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TEMAS DE LA SEMANA

Pintura: Lo que el pasado calla

La gran muestra de la artista brasileña más reconocida de la actualidad.

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adriana varejao_pintura adriana varejao_pintura

Historia en los márgenes se llama la muestra de Adriana Varejão que estos días puede verse en el Malba. Es necesario aclarar que, cuando se dice historia, se refiere a la etimología latina de la palabra. A diferencia del término anglosajón, History, que sólo nombra a la historia con mayúsculas, la de los próceres y los procesos sociales, en este uso de la palabra se juegan las historias personales de cada uno, las de todos los días, incluso las inventadas.
La aclaración vale porque Varejão, a pesar de vivir y trabajar en Río de Janeiro, es una artista internacional. Hace más de 20 años que su obra circula por los centros de arte más selectos como el MOMA y el Museo Guggenheim de Nueva York, la Tate Modern de Londres y la Fundación Cartier de París, la Bienal de Venecia (1995) y, por supuesto, la de San Pablo (en 1994 y 1998). Algunas de esas piezas forman parte de la muestra “panorámica” que ofrece el Malba.
“Las obras de Adriana tejen múltiples narrativas que van de la historia del arte al arte religioso, de la azulejería a la cerámica, de la China al Brasil (pasando por Portugal, que favorecía el intercambio entre sus colonias), de la iconografía colonial a las imágenes producidas por los viajeros europeos, de la geometrización de los espacios arquitectónicos a la abstracción geométrica, de los paisajes y marinas a los mapas y los viajes”, explica el curador, Adriano Pedrosa. Varejão opera como un cirujano de la antigüedad, esos que, como el doctor Fausto, escarbaban la carne buscando indicios del alma.
Cortar, cavar, remover. Arañar, rasgar, hurgar. Despellejar, seccionar, investigar. No hay dibujos, pinturas, objetos ni instalaciones que no presenten huellas de esta acción obsesiva sobre la materia del paisaje, de las personas, de los artefactos. No tanto de los materiales que los forman sino de la materia simbólica. Varejão indaga en las imágenes del barroco brasileño, del arte concreto y de la urbe brutalista, en las formas de la arquitectura, el dibujo, la pintura y el modelado. Y aunque celebra la exuberancia, pareciera que sólo encuentra dolor y sufrimiento.
El horror y el éxtasis danzan al unísono en esta orgía de sentires terrenales y es difícil no pensar en los postulados del movimiento antropofágico, aquella vanguardia brasileña de fines de la década del 20, que surgió inspirada en “Abaporu”, la pintura de Tarsila do Amaral, que casualmente es una de las piezas fundamentales de la colección Costantini.
Podría decirse que la artista de 49 años sigue el camino señalado por el poeta Oswald de Andrade en el Manifiesto Antropófago. Se rehúsa a concebir el espíritu sin el cuerpo. Va contra la ropa que obstaculiza la verdad. Aborda el mundo de manera oracular. Intenta escribir una historia más allá del Cabo Finisterre. Sin embargo, su adscripción es relativa. Aquel movimiento que equiparaba a todas las naciones en la práctica del canibalismo –social, económico, filosófico– invitaba a los brasileños a asimilar el modelo europeo para poder superarlo. Proponía comerse al otro.
Varejão toma la metodología del sistema del arte internacional, usa las herramientas ajenas, pero se enfoca en la temática local. A diferencia de Andrade que decía, “sólo me interesa lo que no es mío”, Varejão sólo se interesa por lo propio. Lo suyo parece ser más una estrategia de posicionamiento profesional que un intento real de expandir el campo de conocimiento. Como si la hibridación del mundo que proponían los antropófagos quedara reducida al interés primermundista por el exotismo poscolonial. De hecho, sucede lo del perro que se muerde la cola, las obras giran sobre sí mismas y, en cierto punto, los sentidos se agotan. Las conclusiones, de todos modos, corren por cuenta de cada uno. Esta historia, ya se dijo, es también la historia de cada uno de los espectadores.

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). Av. Figueroa Alcorta 3415. Del 27 de marzo al 10 de junio.

 

dz/lr

Fuente Redacción Z
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