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TEMAS DE LA SEMANA

Paola Barrientos: «Los actores somos quejosos»

Una publicidad la hizo famosa y le llueven propuestas para cine y TV. Había reprobado los exámenes de ingreso en la Escuela Nacional de Danza y en la de Arte Dramático.

Por Teté Coustarot
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Me encontré con Paola Barrientos, “la chica de la propaganda”, como la reconoció la gente al llegar al bar. Le pasa seguido: cuando estuvo en Graduados, la reconocían como Vicky, con Viudas e hijos del rock and roll fue Miranda y después volvió a ser Claudia, la “loca” por las compras que protagoniza en una de las campañas publicitarias más divertidas de la televisión argentina.

En la publicidad del banco sos la mujer que no todas confesamos ser.
El enganche que provocó la campaña fue infernal. Siento que es increíble el trabajo creativo que hicieron para seguir dándole vida. En las últimas dos campañas hubo algo que se fue exacerbando, antes era “la señora que compraba” y ahora me convertí en “la loca de las compras”.

Parecen una dupla dentro de un teleteatro.
Con Gonzalo (Suárez) llegamos a un punto de conocimiento entre nosotros que es muy loco. Nos encontramos a filmar todo lo de un año en una semana pero aun así nos conocemos muy bien, sabemos cómo sacarle al otro lo que se necesita.

Además, ya entraste en la historia de la publicidad.
No sé cómo sucedió, pero pude tener una vida paralela como actriz, que podría no haber sucedido.

Y ese mundo de actriz te llevó por muchos caminos. Ahora acaban de terminar Estado de ira.
Sí. Fui una gran actriz de la escena nacional que tuvo que convivir con actores municipales que trabajaban en una dependencia municipal entrenando a otros para que pudieran hacer reemplazos en grandes escenarios.

¿Cuando aparecen los egos y las inseguridades los estados de ira pueden apoderarse de nosotros?
Es nuestro modo de defendernos, agredimos en lugar de oír. La obra muestra el mundillo de los actores, adonde se reconocen los egos, están los que pudieron llegar y los que se quedaron en el camino, la mirada de los que no llegaron al que llegó, los que no les interesa, el que le hubiese interesado y sin embargo no pudo.

¿Es un hecho cultural el de ser primero o estar en un cartel?
Y tiene que ver de lo que puede significar para uno, cómo es visto, a veces la mirada del otro empieza a ser más importante que el propio deseo.

Vos venís de tiras muy demandantes, ¿cómo te organizaste con tus hijos?
Trate de estar lo más posible con ellos y disfrutar de lo que estaba haciendo. Cuanta más tensión uno vive, no disfruta de algunas cosas y los hijos terminan recibiendo eso. No es tan diferente a las mujeres que laburan de ocho a seis de la tarde. Las actrices quizás, tenemos más virtudes y podemos acomodar cosas y sabemos que las tiras son por un tiempo. Aunque los actores somos bastante quejosos, los que tenemos laburo somos triplemente afortunados. Es un medio en el que cuando estás en una tira hay tensión porque tiene que ser vista, se ponen en juego un montón de cosas.

¿También estrenaste una película?
Fue un estreno muy chiquito que lamento porque es una película tan preciosa, se llama Ciencias naturales. La dirigió Matías Lucchesi, fue su ópera prima. La hice estando embarazada de cinco meses de Clara y se filmó en Altas Cumbres, en Córdoba, en julio. Un día me tuvieron que bajar ahogada porque me estaba apunando.

¿Y ahora también terminaste de filmar otra con Fernán Mirás? No sabía que era director.
Es su primera película y ya cuando estábamos juntos en Viudas estaba muy entusiasmado. Cuando terminamos me propuso hacerla y la terminamos de filmar hace poco durante cinco semanas en Necochea y Mar del Plata. Se llama La letra de la ley y es una propuesta muy diferente, en la que interpreté a una abogada. Fue muy divertido porque siento que fue abrir otras puertas de espacios de actuación propios que me entusiasma buscarlos pero me dan miedito. Cuando uno tiene ciertos lugares cocinados, significa lanzarse y animarse a pifiarla.

No es algo nuevo en tu carrera que te animes a un desafío.
Hay otra cosa nueva que sucede que es la mirada. De pronto nadie esperaba nada de vos y de pronto esperan ciertos resultados. Es una reflexión que tengo que seguir teniendo siempre porque realmente quiero que me divierta y me interese actuar, no quiero ir a trabajar nada más.

¿Y cómo conquistaste esos espacios? ¿Cómo empezó tu camino?
Arranqué de muy pequeña con danza, las mamás solemos mandar a danza a las nenas y a fútbol a los varones. En mi caso no sucedió y yo le pedí a mamá que me mandara. Tenía diez años y hacía danza cinco veces por semana. Quería ser bailarina clásica en el Teatro Colón. Cuando terminé la primaria quise dar el ingreso a la Escuela Nacional de Danza y no pasé el primer examen. A los 14 o 15 me metí en teatro, di el examen de ingreso a la Escuela Municipal de Arte Dramático y tampoco entré.

¡Qué bueno que lo cuentes, porque a veces la gente se achica!
Si te achicás está bien que no lo hagas, todo cuesta y no sólo esfuerzo sino deseo. Después volví a hacer el mismo examen tres años más tarde y logré entrar, con el tiempo me di cuenta de que fue mejor porque llegaba con otras experiencias. Ahí lo conocí a Ciro Zorzoli que fue el asistente de Marta Serrano, que siento que fue mi gran maestra, y con él hicimos Estado de ira, también.

Cómo se cruzan los caminos, a veces.
Bueno y también fui compañera de colegio de José María Muscari, hicimos barbaridades juntos. No bien terminamos la escuela, José quería hacer una obra. Se llamó Mujeres de carne podrida y empezamos haciendo una función a las doce de la noche, que después se convirtieron en dos funciones. Hasta nos fuimos a hacer temporada a Mar del Plata a la gorra.

Paola, ¿cuáles son los lugares que más te gustan de Buenos Aires?
Me gusta mucho San Telmo, donde viví un tiempito. Después de la escuela iba a ver teatro 18 veces por semana, y ensayábamos mucho. ¡El 60 de Fleming lo gasté! Pasaba por la puerta de la casa de mis viejos y lo esperaba horas: no existía el celular y me pasó dos veces de quedarme dormida y despertarme en la terminal. Lloraba porque eran las dos de la mañana y al otro día tenía que estar a las seis arriba para ir a la escuela. Entonces me empecé a llevar un reloj despertador arriba del 60 para no quedarme dormida.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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