento de la población de estos animales se debe a la falta de control, tanto de parte del gobierno porteño como de la propia gente que hace sus trabajos sin consultar con profesionales».

El especialista asegura que hay zonas que están más afectadas: «Estos animales se aprovechan de nuestros alimentos y nuestra basura. Por ende, donde más población hay, más plaga va a haber. Constitución, Monserrat, Retiro y la parte céntrica es donde mayores pedidos tenemos. Sobre todo por roedores, pero están las tres: roedores, murciélagos y palomas. Luego se ubica la zona ribereña. La Boca, Puerto Madero y Retiro».

Más allá de las denuncias de los fumigadores, el gobierno porteño sólo admite que hubo crecimiento de denuncias por palomas. Desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público señalan que el área de plagas recibe más de 1.700 reclamos mensuales pero que la situación está «bajo control».

«El Ministerio de Ambiente y Espacio Público trabaja en la realización de desratizaciones, desinfecciones y fumigaciones en edificios del Gobierno de la Ciudad. Estas acciones se utilizan para combatir a los roedores, mosquitos silvestres, mosquitos aedes aegypti, alacranes, pulgas, cucarachas, entre otros. El área realiza más de 400 desratizaciones por mes. Para estudiar el tema se realizaron diferentes convenios de colaboración con la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Buenos Aires», afirma.

MUCHAS PALOMITAS

Es un hecho que los roedores son los animales que más cantidad de agentes patógenos transportan ya que pueden contagiar leptospirosis y hantavirosis, entre otras enfermedades. Sin embargo, en el último tiempo, las palomas -llamadas por algunos «ratas con alas» pero también culturalmente relacionados con la paz y la libertad- tomaron el segundo lugar por las consultas recibidas por las empresas de fumigación. En tanto, los reclamos al gobierno porteño de parte de vecinos de Recoleta y Belgrano también se multiplicaron. A pesar de esto, aún no se las toma como plagas.

«En muchos países de Europa se considera a las palomas como una plaga urbana. En España, por ejemplo, ponen una multa de 300 euros si uno les das alimento. La gente no toma conciencia de todas las enfermedades que le puede traer al hijo que les está tirando maíz. Es algo cultural», señala Fariña.

Específicamente, sobre las palomas, el Ministerio de Espacio Público porteño señaló que «ante las reiteradas denuncias de los vecinos, se decidió tomar ‘cartas en el asunto’, por lo que se ha contratado a un consultor experto en la temática a fin de investigar con fines éticos y científicos, la veracidad de las denuncias y la magnitud del ‘problema’. El año pasado se evaluó el uso de halcones en las zonas más sensibles, pero después de un análisis riguroso esta metodología fue descartada».

Desde septiembre, la Agencia de Protección Ambiental recibe denuncias de vecinos que reclamen por la presencia de palomas en sus casas. El teléfono habilitado para la recepción de denuncias es el 4601-2788. En tanto, a mediados de octubre último se realizó un taller de expertos en palomas torcazas y se elaboró un plan de acción de control.

Básicamente, el plan consiste en atraparlas en grandes jaulones, con comida, que están situados en 20 pulmones de manzana de algunos edificios, como en Alvear al 100 y Las Heras al 1700. También se utilizan redes para capturarlas en parques de la zona, como las plazas Francia y Mitre, entre otras. Para este programa, la inversión inicial de la Ciudad es de unos 400.000 pesos en concepto de la compra de 20 jaulas, dos redes para plazas, los honorarios de diez empleados y el costo de traslado de las palomas.

Desde la Agencia de Protección Ambiental, señalaron que «en ningún momento se retiran las palomas de los barrios ricos para limpiarlos. El objetivo es ir allí donde haya denuncias y soltarlas en zonas como las Costanera, en la zona de la Reserva, donde no molesten».

Sobre esta modalidad, Lambruschini acude a su experiencia de fumigador y señala que no es una solución: «Habrá unos seis millones de palomas, ¿cuántos jaulones se necesitan? Para el futuro, habría que hacer diseños de edificios que no permitan el asentamiento de palomas y habría que controlar la natalidad para que no sean fértiles. Es una política más a largo plazo. A lo mejor incluso los costos son menores».

¿ALERTA?

La pregunta es si estamos en una situación de riesgo. Edgardo Marcos, docente de la cátedra de Salud Pública de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, pone paños fríos. «No hay que asustarse. No estamos invadidos ni por mosquitos, ni por murciélagos, ni por palomas, ni por roedores. Sí hay poblaciones que son más o menos estables en la ciudad de Buenos Aires y como dependen de la alimentación y el refugio que les demos los humanos, y por otro lado, a que no tienen predador natural, van a mantener un equilibrio de acuerdo con su reproducción, su hábitat y la posibilidad de alimentos. Por ejemplo, en el caso específico de las palomas, Buenos Aires es riquísima en tomas de balcones, en respiraderos, en aires acondicionados, campanarios. Son lugares donde esos animales pueden hacer nido y nadie los molesta. Por otra parte, la cantidad de basura y restos de comida que hay por toda la ciudad contribuye enormemente con el problema.»

CÓMO COMBATIRLAS

Los especialistas consultados reconocen que los venenos o tóxicos son una solución transitoria contra las plagas ya que estos animales los detectan rápidamente y se adaptan. «Tratar de combatirlos con ultrasonido o ese tipo de cosas tampoco funciona, se terminan acostumbrando. Lo ideal sería quitarles los sitios de alojamiento y refugio y las fuentes de comida, lo cual en una ciudad de más de tres millones de habitantes con más de un millón de unidades habitacionales es prácticamente imposible», explica Marcos.

Por su parte, Lambruschini, acostumbrado al trabajo in situ, señala: «Se trata de no ponerse en riesgo. Hay que cerrar todos los lugares que den conexión a los desagües para evitar que penetren roedores en la vivienda. Tener bien puestas las rejillas, bien fijas. Si se tienen árboles, evitar que las ramas toquen las ventanas o los balcones porque hay ratas subterráneas y hay aéreas, que viven en los árboles, circulan por los cables. En el caso de las palomas, no brindarles sitios de refugio y comida. Con los murciélagos, cerrar los taparrollos de las ventanas».

Para Lambruschini, lo que preocupa es la falta de información: «Yo soy presidente de una cámara y estamos por la unidad del sector, luchando por una legislación correcta y para que seamos centro de referencia. Se toman decisiones arbitrarias, sin consultar. Por ejemplo, con el tema palomas cuando dijeron que iban a traer halcones para cazarlas, nosotros nos reímos. Son ideas graciosas, después hay que sacar los halcones. Siempre pasa que hay algún iluminado a quien se le ocurre controlar y sale mal y después vienen las consecuencias».

Sobre los operativos de la comuna, Fariña concluye: «El Gobierno de la Ciudad sale a inspeccionar locales con los tapones de punta, pero muchas veces los roedores vienen de afuera. Uno no puede hacer un búnker de un local. Estamos en una batalla que es interminable: si por el lado de afuera el Gobierno no hace nada, nosotros solos no vamos a poder actuar».

DZ/km

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