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Opinión: Si el gobierno cree que las políticas son adecuadas, erra el diagnóstico

Por Martín Morales. Coordinador de la Comisión de Trabajo del Consejo. Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires.

Por Redacción Z
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Desde el año 2003, el gobierno nacional ha elegido la defensa del empleo como uno de los pilares fundamentales para desarrollo nacional. En la última década fueron creados 5 millones de puestos de trabajo.

A contramano de lo que sostienen los teóricos ortodoxos, la pre­carización de los empleos no fue necesaria para la creación de nuevas oportunidades. Esta corriente económica afirma que hay una tensión irremediable entre la calidad y la cantidad de mano de obra que las empresas necesitan. Desde pedestales mediáticos, señalan que para tener la posibilidad de crecer sostenidamente, exportar nuestros pro­ductos y mantener un nivel de desempleo bajo son necesarias leyes laborales flexibles.

La experiencia de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fer­nández interpelaron esos dogmas que parecían estar tallados en roca. Mediante dos medidas concretas fortalecieron el registro de los tra­bajadores: el aumento de la cantidad de inspectores del Ministerio de Trabajo -20 en su llegada, más de 400 en la actualidad- y la sanción de la Ley Nº 25.877. Esta normativa creó el Plan Nacional de Regula­rización del Trabajo, un sistema descentralizado de fiscalización, con­cientización y prevención de la situación. Como consecuencia, y por la concreción de numerosas iniciativas, desde 2003, la tasa de empleo no registrado del país cayó más de un 30% (de 49,1% a 33,8%).

Por desgracia, esta tendencia no fue acompañada de la misma manera por la Ciudad de Buenos Aires, que solo la pudo disminuir de 30,3% en 2003 a 26,7% en 2012. A su vez, la marcada desigualdad geográfica, favorecida por el gobierno local, es evidente en las comu­nas del sur con tasas que superan el 33% mientras que en las comunas del norte no superan el 23%.

Al observar las estadísticas por género de la Ciudad es posible ver que si bien la cantidad de empleos no registrados masculinos bajó un 10% de 2009 a 2012, los empleos femeninos no registrados se mantuvieron estables. Esta diferencia entre varones y mujeres se podría deber a la existencia de un “piso” de no registración difícil de perforar en el trabajo doméstico. Las cifras anteriores a la ley nacio­nal muestran que más del 70% de este tipo de empleos no estaban declarados. Sancionada hace menos de un año, la ley sobre trabajo doméstico, probó su eficacia tras registrar a más de 300 mil trabaja­doras en pocos meses.

Teniendo en cuenta este panorama convendría preguntarse cuál es el rol que ocupa el Trabajo en la agenda del Estado de la Ciudad, ya sea desde la inspección o desde la generación de políticas activas. Si la Subsecretaría de Trabajo de la Ciudad asume como principal política pública la creación de un portal de empleo web –gratuito para las empresas– entonces se trata de un error de diagnóstico.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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