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Osvaldo Aguirre: «La realidad es el punto de partida, no de llegada»

Fogueado como cronista de policiales, convirtió esa experiencia en literatura. Es uno de los referentes de la camada de autores policiales que en los últimos años ha tenido éxito.

Por Juan Pablo Csipka
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osvaldoaguirre

Periodista y escritor,  acaballo del periodismo y la literatura, Osvaldo Aguirre  se fogueó durante años en la crónica policial. De la crónica nacieron libros como La conexión latina e Historias de la mafia en la Argentina. En ficción vio la luz la trilogía compuesta por Los indeseables, Todos mienten y El novato, centrada en la figura de Gustavo Germán González (GGG), mítico periodista de policiales del diario Crítica en los años 20 y 30.

¿Por qué el boom actual?
Hay varias coincidencias. Siempre hubo tradición de colecciones del género, antes y después de El Séptimo Círculo, la colección insignia que dirigieron Borges y Bioy Casares entre 1945 y 1956. Y eso ha vuelto con fuerza. Los festivales, como el Buenos Aires Negra, suman mucho, más los concursos, que dan difusión. Claudia Piñeiro y Guillermo Martínez venden mucho, sin ser de colecciones, pero son autores de policiales.

¿Cuánto se nutre el género de la realidad?
Se dice que el policial documenta la realidad de su época, pero es un lugar común. ¿En qué sentido da una visión crítica? Pienso en Cobayos criollos, la novela de Flaminia Ocampo, que muestra el mundo de los laboratorios y sirve como puerta de entrada a lo que allí pasa, que no es conocido por el común de la gente. Yo creo que la realidad es el punto de partida, no de llegada, y así lo tomé en la trilogía, documentándome sobre el golpe del 30, la Década Infame… para mí lo central es saber qué hace la literatura con lo que toma de lo real. Walsh decía que la máquina de escribir se podía usar como arma o como abanico, para plantear o no preguntas.

¿Es posible en el país una novela con un policía bueno?
No, no resulta verosímil ni tampoco me es interesante. Cualquier novela policial que plantee eso no me llama a leerla. Cuando hacía crónica policial, me impresionaba la credibilidad otorgada a la versión de la autoridad policial, que no se ponía en duda. El trabajo pasaba por cuestionar eso. No hay ejemplos de transparencia, salvo figuras arquetípicas, como el comisario Evaristo Meneses, de Robos y Hurtos, un tipo muy idealizado, defensor de la ley, incorruptible; sin embargo, en su época, en esa división de la Federal estaban los policías que integrarían la Triple A.

¿Qué autores influenciaron a los autores actuales?
La novela negra clásica es una referencia central, pero hay una segunda línea: Jim Thompson, Chester Himes, Patricia Highsmith. Más los relatos que se han recuperado de fines del siglo XIX, como La huella del crimen, de Raúl Waleis.

¿Y cuáles serían los autores que hay que leer en el policial argentino?
Para mí no pueden faltar Borges, Walsh, Leonardo Oyola, Germán Maggiori, Juan Martini, Sasturain. Agrego a Ricardo Ragendorfer en la crónica policial, un heredero de cronistas como GGG, Soiza Reilly o Fray Mocho, que en Caras y Caretas contaba muy didácticamente cómo actuaban los punguistas y estafadores de su época.

¿La inseguridad influye en el auge del género?
En ese punto me impresiona más la presencia de forenses y psiquiatras a la par de los autores. Y en especial los libros escritos por convictos, como los Schoklender o el asaltante uruguayo Darío Giró, que repasa su trayectoria en un texto impresionante, Una joya por cada rata.

¿Es un género que se pueda considerar masivo?
No, aunque el público es fiel. La repercusión por ahí no pasa por que los autores hagan policiales, sino porque justo la pegaron con un libro consagratorio por fuera de una colección específica.

Foto: Gabriel Palmioli

DZ/Sc

Fuente Redacción Z
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