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TEMAS DE LA SEMANA

Paula Pico Estrada: “Leía el libro y era cómo tener a mi madre al lado”

Macaneos, la recopilación de las columnas de Sara Gallardo, es uno de los acontecimientos literarios en las últimas semanas. Su hija, editora del libro, cuenta cómo fue trabajar los textos.

Por Juan Pablo Csipka
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Foto de tapa

En la década del 60, el lugar de la mujer como escritora fue legitimado en la Argentina. De los nombres que surgieron entonces, el más destacado ha sido el de Sara Gallardo (1931-1988). Ya había publicado dos novelas (Enero y Pantalones azules), cuando desembarcó con una columna semanal en la revista Confirmado. Esos textos publicados durante un lustro la colocaron a otro nivel y acaban de ser recuperados, para jolgorio de sus lectores, en Macaneos. Las columnas de Confirmado (1967-1972), un volumen publicado por Ediciones Winograd, que preparó la doctora en Letras Lucía De Leone, experta en la obra de la autora de Eisejuaz. Agrupadas por temas, las columnas tienen una fuerte carga de ironía y humor retratando aspectos de la vida cotidiana en Buenos Aires a fines de los 60.

En las columnas hay cabida para símbolos internacionales de los 60 como los Beatles, Woodstock, Alain Delon o la llegada del hombre a la luna. Pero también para el mundo más cotidiano que rodeaba a la autora, como el instituto Di Tella, el habla cotidiana de la ciudad, lo que le suscita la poda de árboles en Palermo o alguna visita de estado a Buenos Aires. Todo eso pasaba por su particular mirada, y con mucha sutileza.

Quien editó el libro fue Paula Pico Estrada, la hija mayor de la escritora, que cuenta la experiencia.

Paula - Juan Pablo 03

Paula Pico Estrada, hija de Sara Gallardo.

¿Cómo nace la idea de agrupar en un libro las columnas de tu madre?

La gran hacedora fue Lucía, quien hizo sus tesis sobre el cruce entre la narrativa y la prosa periodística de mi madre. Ella rastreó en hemerotecas todos los textos y los tipeó uno por uno. Un trabajo enorme de su parte, son 99 textos publicados en Confirmado. En su momento ella había hecho unas jornadas de homenaje y nos invitó a mí y a mis hermanos, y ya desde entonces, mucho antes que esto tomara forma de libro, entramos en confianza.

¿Qué te pasó por la cabeza mientras lo leías?

Yo había leído algunas cosas sueltas con los años, cuando las escribió eran los años de mi infancia, tenía entre 8 y 12 años, y fue como recuperar la voz de ella, porque es la voz de la Sara Gallardo de entrecasa, no la voz de la novelista. Leía todo mientras corregía las pruebas y era como tener a mi madre al lado.

¿Por qué el título de Macaneos para agrupar las columnas en el libro?

Fue idea de Lucía, y es un acierto. En varias columnas mi madre usa el verbo macanear y Lucía pensó que esa expresión era representativa del espíritu de los textos.

¿Cómo definirías los textos?

Son como un género en sí mismo, ¿no? Son crónicas de época, desde ya. Hay una mirada muy insolente, incluso clasista, con mucha burla, algo que hace de forma deliberada. Para mí fue como meterme en el túnel del tiempo. Y sin embargo son textos muy actuales.

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La escritora con sus hijos en Chascomús, en 1972.

¿Por qué?

Porque hay cosas que se podrían haber escrito a fines de los 60 como ahora. Por eso creo que son textos muy vitales y que no llevan a la nostalgia. Ella habla de un país y de su modo de ser, y eso hace que se pueda leer en sentido atemporal. Uno de los primeros lectores fue una persona de 30 años, y en conjunto le gustó mucho el libro, no habiendo vivido esa época.

Parte del valor de las columnas publicadas radica en que se incluyeron las de un viaje a Salta que le ayudó a moldear su novela Eisejuaz.

Sí, y ahí se nota un cambio en la escritura. Ya preanuncia el tono de esa novela. Es algo que estudiosos de la obra de mi madre que leyeron esas columnas suelen marcar, como Leopoldo Brizuela.

¿Hay algún recuerdo de la infancia vinculado a las columnas o su escritura?

No muchos, si bien tengo la imagen de ella escribiendo para Confirmado o a veces estando sin muchas ganas de escribir; y sin embargo son cosas tan divertidas que ella misma se debía divertir mucho. Una vez, en una columna que aquí no se incluyó, citó una composición escolar mía titulada “Mi madre”, y fue todo un acontecimiento para mí ver un texto mío impreso en una revista.

Da la sensación de que estas columnas, el impacto que generaron, la convirtieron en esa época en una personalidad que trascendía el mundo literario. Incluso agregaron cartas de lectores comentando algunas de las columnas.

Era otra época, pero es cierto, Confirmado le dio mucha visibilidad por fuera de la literatura. Ella ya estaba instalada como narradora y al año de empezar en la revista se publicó Los galgos, los galgos, que tuvo muy buenas críticas y se vendió bien, y luego Eisejuaz en el 71. Yo recuerdo que un preso dibujó el rostro de ella en base a la foto que acompañaba sus textos y se lo mandó. Mi madre pegó ese dibujo en la puerta de nuestro departamento.

¿Hay algún libro de ella que tengas como preferido?

Si tengo que elegir diría Eisejuaz, por una cuestión de gusto. Pero Macaneos tiene algo especial. Lo charlábamos con mi hermano Agustín. Nunca seríamos irrespetuosos con su obra literaria, aparte que ella se definía como escritora, no como periodista, pero acá la sentimos viva.

Paula - Sara. Roma 1982 - Juan Pablo 01

Sara Gallardo y su hija Paula en Roma, en 1982.

Fotos: gentileza Paula Pico Estrada

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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