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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Otro Cromañón puede ocurrir

Los límites siguen sin respetarse.

Por laura-narbais
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A cinco años de la masacre de Cromañón, en la que murieron 194 jóvenes, poco ha cambiado en la Ciudad. Ya no se ven bengalas en los recitales y por un tiempo estuvo prohibido bailar entre las mesas en los bares porteños.
Apenas retoques de maquillaje para un problema mucho más serio, del que pocos parecen hacerse cargo. Como si la forma de divertirse fuera el problema y no la cadena de corrupción y negligencia que provocó la mal llamada «tragedia» en el boliche de Once. Como sostiene José Iglesias, padre de Pedro, una de las víctimas, «la palabra tragedia tiene un sentido de lo inevitable.
Pero en sucedió una masacre». Alguien metió más gente de la permitida; alguien cerró las puertas, alguien no controló todo aquello que se estaba haciendo mal. El Estado (con su poder de Policía) estuvo ausente.
Hoy, distintos informes demuestran que lo que ocurrió en Cromañón puede volver a pasar. Que los límites siguen sin respetarse y que poco se aprendió de la herida más grande abierta en la Ciudad desde la vuelta de la democracia. Las zapatillas que cuelgan en el santuario, a metros de plaza Miserere, recuerdan los pasos que ya no podrán dar esos chicos. Hasta ahí llegó su camino. Y no mucho más se avanzó para que otra «tragedia» no nos sorprenda un fin de año.
Luego de aquella noche del 30 de diciembre de 2004 se reconocen avances en materia de seguridad de los locales bailables. Sin embargo, existen graves denuncias respecto de la existencia de decenas o centenas, según quién sea el denunciante, de sitios peligrosos, clandestinos, no habilitados como tales, que ofrecen bailes y recitales al margen de lo que las leyes permiten.
Entre los logros, está la creación, mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 350, de la Dirección de Registro Público de Lugares Bailables, que funciona dentro de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) y que tiene como misión inscribir a todos los locales (A, B o C, y boliches, pubs o restaurantes) que tengan al baile como actividad principal o complementaria. En términos simples: cualquier lugar donde se baile, tiene que estar inscripto en esta dirección. De lo contrario, existe «desvirtuación de rubro», y debería ser clausurado.
Tras Cromañón, además, la actividad bailable se declaró
como «riesgosa», por lo que no se puede bailar en cualquier lado, y existen zonas en los que está prohibido hacerlo.
Hace dos meses, el Gobierno de la Ciudad lanzó el programa «Salí seguro», una iniciativa que busca concientizar «a padres y a jóvenes en la importancia de verificar el grado de seguridad que brindan los lugares nocturnos bailables». En el sitio www.saliseguro.gob.ar pueden consultarse los alrededor de 100 locales bailables que constan en el Registro Público.
En el buscador del sitio oficial del Gobierno de la Ciudad, existen actualmente 114 boliches registrados  (www.buenosaires.gov.ar/areas/gob_control/locales_bailables). Aquí se puede encontrar información sobre el estado de la inscripción, titularidad, ubicación geográfica, capacidad, inspecciones; también, realizar denuncias y consultar las normas vigentes.
Según Jorge Becco, presidente de la Cámara de Empresarios
de Discotecas y Entretenimiento (Cedeba) de la ciudad de Buenos Aires, «no hay sitio más seguro que estos boliches». Según el mismo Becco, el talón de Aquiles del Gobierno no son estos sitios, sino los que, inscriptos meramente como bares o restaurantes, a partir de cierta hora, corren las mesas, suben la música y funcionan como boliches u ofrecen recitales. «El Gobierno tiene que poner más empeño en desactivar estos lugares, hay que controlar menos a los seguros y más a los otros», propone.
Desde Cedeba denuncian, semanalmente, 10 locales truchos
y sostienen que existen alrededor de 50 que no cumplen la normativa vigente, de los más de 400 bares y pubs de la Ciudad.
Apuntan, principalmente, a las concesiones del Club de Golf en los Lagos de Palermo; Punta Carrasco, en la Costanera Norte; Módena, en Figueroa Alcorta al 2200. «Estos lugares no funcionan bien; el área de Concesiones del Gobierno (que depende del Ministerio de Desarrollo Económico) los habilita sin exigirles lo mismo que a los boliches bailables.»
Los padres de las víctimas de Cromañón también reconocen que las medidas implementadas mejoraron la situación del centenar de boliches presentes en la «lista blanca», pero temen que ocurra otra tragedia en los cientos de sitios clandestinos que, según sus cálculos, superan los 200 locales.
«Hay cientos de locales que no figuran en la página del Gobierno, casas que a la noche se abren para fiestas clandestinas (que venimos denunciando a la licenciada Vanesa Berkowsky, directora de la Dirección General de Fiscalización y Control)», opinó Cris Bernasconi, madre de Nico Landoni, una de las víctimas de Cromañón.
Los padres les ponen nombre a los lugares que denuncian:
El Teatrito, en Sarmiento 777; El Marquee, clausurado varias veces, pero donde se continúan realizando fiestas  clandestinas; La Candela, en Empedrado 2432; el restaurante Cuba Mía, en Salta y Venezuela, que, según los denunciantes, está habilitado como restaurante, aunque funciona como boliche y tiene antecedentes de haber realizado recitales; la disco Azúcar Belgrano, cuyo dueño violaría sistemáticamente las censuras de su local… Y la lista sigue.
Desde que murió su hija en la disco de Omar Chabán, Adriana Magnoli dejó su carrera de arquitecta y no ceja en su empeño de denunciar irregularidades, incumplimientos, «desvirtuaciones de rubro», que podrían originar otra fatalidad. No cree que sea suficiente con el registro de boliches. «El control municipal debe ser absolutamente previo y no debemos nosotros estar pendientes de los lugares a los que, después de las experiencias vividas, consideramos como antros, cuyo primer y único fin es el lucro de sus dueños, comerciantes o empresarios», sostuvo.
Todos coinciden en señalar que existen cientos de lugares que están fuera del circuito de inspecciones, y que se concentran principalmente en los barrios de Palermo Hollywood, Las Cañitas, Recoleta y San Telmo. También critican la insuficiencia de inspectores y la falta de tareas continuas de rastrillaje en esas zonas. Así lo manifestaron fuentes de la Auditoría General de la Nación, y de la Defensoría del Pueblo.
En la AGC, sostuvieron que «se realizan operativos programados de jueves a domingos donde se inspeccionan un promedio de 180 locales por fin de semana, con un promedio de 20 clausuras por fin de semana». Según esta área, creada en 2007, las inspecciones se realizan sobre la base de relevamientos por diferentes zonas y denuncias recibidas en la página «Salí Seguro».
Entre sus principales logros, en la AGC enumeran alrededor de 10 clausuras de lugares emblemáticos, tanto locales nocturnos o depósitos clandestinos (no habilitados), cuyo funcionamiento representaba un peligro, y la clausura de más de 200 bares o pubs en lo que va de 2009.
Eduardo Fachal, jefe del Área de Control Comunal y Gestión Urbana de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires afirmó que hay un gran déficit en el control y denunció que «falta una política de control preventivo».
Según Fachal, debería haber un control sobre la denuncia recibida, y otro que monitoree los sitios de internet y los suplementos de los diarios donde se publicitan fiestas, bailes y recitales en lugares que, en su mayoría, no cuentan con la habilitación correspondiente.
Para controlar lo que sucede en la noche porteña, unos 200 inspectores del Gobierno de la Ciudad realizan operativos de jueves a domingo en los boliches porteños. Trabajan de a dos y constatan in situ que los locales no sobrepasen la capacidad de público permitido y que estén dadas las condiciones de seguridad exigidas (ver «Lo que hay que mirar en un boliche»). En promedio inspeccionan unos 180 boliches por fin de semana.
Pero está claro que si florecen los lugares truchos y no es allí donde se refuerzan los controles (como en el boliche de Once), Cromañón estará cada vez más cerca de repetirse.

Fuente Redacción Z
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