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TEMAS DE LA SEMANA

Pensar en los demás, otra manera de festejar

Fin de año reúne a las familias y a los amigos, pero también a los desconocidos. Mucha gente se suma a fabricar juguetes, donar alimentos u horas trabajo para acercar alegría en estas fiestas. Cómo y dónde ayudar.

Por Marta Bilbao
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La Navidad y las fiestas en general son un mo­mento muy especial del año. Llegamos cansa­dos, bastante saturados por el tra­bajo y el estrés de todo un año, y después de un torbellino de me­nos de quince días, llega la cal­ma chicha del mes de enero. Es también una época de emocio­nes, reencuentros, compras de úl­timo momento e invitaciones que se mezclan con balances, grandes alegrías y conflictos. Es, en todos los casos, un momento del año muy movilizador. Hay quienes se sienten mal para estas fechas y se deprimen, se angustian y se po­nen de mal humor, otros entran en un período de hiperactividad y sobreexcitación. Para todos es un momento de balance del año y pareciera que en pocos días se juegan cosas muy importantes: si se está solo o acompañado, si se tiene algo de plata para comprar regalos y si hay motivos reales para festejar. Más allá del credo religioso que se profese, la Navi­dad se ha instalado como una ce­lebración secular.

El modelo tradicional para pa­sar la Navidad, con tres o cuatro generaciones familiares reunidas, un árbol lleno de regalos y una mesa abundante, es mayormen­te una postal del pasado. Hoy en día las familias son menos nume­rosas y en muchos casos los chi­cos pasan Navidad con uno de los padres y Año Nuevo con el otro, porque están separados. Otros eligen pasar estas fechas con ami­gos. Surgen, entonces, distin­tas alternativas, cada una con sus ventajas y sus desventajas, desde un encuentro informal y de muy bajo perfil con amigos hasta una fiesta a todo trapo en un comple­jo hotelero, donde sólo hay que pagar (una buena suma) y vestir­se elegante.

Sin embargo, nada garanti­za pasarla bien, menos estar con quien se quiere estar. Por eso, una opción diferente, que es la elegi­da cada vez por más personas, es pasar la Navidad participando en una tarea solidaria, ayudando a otros. Son muchas las organiza­ciones que convocan a donar des­de tiempo hasta alimentos, para que otro pase una mejor Navi­dad. Y para que quien dona sien­ta satisfecho su deseo de ayudar y compartir con los demás.

 Ayuda tradicional

“La gente recurre a Cáritas porque es una organización creí­ble”, dice Carlos Ruiz, voluntario desde hace dieciocho años y el lai­co encargado de la Vicaría Centro. En la planta baja de la casa de Be­nito Quinquela Martín al 1500, a metros de la avenida Patricios, ple­no corazón de Barracas, se acu­mulan las cajas navideñas. “Este año vamos a superar la marca del año pasado, que entregamos 340. Cada vez hay más necesidad, más gente necesitada y en situación de calle”. La organización de la Iglesia Católica es una de las tantas que reciben donaciones. La casa, am­plia, está un poco abarrotada. De imágenes religiosas, pero también de cajas con los diversos productos que recibe la institución.

Ahí mismo funciona una ofici­na de empleo, donde se recibe a la gente para orientarla en la bús­queda de trabajo y ofrecerle capa­citación. “Vienen las personas y me dicen: ‘yo quiero cuidar chicos o ancianos’. Y yo les digo: ‘¿Chicos o ancianos?’. ‘Las dos cosas’ me dicen. Entonces les explico que no se puede, que una cosa es muy di­ferente de la otra. A la gente hay que orientarla”, comenta Carlos. También hay un dispensario, don­de una mujer clasifica las donacio­nes de medicamentos. Hay cajas amontonadas por todos lados. En la planta baja, el portón está abier­to y los voluntarios están cargando cajas en una camioneta. La orga­nización no reparte directamen­te las cajas, sino que las entrega a las cincuenta parroquias de la vica­ría. Carlos aclara que son las parro­quias más ricas las que recolectan las donaciones que después se dis­tribuyen entre las más necesitadas. Cada caja contiene todo lo necesa­rio para una cena navideña, inclui­do un pesebre y un mantel.

No sólo Cáritas reparte cajas con comida para las fiestas. Un día de semana por la tarde, Lucila reci­be en su casa de Belgrano las dona­ciones que le van entregando quie­nes participan el programa Navidar 2013, que está respaldado por la Red Solidaria. Suena el timbre y entra Daniela, con la caja que ella misma decoró, con carti­ta navideña incluida. “Las me­didas que pedimos (30x30x40 cm) son para darle una medi­da a la gente. Tampoco esta­mos esperando que nos traigan una caja llena llena de cosas. Es como para que le gente se dé una idea. En realidad, son todas cajas distintas”. Y dice, miran­do las cajas apiladas en el living: “Yo creo que la cuestión de po­der dejar de lado el ‘yo tengo’ y hay gente que no lo tiene y de­cir: si yo puedo hacer el esfuer­zo trato y ayudo. Calculo que la gente lo ve desde ese punto de vis­ta. Y me parece que estamos en una situación bastante complicada del país. El tema de la pobreza, etc. La gente que tiene un poco más dice bueno, colaboro”, cierra Luci­la, que cuenta que las campañas si­guen y se hacen en momentos cla­ves del año: comienzo de clases y día del niño.

El Gobierno de la Ciudad tiene también su campaña solidaria y re­cibe juguetes. En el Parque Thays –Schiaffino y Libertador– se insta­ló el Parque Navideño, donde hay una caja especial para dejar las do­naciones. Si no se puede ir hasta ahí, también se reciben objetos en clubes de barrio, centros de jubi­lados y otros puntos que se pue­den consultar en la web del go­bierno. El sábado 21 de diciembre, además, se hará en Puerto Made­ro el Runnerfest Navidad, una ca­rrera solidaria que será una excusa para que participantes y asistentes aporten su regalo.

Taller de juegos

La Fundación Sí está en Ca­rranza al 1900, pleno Palermo Hollywood, barrio de producto­ras y canales de televisión, restau­rantes caros si no buenos y nego­cios de ropa y muebles de diseño. Desde hace un año y medio, se dedica a llevar un plato de sopa a la gente que está viviendo en la calle. Al principio fue una vez por semana, durante el invierno, des­pués todos los días.

Cruzando la puerta de calle hay un oso de peluche gigante de color rojo sentado en una locomo­tora de madera. Al costado, hay una puerta. Entrando, cuatro mu­jeres sentadas a una mesa redon­da, charlan mientras cosen muñe­cos a partir de medias. “Yo vine hoy”, “Yo ayer”, “Yo escuché hace quince días y estaba ‘que voy, que no voy’ y hoy me decidí”. “Yo es­cuché la semana pasada”, “Yo lo vi en Facebook”, comentan Beatriz, Catalina, Araceli y María Cristina.

“Es la primera vez que hago tra­bajo voluntario. No tengo trabajo y mis padres son grandes. Así dejo de estar triste en mi casa, pensan­do que no tengo trabajo, en el pro­blema de mis padres y me vengo”, cuenta Beatriz, y sigue cosiendo. Hay algunos modelos prediseña­dos, pero también pueden tomar­se libertades en el diseño. A un cos­tado, en un estante, hay montones de muñecos incompletos. Tienen un nombre anotado en un papel prendido con un alfiler, para que el que lo dejó por la mitad, cuando vuelva, terminarlo. Daniela, una de las voluntarias que hace de orien­tadora, explica: “Yo soy volunta­ria desde abril, cuando fueron las inundaciones. Como todo el mun­do y dije bueno, me pregunté cómo colaborar y me quedé. Soy reikista y viniendo de la energía del amor, hablamos de eso, entonces es una manera de doblar la apuesta. Poner más amor todavía.”

Avanzando por un pasillo, se llega a un gran patio, donde un pibe corta cuadraditos y listones de fibrofácil con una caladora. “No damos abasto para cortar todo eso. Vamos a ver si conseguimos más madera ya cortada, porque te ma­tan con el presupuesto de los cor­tes. Acá tenemos una madere­ra que se copa y nos hace mucho descuento, pero igual hace falta” – dice Diego, voluntario desde hace dos años en la ong solidaria creada hace poco más de un año y medio por Manuel Lozano (ver recuadro), que gracias al apoyo de famosos y la “buena prensa” logra una gran convocatoria. El diseño del lugar, organizado en distintos talleres, las propuestas abiertas para que quien quiera se sume a trabajar tiene mu­cha aceptación: ofrece una mez­cla de lugar de juego para los chi­cos con tarea solidaria. Hay madres con sus nenes, adolescentes, abue­las con sus nietos, gente joven. En realidad, pintan, porque las piezas les llegan ya cortadas. Los más em­prendedores, arrancan de cero.

“El objetivo es llegar a los 5.000 juguetes. Llevamos 2.000 más o menos. No están acá, por­que muchos ya fueron saliendo”, explica Diego. Vuelve sobre el tema de los beneficiarios del tra­bajo, la gente que está en situa­ción de calle. “La idea es acom­pañarlos para que no se sientan solos y después, bueno, el proyec­to fue creciendo. Tenemos equi­pos que atienden casos de emba­razo, apoyo escolar, adicciones, trabajo. Hay gente que sale de la calle y está encontrando trabajo… todo a través de la fundación”.

El 19 comenzarán las tareas de cocción de empanadas y pandul­ces para sumar a la recorrida de todos los días, para que la noche de Navidad sea especial, además de por el juguete, por la cena. “El año pasado duró hasta las 3 de la mañana. Este año se van a ha­cer empanadas, y se van a repar­tir junto con los juguetes. Fueron 400 personas que salieron a reco­rrer toda la capital.”

El beneficio solidario

“Necesitamos manos para co­laborar. Acá no hacemos distin­ción de raza, ni de religión. Acá viene el que tiene ganas de ha­cer algo por el otro y para el otro. No hay un requisito”, señala Car­los Ruiz. Sin embargo, oferta de manos dispuestas para trabajar no faltan y las iniciativas solidarias se multiplican. Las convocatorias abiertas, con consignas amables parecen ser atractivas para un sector de la población que quizá no responde a las convocatorias tradicionales. Se requieren acuer­dos mínimos y los objetivos son claros y compartidos. Y además, pareciera pesar el factor de satis­facción que ofrece el sistema de ayuda directa, en contacto con el destinatario y la gratificación per­sonal que reporta el ayudar.

“Es una actividad que me lle­na cuando veo que lo que hago sale bien. Cuando ves que a la gente le va cambiando la cara y la vida. Hay mucho fracaso, pero hay que seguir. Creo que es lo jus­to”, dice Diego, de Fundación Sí. Para Lucila los resultados son si­milares “Me siento bien. Siento que ayudando me siento bien. Es una manera de agradecer todo lo que yo tengo”. A veces, cuando ningún plan cierra, puede ser que ayudar a los demás, sí.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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