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TEMAS DE LA SEMANA

Peligro: Río contaminado

El Río de la Plata es la principal fuente de agua dulce de los porteños a pesar de que está contaminado por efluentes industriales y cloacales. Aunque no parece sencillo, las tareas de saneamiento podrían mejorar la situación. 

Por Victoria Diaz Calvo
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agua final agua final

Durante la primera mitad del siglo XX, en lo que es hoy la Costanera Sur, había paseos y balnearios ubicados en la orilla del Río de la Plata. El cambio de costumbres, las industrias y el relleno del río para construir la Reserva Ecológica sumieron en el abandono a la costa.
Pero la contaminación comenzó mucho antes, en la época del Virreinato, cuando las primeras industrias se instalaron a orillas del Riachuelo, que desemboca en el Río de la Plata y los desechos de los saladeros, curtiembres y mataderos iban a parar a sus aguas.
Desde 2000 la Argentina y Uruguay llevan adelante el proyecto Freplata cuyo objetivo es crear un marco binacional que dé una solución a largo plazo a la contaminación del río.
Si bien ambas costas se encuentran contaminadas, la situación del lado argentino es más crítica. “Esto se debe, por un lado, a que el desarrollo industrial y demográfico es más grande que en el lado uruguayo y, por el otro, a una cuestión geográfica: por el modo en que se mueven las corrientes de agua, los sedimentos tienden a asentarse en la franja sur a diferencia de lo que sucede en Montevideo, donde las aguas llegan limpias a sus costas”, explica Marco Vermaasen, coordinador del Proyecto Freplata II.
Éste es uno de los ríos más grandes del mundo y es la desembocadura de la cuenca del Plata cuyos inicios se encuentran en Bolivia y Brasil desde donde los ríos Paraná y Uruguay arrastran todo tipo de sedimentos –naturales e industriales– hasta llegar a las costas de Buenos Aires.
El Río de la Plata es muy caudaloso, lo que permite que el agua se renueve. Esta condición hizo que durante años la contaminación se diluyera y se instalara la idea de que se podía volcar todo tipo de sustancias y desechos al río.
“La Ciudad de Buenos Aires tiene un programa de limpieza de costas que se realiza junto con la Secretaría de Higiene y un plan de control industrial para evitar la contaminación por efluentes pero, más allá de esto, hay un tema histórico de contaminación sobre el que estamos trabajando”, explica Javier Corcuera, presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad de Buenos Aires.
Uno de los principales problemas es la contaminación provocada por efluentes cloacales a la que se suman las sustancias industriales –cromo, plomo, zinc, entre otras– que llegan a través de los desagües del Riachuelo y del Reconquista, dos de los ríos más contaminados del país.
“Hasta la ciudad de Magdalena el agua no es apta para recreación y, mucho menos, para ser consumida. Como respuesta a este problema se está terminando de construir en Berazategui la planta de tratamiento de efluentes que va a colaborar a mejorar la calidad del agua”, asegura Vermaasen. La construcción de esta planta fue ordenada en 2002 por la Corte Suprema de Justicia a la empresa Aguas Argentinas. Más de una década después sigue sin concretarse.
Por su parte, Corcuera aclara: “Bajar el nivel de contaminación bacteriana es un desafío interjurisdiccional. Debería haber tratamiento de efluentes en todas las jurisdicciones. La planta de Berazategui será una respuesta para la zona sur pero no va a resolver el problema de las aguas a la altura de zona norte”.
La importancia vital del río es la de ser provisión de agua dulce para 14 millones de habitantes y, a pesar de la contaminación, es apta para ser potabilizada. Esto se debe a que las tomas de agua están ubicadas en zonas seguras alejadas de la costa.
Por sobre la contaminación provocada por industrias y cloacas sobrevuela la figura del ciudadano: “Es necesario crear conciencia de la necesidad de proteger los cursos de agua. Hay un tema cultural: el Río de la Plata es tan grande que uno piensa que es inagotable y no es cierto. Lo que se tira a los desagües o en las costas también termina en el río”, agrega Vermaasen.
La duda sigue en pie: ¿Alguna vez podremos darnos el lujo de nadar en el río? Corcuera es categórico: “El objetivo de transformar al Río de la Plata en un río limpio es muy ambicioso. La fecha para que volvamos a nadar en el río no es una fecha cierta y debe ser acordada por todas las jurisdicciones”.
Tal vez, algún día, volvamos a disfrutar de nuestro bello río marrón.

Riachuelo y Reconquista, los peores

El Matanza-Riachuelo y el Reconquista ostentan el triste récord de ser los dos ríos más contaminados de la Argentina.
El río Reconquista recorre 18 municipios de la provincia de Buenos Aires y tiene una extensión de 82 km. Nace en el partido bonaerense de General Rodríguez y desemboca en el río Luján que, a su vez, desagua en el Río de la Plata. En su cuenca viven cuatro millones de personas y se encuentran alrededor de 21.000 industrias, muchas de las cuales vuelcan sus desechos al río. De acuerdo con un informe de AySA de 2011, el 52% de la población no tiene agua potable y sólo el 22% tiene cloacas.
El Matanza-Riachuelo atraviesa 14 municipios bonaerenses y el sur de la ciudad de Buenos Aires. Su extensión es de 80 km y cubre una superficie de 2.000 km2. Según un relevamiento de Greenpeace Argentina, en esta zona viven cinco millones de personas de las cuales el 35% no cuenta con agua potable y el 55% no tiene cloacas. En la cuenca están asentadas unas 20.000 industrias, hay más de 100 basurales a cielo abierto y dos rellenos sanitarios.
En ambos casos, los habitantes de las zonas cercanas padecen graves enfermedades provocadas por el contacto permanente con sustancias tóxicas, desechos cloacales y basura. Las enfermedades más frecuentes son las respiratorias: asma, bronquitis crónica, neumonitis, alergia nasal. Entre las afecciones de la piel se encuentran la dermatitis, epidermodermitis, cáncer cutáneo y entre las intestinales, diarrea, parasitosis, vómitos, cólera. A éstas se suman los diversos tipos de hepatitis y la salmonelosis. Todas podrían prevenirse sólo con el saneamiento de los cursos de agua y el acceso al agua limpia y segura.

Obras y planes

Las tierras ganadas al río, los entubamientos de arroyos y la urbanización no planificada son también causas de la contaminación de las aguas, de inundaciones y anegamientos que se generan en las ciudades.
Un ejemplo pudo observarse en la última y trágica inundación que dejó entre las ciudades de La Plata y Buenos Aires más de 60 muertos.
Sólo en el decenio 1998-2008 se anexaron a la ciudad de Buenos Aires 72,5 hectáreas de rellenos costeros. Se trata de la misma superficie que ocupan, en promedio, 72 canchas de fútbol o, por ejemplo, la superficie de dos ciudades como el Vaticano.
Si se toma como punto de partida el año 1900, en la Capital se agregaron, en promedio, 26 hectáreas de terreno anuales por los rellenos que se fueron realizando en la costa del Río de la Plata. Desde entonces se sumaron unas 2.900 ha. La ciudad tiene hoy 22.000 hectáreas.
Esos terrenos son claramente los más vulnerables a las crecidas del río y a las precipitaciones y lo son, aún más, en tiempos en los que el cambio climático ha llegado para quedarse.
Tal como sucede en la ciudad de Buenos Aires, en La Plata, las zonas de bañados y los bordes de los arroyos también se vieron afectados. La diferencia con la Capital reside en que entre 1930 y 1940 cuando se produce la gran expansión de la ciudad de Buenos Aires se decidió entubar los arroyos que desembocan en el Río de la Plata.
Ante este panorama es fundamental una planificación hidráulica a corto, mediano y largo plazo. La Ciudad cuenta con un plan director que data de 1998; mientras que en La Plata se advierte sobre la situación de riesgo para los vecinos desde hace más de cinco años.
Las lluvias son cada vez más copiosas y extremas. Y también serán más frecuentes. A eso se suma una carga poblacional, al menos en el área metropolitana que sigue creciendo.
Hoy más que nunca resulta fundamental la planificación territorial y la realización de obras de envergadura para mitigar y adaptarse al cambio climático.

dz/lr

 

Fuente Redacción Z
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