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Padre de la luz y de las sombras

Colecciones de Italia, Malta e Inglaterra forman una muestra excepcional de pinturas del artista y sus seguidores. La obra del genio que refundó el arte del siglo XVII causa furor entre los porteños.  

Por Karin Miller
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No importa cuán prevenido llegue el visitante: apenas ingresa en la sala y, acto reflejo, echa un vistazo panorámico de lo que lo rodea, al encontrarse con la mirada de la “Medusa”, el mito se hace realidad por un instante. Es prácticamente imposible –sin importar lo leído, escuchado o aprendido– no quedar petrificado, aunque sea por una fracción de segundo que parece eterna, ante sus cabellos de serpientes y su mirada torva, el ceño fruncido y la boca desencajada de su cabeza decapitada.
Allí, desde el fondo del salón, la cabeza de “Medusa”, encapsulada dentro de una pequeña ampolla de vidrio, nos observa. Es momento, entonces, de volver a poner los pies en la tierra: Caravaggio está en Buenos Aires, en una muestra excepcional que recorre el mundo en el marco de las conmemoraciones por el cuarto centenario de su fallecimiento.
Se trata de siete cuadros impactantes (tener en cuenta que apenas cincuenta de sus obras sobrevivieron al paso del tiempo) que se exhibirán hasta el 15 de diciembre en el Pabellón de Exposiciones Temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes. Junto a las piezas del gran maestro barroco, se exponen además quince obras de sus seguidores, entre los cuales se encuentran Orazio Gentileschi y su hija Artemisia, Bartolomeo Cavarozzi, Leonello Spada, Simon Vouet y Orazio Borgianni, entre otros. Su exhibición conjunta permite apreciar la enorme influencia que mantuvo Caravaggio a lo largo de los siglos XVII y XVIII.
La vida de Michelangelo Merisi –más conocido como Caravaggio– fue breve y turbulenta. Nació en Milán en 1571, y llegó a Roma en 1592, solo y sin dinero. Poco tiempo después, se convertiría en uno de los pintores más celebrados y cotizados de la ciudad. Rápidamente, forjó amistades poderosas entre los círculos eclesiásticos y de la nobleza amantes del arte, que lo introdujeron en el ambiente de los coleccionistas y de los encargos de motivos religiosos para el ornamento de los templos de la Contrarreforma. Sin embargo, muchas veces sus pinturas –a pesar de que eran celebradas dentro del ambiente artístico– eran rechazadas por su extremo dramatismo, lleno de violencia y crueldad, que lo convirtieron en una suerte de “pintor maldito”.
Su vida personal no era menos complicada: conoció la cárcel y el destierro, y varias veces fue detenido por portación ilegal de armas, peleas, agresiones a la policía y otras autoridades, y hasta se vio involucrado en un asesinato. Murió en circunstancias muy penosas, en 1610, poco antes de cumplir cuarenta años.
Caravaggio llevó la técnica del claroscuro al extremo, forjando un nuevo estilo que sería bautizado como tenebrista: lúgubres fondos negros, atravesados por fuertes haces de luz que iluminan escenas de gran teatralidad, caracterizadas por el gran realismo de los personajes, su vestimenta y los objetos que los rodean.
La muestra “Caravaggio y sus seguidores” es un éxito absoluto de público. No se pierda la oportunidad de conocer a uno de los grandes maestros de la historia del arte.

 

 

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