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Orquesta Infantil Juvenil

Los ejecutantes son chicos de la Villa 31 y de Villa Lugano.

Por roberto-giovagnoli
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Como en el maravilloso film Tocando el vien­to, del inglés Mark Herman, en el que la música se convierte en una herramienta de resistencia y dignidad, Claudio Espec­tor, un músico egresado del Conservatorio Municipal Manuel de Falla que en 1985 obtuvo la maestría del Tchaikovski, de Moscú, entendió que tenía entre sus manos un poderoso don de transfor­mación. Fue así que en 1998 creó orquestas infanti­les y juveniles con niños y jóvenes de villas, y desde aquella época se comenzó a escribir una historia so­bre un pentagrama que parece no tener fin.

La Orquesta Infantil Juvenil es una experiencia que desarrolla desde hace 12 años en Villa Lugano y Retiro. Trabaja con convocatorias en las escuelas y centros comunitarios para que los niños y adolescen­tes interesados se acerquen. Ya hay listas de espe­ra para las orquestas, porque además de los alum­nos de las escuelas comienzan a interesarse chicos de otros barrios o quienes están marginados del ámbi­to educativo y ven que pueden ingresar en un círcu­lo de pertenencia. Los instrumentos son del proyecto y cuando los chicos llegan a un determinado nivel de aprendizaje, se los entregan en comodato para que se los lleven a su casa y practiquen y, a la vez, involu­cren a toda su familia en esa experiencia.

¿Qué poder tiene el arte para transportar a niños de diversas edades desde el difícil ámbito de una vi­lla hasta un escenario y ser aplaudidos por cientos de personas? Claudio Espector sostiene que todo ocurre por obra y gracia de la música: «La formación orques­tal y el aprendizaje colectivo tienen cosas específicas, donde los chicos aprenden roles en el momento que tocan. Aveces acompañan, a veces son solistas. Ne­cesitan afinar, encontrar un común denominador, es decir cosas que aprenden sin una bajada de línea; es un producto que sucede naturalmente. Nosotros no les decimos a los chicos que tienen que ser ordenados, más concentra­dos sino que la música misma es la que los ordena. Incluso los chicos que, en el marco general de la es­cuela, son considerados un poco difíciles por los maestros, en la or­questa atienden al director, están concentrados y, con el tiempo, ad­quieren disciplina».

Néstor Tedesco es uno de los directores de orquesta que par­ticipa del proyecto y asegura que es maravilloso ver cómo los niños se convierten de a poco en artis­tas: «Ellos mismos descubren su ta­lento natural y se sorprenden de poder interpretar una melodía en poco tiempo. Lo cierto es que, sin un proyecto como éste, sería difícil que un chico de estos niveles socio- económicos pueda acceder a un instrumento. Ade­más, su ingreso al mundo de la música le genera un cambio ante el resto de sus actividades como en el colegio, en su casa o en el barrio con sus amigos. Co­mienza a sentir una sensación de seguridad y de es­tar acompañado».
Sara tiene 10 años y Rodrigo 17. Acaban de to­car en la Sala Siranush del Centro Armenio de la Ciu­dad ante cientos de niños y adolescentes de todos el país. Ambos pertenecen a la Orquesta Infantil Juvenil de Retiro y viven en la Villa 31. Hablan con la misma tranquilidad que minutos antes habían tocado junto a sus compañeros. Rodrigo toca el violonchelo y Sara, la flauta traversa. Coinciden en que han encontrado una actividad que les gusta y que no la abandonarán nunca. «La música fue una oportunidad -asegura Es­pector- que se les presentó a estos chicos, y muchos de ellos no la desaprovecharon. Una vez que se en­tendieron con el instrumento y sintieron que se pue­den expresar mediante la música, es un hecho que no tiene retorno, no hay vuelta atrás».

Sara escucha atentamente a su maestro, asien­te con su cabeza y agrega: «La música me está cam­biando la vida porque hace poco conocí Mar del Pla­ta y toqué ante mil personas»

 

Fuente Redacción Z
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