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TEMAS DE LA SEMANA

Noviazgos violentos

Una de cada diez llamadas al 0800 del gobierno porteño la hace una adolescente. Y el 61% de las jóvenes entre 18 y 29 años sufre violencia psicológica.  Cuándo pedir ayuda.

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Tiene 14 y el que más le gustaba del colegio “le dio bola”. En una fiesta; después de unas cervezas se dieron unos besos. Viky –así le dicen las amigas– va corriendo y les cuenta a todas. Pasan las semanas y ya todos en el colegio saben que son novios. Fede, que era su mejor amigo, no se acerca mucho porque Viky le dijo por mensajito que al novio lo pone celoso que ellos hablen, así que mejor por mensajito. El sábado hay fiesta otra vez. Cuando Viky llega, divina como la noche del primer beso, el novio le dice que parece una “trola”, que se le ve todo y que se saque el maquillaje. Ella va al baño a limpiarse la cara y las lágrimas; las amigas la consuelan. El novio ya está a las carcajadas con los amigos. Viky vuelve sin maquillaje y él le dice que no era para tanto, que así es “un escracho”. Que le da vergüenza y mejor se van.

Estamos frente a un noviazgo violento cuando ella empieza a no poder ser ella, cuando se le dice cómo vestirse, cómo pensar, con quiénes verse, cuando se le pide la clave del Facebook y se le revisa el celular. No es necesario llegar a la violencia física. Las señales pueden ser percibidas por ella y también por amigas, familiares, docentes.

El Programa de Noviazgos Violentos empezó a estar las escuelas en 2014. “El objetivo es la prevención y promover vínculos saludables entre adolescentes”, explica Carolina Stanley, la titular de Desarrollo Social, el ministerio que tiene a cargo los programas relacionados con la violencia contra la mujer del gobierno porteño. En los últimos años, explica Stanley, los programas empezaron a articularse con otras áreas –por ejemplo educación– y a hacer encuestas sobre la problemática. “Las mujeres debemos romper el silencio, dar visibilidad a la problemática y erradicar este flagelo tan doloroso”, opina Stanley.
Cuando una chica de entre 14 y 21 años llama al 0-800 de la Dirección General de la Mujer es derivada al Programa. Allí una profesional le hace una entrevista anónima. Si prefiere acercarse a algún Centro Integral de la Mujer, la entrevista se hace en el momento. Luego le propondrán tratamiento psicológico individual o grupal, asesoramiento legal y, si necesita, un abogado. Si la pareja quiere hacer el tratamiento juntos es posible.

El Programa no sólo recibe a las chicas, también admite consultas de familiares, amigos y personas cercanas. “Es una problemática compleja, por eso también acompañamos a las familias y a instituciones que trabajen con adolescentes y jóvenes”, explica Stanley.

Las estadísticas de la Dirección de la Mujer confirman que la violencia entre las parejas de adolescentes no es un problema menor. En 2014, por lo menos once chicos de entre 13 y 18 años mataron a sus novias o ex novias. En la ciudad, de las diez mil mujeres que se comunicaron con la línea gratuita 0-800-666-8537 para consultar sobre relaciones con violencia, un millar fueron jovencitas luego derivadas al Programa Noviazgos Violentos. Una de cada diez.

Una encuesta de la misma Dirección revela que el 61 por ciento de las mujeres entre 18 y 29 años es víctima de violencia psicológica. Seis de cada diez.

La juventud también es el momento de mayor riesgo en los ataques sexuales. La misma encuesta dice que, del total de las mujeres que fueron obligadas a tener sexo en algún momento de su vida, el 45,6 por ciento había sido violada entre los 11 y los 20 años.
El 14 de febrero, Día de los Enamorados, Desarrollo Social lanzó una campaña para ayudar a detectar noviazgos violentos. “Si hay amor, no hay violencia” era su lema, impugnanado el equívoco de que los controles son indicadores de un amor apasionado.
Stanley subraya la importancia de la prevención porque, dice, “nadie nace violento. La violencia es una conducta aprendida”. Y se muestra esperanzada: “Es posible salir de las situaciones de violencia y superar las secuelas del maltrato. Para ello es necesario que las jóvenes y que sus padres presten atención a las señales y que busquen ayuda especializada».

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