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TEMAS DE LA SEMANA

Orgasmo masculino: lo que ellos quieren

El Dr K. da algunos consejos prácticos para que los varones lleguen al clímax y Vera Killer habla con algunos muchachos sobre la diferencia entre eyacular y acabar.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Tanto la experiencia clínica como los comentarios al paso de muchos conocidos, amigos, familiares y pacientes demuestran que las mujeres, en general, no tienen una idea muy clara sobre cómo estimular las zonas erógenas masculinas más allá de lo evidente. O sea: tocar el órgano sexual del varón con la mano o la boca no es todo lo que existe en el menú.

Sobre el punto G se habla mucho en general y parecería ser, a primera vista, exclusivamente femenino, pero no es así. El hombre también tiene el suyo. Antes de seguir aclaremos que la palabra “punto” se puso originalmente porque es más marketinera y llama, indudablemente, la atención. Pero en realidad es una zona, en ambos casos, tanto para hombres como para mujeres. Así que desde ahora vamos a llamarla “la zona G”.

En el caso de la mujer se localiza en el techo del conducto vaginal, a escasos centímetros de la entrada. Es fácil de comprobar al introducir el dedo mayor con la yema tocando el techo del conducto. Si lo hacen, podrán notar que ese toque se siente diferente de cualquier otro toque.

Pero claro que no es un punto mágico. No alcanza con tocar o acariciar la zona G para lograr oleadas de orgasmos; obviamente hay que estimularla en conjunto con los pechos, los labios o lo que la imaginación demande.

La zona G masculina quedaría, según algunos estudios (pero sin estar muy seguros), en la próstata. Se llegaría al orgasmo, entonces, por tacto rectal. Es ésta la razón por la cual muchos heterosexuales se niegan a la experiencia. Pero en este caso también es una zona y no un punto, así que sería más correcto decir que es una área mayor a la enunciada. Y es absolutamente cierto que el hombre tiene muchísima sensibilidad en el perineo, que  es el pequeño lugar que dista entre el final del escroto y el ano.

Para que las caricias, los besos y los roces ahí sean verdaderamente inolvidables y efectivos, es necesario que el hombre se relaje, pierda prejuicios y, sobre todo, tenga una higiene adecuada (casi obsesiva) en el área en cuestión.
Con esas condiciones listas, sólo queda entregarse con amor y deseo. El resto es fantasía, como casi todo en sexualidad humana.

Fuente Redacción Z
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