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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Pelados y pelucas

La disputa de poder dentro del Gobierno. Cómo sigue la relación con Moyano y los empresarios.

Por Reynaldo Sietecase
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Ni tan calvo ni con dos pelucas. Ni Hugo Moyano está al borde del retiro efectivo de la CGT ni los empresarios tienen motivos para festejar la Navidad de manera antici­pada. Ni la quita de subsidios es una cruza­da solidaria ni tampoco un ajuste despiada­do. Ni la economía está en calma y con todas las variables con­troladas ni se está cerca del desmadre. En su lógica binaria, un sector de la prensa in­terpreta que Cristina Kirchner esperó obte­ner un rotundo triunfo electoral para rei­vindicar al liberalismo económico a fuerza de tarifazos y ajustes, imponer límites a los gremios y concesiones a los industriales. La mirada más que maliciosa es tonta.

La relación entre la Presidenta y Moya­no pasa por su peor momento. Pero afirmar que desde el Gobierno impulsan el relevo del camionero de la cúpula de la princi­pal central obrera del país es temerario. No existe un nombre alternativo al del camio­nero y, además, la capacidad de influencia del oficialismo en la interna gremial es rela­tiva. Esto lo saben Gordos y Flacos. La re­presentatividad de un dirigente sindical no depende del humor de un gobierno. Con todo, en sus últimos discursos Cristina Kir­chner decidió marcar el territorio ante el único dirigente de su parti­do que, sin dinamitar nun­ca la alianza que los une, le disputa poder real.

Los peldaños de la escalada fueron mu­chos y variados: el anun­cio de un paro con movi­lización a Plaza de Mayo ante un exhorto interna­cional que después se abortó; la reacción cor­porativa en defensa de Gerónimo «Momo» Vene­gas; las amenazas de mo­vilización en reclamo de la modificación del mínimo no imponible (una cuestión que sólo afecta a los gremios que más ganan); el apoyo a los técnicos aeronáuticos cuan­do el Gobierno pidió la suspensión de su personería gremial; la exigencia de una ley que distribuya las utilidades de las empre­sas «por los diarios», y las medidas de ac­ción directa como bloqueos o piquetes a plantas y empresas.

La Presidenta redobló la apuesta. Ani­quiló el debate legislativo sobre el reparto de utilidades de las empresas y lo conde­nó a las discusiones paritarias. En el Go­bierno reconocen que se trata de una rei­vindicación razonable y constitucional pero la califican de inoportuna ante la si­tuación económica que se avecina. Varias veces se refirió con ironía al «compañero Hugo». Hasta dónde llegará la confronta­ción es un misterio. Es una pena que la de­finición de un nuevo modelo sindical, más democrático y transparente, esté fuera de la discusión.

En la misma semana, Kirchner respaldó también a la cúpula de Aerolíneas Argentinas y fustigó a pilotos y técnicos ae­ronáuticos. La palabra que más utiliza para definir la actitud sindical es ingratitud. «Si el Estado no intervenía para rescatarla, Ae­rolíneas no existiría», repite en público y en privado. Con esa idea, anunció cambios y recortes en la empresa y prometió más pro­ductividad, austeridad y eficiencia. La gran apuesta es a achicar el déficit. Para que sea eficaz la consigna debe abarcar desde el primero al último de los empleados. El pedido de concurso de American Airlines, después del fracaso de un acuerdo laboral con los pilotos, fue el ejemplo elegido por los funcionarios que volvieron a cruzar es­padas con los gremios. Más allá de la crisis que vive la tercera aerolínea norteamerica­na, es necesario señalar que no son pocas las empresas aéreas que tienen resultados positivos. En buen romance no todo lo que vuela da pérdidas.

El titular de los técnicos no se privó de lanzar más leña al fuego. Ricardo Cirielli comparó las medidas del Gobierno con las de una dictadura militar. El último dirigen­te que utilizó una analogía semejante fue un empresario. En referencia al proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales, Daniel Vila consideró al kirchnerismo «peor que la dic­tadura de Videla». Para esa época el dueño del Grupo América mandó a distribuir en­tre los empleados de su canal unas pulse­ras con la leyenda «hasta K». No hace tan­to tiempo.
Más lejos o más cerca del calor oficial, los empresarios no deberían apurarse a celebrar. Si bien la Presidenta hizo otros gestos a favor de sus planteos históricos: anunció ante empresarios de la construc­ción que se revisaría la llamada doble vía judicial en los juicios laborales (a la ART y a la empresa), entre otras cosas.

También volvió a reclamar más inversiones y por el origen nacional de los insumos. Hace una semana, les pidió que reinviertan sus ga­nancias en el país y, a través de sus minis­tros, anunció más controles a la evasión. En la cena de la UIAseñaló, sin nombrar­las, a dos empresas que utilizaron el di­nero que recibieron con créditos a tasas subsidiadas para especular con moneda extranjera. Un ejemplo de capitalismo «Made in Argentina».

Cómo pararse frente a las corporacio­nes y frente a los reclamos sectoriales en el momento más complicado desde 2003. eliminación de subsidios y prebendas re­quiere de inversión privada y obra pública. Ésa es la fórmula. En el Gobierno saben que los aumentos de servicios y tarifas tendrán, a partir del año próximo, como telón de fondo la puja salarial. Daniel Scioli y Mauri­cio Macri hicieron sus propios anuncios de incrementos. No parece el mejor escenario para luchar contra la inflación.

En tanto, la campaña para que aque­llos ciudadanos que puedan pagar recha­cen los subsidios está a pleno. Funciona­rios y famosos demuestran su altruismo ante las cámaras. Se trata de un gesto de conciencia que bien podría prescindir del estruendo. Lo razonable es que el Estado realice la poda con precisión y rigor, evitan­do inequidades y preservando a los secto­res más vulnerables. Para eso no hace fal­ta la televisión. Durante años se amparó a bancos, mineras y casinos, entre otros sec­tores, de manera inexplicable. Si se está en busca de ejemplos, se podría propiciar una reforma fiscal que tienda a lograr ma­yor igualdad haciendo tributar más a los que ganan más y a los que tiene más.

Es difícil explicar por qué razón, después de ocho años de gobierno, no se impulsó una reforma fiscal. O sobran pelados o faltan pelucas.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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