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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Opinión: Tribulaciones de una pasajera

Viajar en el subte B puede con­vertirse en una aventura. Todos los días se escucha por los parlan­tes de las estaciones que el servicio tiene demoras, pero lo que nunca avisa Metrovías es de cuánto tiem­po será esa demora.

Por Victoria Reale
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Viajar en el subte B puede con­vertirse en una aventura. Todos los días se escucha por los parlan­tes de las estaciones que el servicio tiene demoras, pero lo que nunca avisa Metrovías es de cuánto tiem­po será esa demora. En los últimos meses es habitual que se interrumpa el servicio por problemas técnicos en las formaciones. En más de una ocasión, en medio de un recorrido, los trenes quedan parados en una plataforma hasta que el guarda des­aloja a todos los pasajeros porque detectan un principio de incendio debajo del chasis de alguno de los vagones japoneses Mitsubishi. La gente, confundida entre el humo y el final anticipado de su viaje, sube las escaleras a regañadientes in­tentando encontrar otro medio de transporte mientras Metrovías avisa por los altoparlantes que la línea quedó fuera de servicio.

Aun cuando la línea funcione, viajar siempre es una aventura: todo puede suceder a bordo del subte B. Los vendedores ambulantes suben a las formaciones para ofrecer desde medias hasta auriculares. Músicos y actores también se disputan el espacio para ofrecerles sus espectá­culos a una audiencia cautiva.

Pero distraerse no es una buena idea. No importa si es o no hora pico, nunca falta el anuncio del guarda que advierte por los alto­parlantes de los vagones: “Señores pasajeros, cuiden sus pertenencias porque se han detec­tado arrebatadores dentro de las formaciones”. No bien finaliza el aviso los pasajeros empiezan a abrazar sus carteras, mochilas y valijas mien­tras se miran entre sí con cara de sospecha. Aveces la advertencia llega tarde y algún incauto ya se quedó sin celular.

También ocurren sorpresas insólitas. Un día lluvioso de otoño, pasadas las 18, en avenida Corrientes y Alem era casi imposible acceder a la estación Leandro N. Alem. Una marea hu­mana trataba de bajar y otra intentaba subir por las mismas escaleras. Recién en el andén los empleados de Metrovías avisaban que una formación había quedado atascada en la entra­da del túnel y los pasajeros debían dirigirse a Carlos Pellegrini. Y hacia allí caminó una mul­titud por Corrientes desbordando las veredas e invadiendo un carril de la avenida hasta llegar a la estación ubicada en la avenida 9 de Julio. Otra odisea fue conseguir bajar entre codazos y empujones al andén, donde la humedad y el calor volvían la atmósfera irrespirable. Algunos pasajeros comentaban que en la estación Flo­rida se había incendiado otra formación, que también había quedado fuera de servicio.

Mientras en las dos plataformas de Carlos Pellegrini no entraba un alfiler, al final del túnel se veían luces de un tren que se movía lenta­mente desde la estación Florida, pero luego se detenía. Mientras esto ocurría, un señor de traje y maletín saltó a las vías y empezó a ca­minar como un autómata al encuentro de esa formación. Los pasajeros que estaban ubicados al final del andén comenzaron a gritarle, pero el hombre seguía avanzando. Apesar de que la gente pedía a gritos que interviniera algún empleado de Metrovías o la Policía, ninguna persona se hizo presente y el señor se perdió en la oscuridad del túnel.

Alos diez minutos apareció un tren en la plataforma contraria y centenares de personas lucharon por subir. Un vez en marcha y cuando la línea retomó su recorrido, los eventos transcurri­dos en esa hora parecían haber sido ideados por un guionista de la Dimensión desconocida.

DZ/rg

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