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TEMAS DE LA SEMANA

Pilar Gamboa: “Hay días que no me mira nadie”

A los 33 años, la actriz disfruta de componer a una piba de barrio, la Paola de Farsantes. Pero no pierde de vista su gran amor: el teatro.

Por Martín Artigas
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pilar_gamboa

No poder vivir de lo que amo es mi peor pesadilla”, dice con seriedad en un momento. Perdidamente enamorada del teatro, no se concibe haciendo otra cosa más que actuar, y por eso transita con total naturalidad que la vocación atraviese completamente su vida, que la invada y la llene de desafíos.

¿A qué edad empezaste a estudiar teatro?
A los 18 años, terminé el secundario y me anoté en el Conservatorio. No entré, y para mí fue tremendo porque yo creía que teatro sólo se podía estudiar ahí. Por suerte estaba con mi hermana cuando fui a ver la lista; nos fuimos juntas a Plaza Las Heras y me convenció de que me anotara en el Rojas. Me tocó Cristian Drut como docente, un genio absoluto. Después estudié con Ricardo Barthís y con Alejandro Catalán.

Tenías un recorrido dentro del off cuando empezaste en la tele. ¿Tuviste que vencer muchos prejuicios?
Lo primero que hice fue algo muy chiquito en Amanda O, en 2008. Después llegó Para vestir santos. Fue rarísimo, porque pensaba que toda mi vida iba a hacer sólo teatro, y estaba bastante feliz con esa idea. Tuve que vencer algunos prejuicios cuando me propusieron hacer Los únicos, pero cuando me detuve a pensar, recordé que durante muchos años trabajé de otras cosas que no tenían que ver con la actuación. Hace apenas seis años que puedo vivir de lo que me gusta, y yo soy una chica muy agradecida.

Los únicos te brindó una legión de fans que te venera por las redes sociales…
¡Es muy raro! Son muy poquitas pero que son unas genias. Nunca entendí mucho la mentalidad fanática, pero ellas vinieron a ver todas mis obras de teatro, me esperan a la salida, me sacan fotos… Ya tenemos una especie de vínculo. Hay una chica que se vino de Tucumán con el papá a ver El tiempo todo entero y para mí fue emocionante también en que me dijera que era la primera vez que veía una obra de teatro.

¿Y cómo te llevás con la popularidad?
No soy popular, pero me pasan cosas bizarras. Por ejemplo, me cruzo con una mujer que me pregunta: “¿Vos sos la hija de Marta?”. Me ve cara conocida, pero no sabe de dónde me tiene. No sufro la del famoso, vivo en Almagro, ando en subte y hay días que no me mira nadie. Me encanta eso.

¿Te sorprende la repercusión que tiene Farsantes?
Un poco, porque está la idea de que la gente no quiere dramones. Igual, el éxito es tan aleatorio… De hecho, Tiempos compulsivos era un dramón y me daba mucha pena que la gente no lo viera, porque era un producto espectacular. Farsantes tiene muy buenas actuaciones, tiene una idea muy clara y los condimentos justos. Una historia de amor entre dos hombres no es algo muy común en la televisión argentina, y eso inquieta, evidentemente.

¿Cómo es componer a Paola?
Temo todo el tiempo caer en el lugar común. No me gustan los estereotipos. Es muy delgada la línea, y cuando un actor compone está opinando y tomando una posición… Igual Paola es una piba de barrio y en ese sentido entiendo su universo. En general, la gente me dice: “¡Te sale re bien la chorra!”. Eso me pone contenta, pero ante todo compongo a una chica.

Una chica enamorada…
Más que enamorada, aferrada a la única persona que la quiere, aunque no amorosamente. Y más allá de que los libros siempre van para el lado de la chica obsesionada, trato de correr a Paola un poco de ese lugar.

Formás parte de la compañía El Silencio, junto a Romina Paula, Esteban Bigliardi, Rafael Ferro y Susana Pampín. ¿Cómo es esa experiencia?
La compañía funciona como un laboratorio de ideas. Hace 8 años que estamos juntos, y nuestra meta es que cada cosa que se diga tenga verdad escénica, que no se vea el artificio de la actuación, sino el presente puro. Es muy difícil que si el otro te hable vos consigas sentir que te está hablando por primera vez. Eso es una búsqueda que aún hoy llevamos adelante.

¿Qué es lo que más te gusta de Fauna, la obra en que estás trabajando?
Me gusta mucho lo que pasa con los personajes del director de cine y la actriz, muy citadinos ellos, que llegan todos armaditos a filmar una película en el Litoral y se topan con dos personalidades muy fuertes que intentan guiarlos en su proyecto. Me encanta cómo estos dos personajes le empiezan a sacar la rotura que tiene cada uno de ellos y los empiezan a confundir en el sentido más profundo, en lo referido al amor y los vínculos.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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