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TEMAS DE LA SEMANA

Osqui Guzmán, cuando magia y teatro se cruzan

Entretela de un actor que talla pacientemente sus personajes.

Por rafa-tano
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Podría decirse que es un laburante sin descanso, un actor todoterreno que está atravesando un excelente momento profesio­nal. Todo eso sería cierto, pero in­completo. Osqui Guzmán viene cosechando y sembrando a través de su trabajo desde hace tiempo, pero si bien su nombre es desta­cado en las marquesinas, y vive ensayando y haciendo proyectos, lo suyo es más bien el perfil bajo.  Acaba de terminar su segun­da temporada de El bululú, clási­ca pieza de José María Vilches, y que él y su esposa, la actriz Leti­cia González de Lellis, adaptaron en una versión muy intensa que se dio en el Cervantes y en una gira nacional.

Ahora, mientras ensaya una obra de Mauricio Kartun, Salo­mé de chacra, basada en el mito de Salomé, planea más gi­ras, planifica sus clases de im­provisación y hasta se da tiem­po para conceder entrevistas. «Ahora vamos a hacer con el gru­po de improvisación, en Rosario, dentro del ciclo Teatro x la Identi­dad, la obra Somos nosotros, que es una creación colectiva», dispa­ra distendido, aunque algo cansa­do por el trajín diario, en el bar del teatro Apolo, de Corrientes y Uru­guay, donde recién hizo dos fun­ciones. El hacer es comprometer­se con su oficio y creer que la vida y el arte van de la mano: «Ésta es una versión criolla de Salomé. La acción sucede en el campo. Ella es hija de un chacarero, que vino de estudiar en Francia y se enamora de un anarquista que está ence­rrado en un aljibe, castigado. Es una especie de tragedia campe­ra», cuenta entusiasmado, y sus gestos, con sus manos, su tron­co y su mirada acompañan cada palabra. El elenco lo componen también Manuel Vicente, Stella Gallazzi y Lorena Vega. La obra se ofrecerá en el Teatro San Martín a mediados de octubre.

¿Qué lugares de Buenos Aires te gustan?
Me gusta mucho Boedo, tam­bién Almagro, donde vivo, en Díaz Vélez y Gascón. Hay distin­tos barrios que tienen una iden­tidad muy particular, que son muy lindos para ir y pasear. Por ejemplo, algunos lugares de Pa­lermo. Siempre es más lindo cuando hay menos gente. Lo que me gusta mucho de Buenos Aires tiene que ver con algunos personajes perdidos que a veces logro descubrir. Algunas situa­ciones cotidianas, como gestos nobles que se repiten, dentro de la barbarie diaria que significa esta ciudad.

Tus padres vinieron de Bolivia, ¿recordás qué te contaron de su arribo a Buenos Aires?
Y, lo que muchos vivieron, que es una ciudad gigante. Imagina­te que ellos vinieron de Potosí. No había nada allá; es un lugar muy chiquito. Podría decirse que era gente de campo. También sentían que la gente iba a mil, con mu­cho vértigo.

Quizás el trabajo sea una mar­ca de identidad en Osqui, que cuenta que su abuelo era un buen carpintero, un ebanista, y su abuela, comerciante. Él no talla madera, pero sí personajes e his­torias donde transcurren seres de fantasía. Es por eso que asumió la responsabilidad de dirigir y de escribir El centésimo mono, por iniciativa de tres magos, Marce­lo Goobar, Emanuel Zaldua y Pa­blo Kusnetzoff. Este último es uno de sus ex alumnos de improvisa­ción. La obra habla del momento en que un hombre se debate en­tre la vida y la muerte. Es la ope­ración de un mago y todo lo que pasa en su mente durante la in­tervención. «Y es una operación, como dicen los magos, que pue­de fallar», relata Osqui. Y apues­ta mucho por su criatura, que es de todo el equipo, ya que la idea era de aquellos tres. «En los con­gresos internacionales de magia siempre se habla del cruce en­tre teatro y magia, del lugar que el mago ocupa en el teatro, por­que parece que una cosa siempre le gana a la otra», reflexiona.

Ya son muchas cosas. Por ca­sualidad, ¿asoma algún otro proyecto?
Estamos trabajando con Leti, mi esposa, un material basado en la gente que vive en la calle. Aunque parezca raro, es una comedia. Voy a dirigirla y van a actuar Leti y Se­bastián Godoy. Y, por supuesto, seguiré con los cursos de impro­visación.

Osqui Guzmán sonríe con su mirada de chico bueno. Termina su té, se para, saluda afectuosa­mente y se dirige Corrientes arri­ba, camino a su hogar. Leticia y Almagro esperan.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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