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TEMAS DE LA SEMANA

Pepe Cibrián: ‘Trato de trazar un camino’

El director teatral montó una puesta lujosa que esconde una apasionada reflexión sobre la vida.

Por Lucila Rolon
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«Armame algo de puta madre, que brille el mundo en tus tonalidades», le pide entusiasmado el director y productor Pepe Cibrián a su equipo de iluminación. Están en el teatro Astral, monitoreando su última obra, Excalibur, que armó en dupla con el músico Ángel Mahler, como lo hacen desde hace treinta años. Una producción majestuosa, que tiene fuegos y desapariciones en vivo. Un musical donde también se habla y donde el mago Merlín es quien más sorprende. En esta ocasión, Cibrián abrazó la leyenda del Rey Arturo y le puso su sello: humor, romanticismo y sorpresas. Y le dio un sentido propio a la historia.
¿Había pensado en contar esta historia milenaria alguna vez?
No, para nada. Fue de casualidad que, viendo videos en Youtube con Ángel Mahler, se me ocurrió contar una buena historia de magia. Y no hace falta tener algo escrito si uno sabe contar un buen cuento. Además, la historia se va dando en el momento. Hubo mucha espontaneidad en el proceso creativo.
¿Cuál es la impronta del relato?
Ésta es una leyenda popular que me gusta mucho. Tiene matices, en el rey Arturo, la ceremonia, los mosqueteros, Merlín. Yo elegí ponerle romanticismo. La historia es bella, con un significado. La espada como símbolo: en mi historia, se la da a Arturo su padre antes de morir, y le explica que no se la puede quedar así no más. Debe soltarla y, si la recuperar podrá sacarla de la piedra y gobernar. Todo el camino que Arturo recorre es pura exploración de sí mismo, el camino del amor. Además, mi Merlín es distinto.
¿Por qué?
Es un mago joven, divertido, gracioso. Guía a Arturo en este camino, es su maestro. Pero hace bromas, tiene un poco de locura. Ésta es la primera vez que Juan (Rodó) hace un personaje así. En general, siempre tiene protagonistas sórdidos, es el galán. Acá se ríe de sí mismo y es la primera vez que no canta. Excalibur no es un musical, tiene muchas partes habladas.
Algo nuevo para usted.
De alguna manera, sí. Estoy muy feliz. Hemos logrado un trabajo increíble. Usamos un decorado súper elaborado, efectos de fuego, trucos como desapariciones. Sólo en un baile hay 25 cambios de luces. A mí me fascina y mi equipo es genial. Son soles. Excalibur es algo nunca visto en Buenos Aires, en una producción local. Para mí lo importante es su mensaje. La gente se queja y se queja y…
¿Y no encuentra su espada?
O no la busca. En el fondo ¡no hay espada! O la espada está en uno. Hay gente que la busca, otra que se queda quieta y se queja de la vida. Acá, el padre se la dio a Arturo, o sea, la vida te da opciones pero depende de vos y tus ambiciones darles un sentido. A modo de reflexión, cuando pasen los años y uno se pregunte qué hizo con su espada… ¿Qué hace cada uno en su vida? Éste es el mensaje de la obra. Yo estoy enloquecido.
¿Cuándo supo cual era su espada?
Siempre. Creo que con los años la espada se modifica. Antes fue trascender, el mandato de padres famosos, tener éxito. Cuando lo conseguí, entendí que mi espada era otra: crear incomodidades, situaciones que interpelen. Hoy disfruto mucho de eso pero creo que mi espada es formar gente.
¿Cómo vive esta etapa?
Muy bien, me encanta. Pero formarlos es difícil y fácil a la vez. Fácil porque tienen mucha pasión. Difícil porque no tienen conocimiento. Creo que las armas para lograr cosas perdurables en la vida son: querer, poder y saber. Ellos quieren, ellos pueden, pero no saben. No es culpa de ellos. Es culpa de culturas, colegios, gobiernos. Todo lo que tiene que ver con el saber. No leen y leer es pensamiento. Los chicos tienen un vocabulario de treinta palabras. Entonces es difícil para un joven que quiere ser actor y no sabe nada de lo que quiere representar. ¿Dónde lo aprende? Trato de trazarles ese camino.
¿Y cómo lo reciben?
Bien, pero les resulta extraño muchas veces. Las escuelas de actuación que hay son muy lindas, muy simpáticas y están muy bien; les enseñan a cantar un poquito, a bailar un poquito y a actuar otro poquito. Pero no les dan información como daban en el Conservatorio Nacional. Ahí estudiabas teatro, literatura, cine, historia. Sabías cómo hablaban los reyes de Inglaterra, a quién le escribía Calderón de la Barca. Pero tienen ventajas respecto de nosotros para superarlo.
¿Cuáles?
¡Youtube! Ahora con internet es todo más fácil. Antes tenías que viajar al exterior para ver un musical. Y de eso también se aprende. Si los jóvenes no saben algo, al menos hoy pueden buscarlo rápidamente ahí. Pero muchos ni hacen eso, esperan saber todo mágicamente. Y la espada sola no-a-pa-re-ce.

 

En pocas palabras

• Su primer éxito fue Dicen que aquí no podemos hacerlo en 1978.
• Hace 30 años que es socio del músico Ángel Mahler.
• En 2011 fue declarado Ciudadano Ilustre.

 

 

DZ/LR

 

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