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TEMAS DE LA SEMANA

Peripecias de un hombre orquesta

Se inició en la música clásica, pero abrazó el formato de la canción. Ahora, incursiona en la actuación y se hace tiempo para la paternidad. 

Por Brenda Salva
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Jano despierta miradas curiosas de la gente que lo rodea. Será porque lo reconocen como el sommelier de Coca Cola Light, por su melena de rizos rebeldes o porque lidera la Alvy Singer Big Band. Sea como fuere, conversó con Diario Z sobre música, sobre su banda, sobre su paso por varios géneros, sobre su faceta actoral y también sobre el nuevo rol que le ocupa gran parte de su tiempo: la paternidad. Este multinstrumentista, además de encabezar su propia banda, suele colaborar con sus amigos, tocando con Onda Vaga, compartiendo Los Campos Magnéticos con Nacho Rodríguez y Sebastián Rubin o sugiriéndole ideas al dibujante Liniers para sus tiras. Además, está produciendo el primer disco de la actriz Gloria Carrá.

¿Cómo empezó tu carrera musical?

En tercer año de la secundaria me metí a estudiar contrabajo y ahí arranqué con la música clásica, con la música académica, también con el tango y el jazz. Era un adolescente medio erudito. Me metí en la orquesta del Teatro Colón, hice carrera como músico de la academia. Años más tarde, me convertí en un cantor de música popular. Hubo una especie de transformación, un movimiento interno mío, al plantearme qué quería decir yo con la música. Abandoné un código para meterme en el código de la canción, a estar parado en un escenario con una guitarra colgada defendiendo un material.

¿En qué género te sentís totalmente cómodo?
No sé si por suerte o por desgracia, me he movido en muchas partes al mismo tiempo y creo que eso me hizo ser útil como músico, y al mismo tiempo un sapo de otro pozo. Nunca tuve puesta la camiseta de ningún lado, ni en la orquesta, ni en el tango, ni en el jazz. Todo esto me dio una gran variedad de herramientas técnicas y expresivas, muy fuerte. Pero me siento más cómodo cantando mi propio material con la Big Band.

También tradujiste a la banda estadounidense The Magnetic Fields…
Sí, nos gustaba mucho el grupo, sobre todo el compositor, que se llama Stephin Merrit. Fue un punto de unión para nosotros. Empezó como una cosa chiquitita, tocando en el bar de una amiga, y terminamos haciendo un Ateneo, dos Trastiendas, un disco doble muy lindo. La verdad, fue impresionante; de hecho Merrit apadrinó el proyecto y chequeó las traducciones, hizo algunas correcciones. Así que toda esa producción estuvo apadrinada por el verdadero autor. Para nosotros, fue una suerte y una alegría muy profunda.

¿Qué épocas, a nivel internacional y nacional, te parece que marcaron historia en la música?
Creo que la década del ochenta en Argentina fue muy poderosa, pero me parece que los noventa también fueron muy interesantes. Si miramos globalmente, creo que el péndulo de la música popular y el rock siempre se movió entre Europa y Estados Unidos. En los ochenta, ese péndulo estaba en Europa, pero en la década del noventa aparecieron Nirvana y otras bandas, que hicieron que el lenguaje se hiciera más punk, más primal. Luego el péndulo se va para Inglaterra con Radiohead, luego Björk… Ahora creo que se trabaja con el reciclaje y la reutilización de elementos del pasado. Björk, por ejemplo, utiliza cosas del medioevo, coros de monjes, agarra ese material y lo vuelve en una expresión del presente. Radiohead toma cosas de Pink Floyd, de toda la psicodelia. Ellos hacen su propia ensalada para expresarse desde la vanguardia.

¿Te parece que existe un lenguaje específico de hoy?
En Buenos Aires hay una movida cancionística, hay gente que está expresando una cosa de hoy. Nuestra generación no es la del rock, el rock era de nuestros viejos, de los que vivieron Woodstock. El tango era de nuestros abuelos, y lo nuestro es el pop, un pop que reutiliza otros elementos y toma cosas de otras épocas.

¿Cómo te llegó la propuesta para interpretar a Paul, el sommelier?
Me vieron en un video; seguramente estaba haciendo de algún personaje, algo les llamó la atención y me llamaron. El personaje del sommelier me pareció interesante. La actuación era algo que me atraía y tenía pendiente. Ahora estoy estudiando teatro y abocado a eso. El personaje me encantó, porque tiene mucho humor. La campaña te dice que no hay que tomarse las cosas tan en serio. Y este tipo se hace el top model, pero es torpe, tiene otra connotación. El primer blanco de las burlas tiene que ser uno mismo. Me encantó aportarle lo mío a este sommelier, me despertó a otro mundo.

Tu hijo tiene dos meses. ¿Cómo te organizas con todo?
Duermo cada tres horas. Se despierta con hambre y hay que levantarse, pero lo hacemos con mucha felicidad. Es hermoso y de verdad te cambia la vida. Vicente tenía solo diez días de vida y yo estaba con la presentación del quinto álbum de la banda. Fue muy loco todo.

 

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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