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TEMAS DE LA SEMANA

Norman Briski: ‘Soy conocido por no decir nunca lo que dice el guión’

Con medio siglo de trayectoria, el gran dramaturgo y actor sigue eligiendo la provocación.

Por Paula Sabates
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Pasan los años pero hay algo que no cambia en el trabajo de Norman Briski. La innovación, la provo­cación siempre están presentes en su obra teatral y ahora en su pro­ducción literaria (el año pasado pu­blicó su primera novela, Nagasa­ki de memoria). Briski tampoco se priva de experimentar en televisión. Actualmente protagoniza Babylon, un programa en clave de policial negro con ribetes de comedia que fue seleccionado en los concursos para la Televisión Digital Abierta y produce Gastón Portal para Canal 9. Cada episodio presenta un caso policial diferente, y Briski interpreta a uno de los policías que integran el equipo de investigadores.
En «El barro se subleva», obra que el actor, director y dramatur­go estrenó recientemente en su propio teatro, El Calibán, hay mu­cho de todo eso. Planteado como un unipersonal en el que el ac­tor Eduardo Misch interpreta a varios hombres, la obra es crítica del sistema capitalista y propone una «nueva subjetividad revolucio­naria». Como condición necesaria para sentirse pleno, Briski no se pri­va de la experimentación. Así con­viven en las distintas escenas ba­nanas volando en helicóptero, un reno navideño que vende postales y escenografías móviles que hacen de la obra una de las grandes pro­ducciones del teatro independiente de la temporada.
Terminada la función, muchos espectadores opinan que El ba­rro se subleva es una obra de teatro absurdo. ¿Qué piensa de esa etiqueta?
Todo lo que no entendemos muy bien se lo adjudicamos al absurdo. Personalmente no catalogo a mis obras porque en general tienen va­rios planos y ningún género puede atraparlos a todos, sería muy difícil. Ésta, por ejemplo, en algún punto es una tragedia, vista desde otro lu­gar es un drama y también puede decirse que tiene ciertos rasgos de humor. Eso pasa porque busco la potencia de las escenas sin la nece­sidad de querer narrar o contar un cuento determinado. Me interesa crear escenas potentes en un mis­mo cuerpo y por eso la obra está fraccionada. Por la estructura po­dría compararse con un poemario que está lleno de fragmentos que el espectador tie­ne que asociar y co­ser entre sí según sus propios reflejos. Así, esta obra se co­rresponde con una estética que empe­cé a experimentar hace varios años.
Usted la definió como «la histo­ria de aquellos que piensan que puede haber un cambio social revoluciona­rio». ¿Es en algún punto auto­biográfica?
No hay ninguna escena de la obra que no haya sido vista o vivida por mí, sin duda hay lugares biográfi­cos. Pero otros que no lo son para nada, son nada más que sensacio­nes de lo que me parece que podría pasarle a un personaje así. Él vivió cosas que lo impactaron muchísi­mo y por las cuales resuelve eman­ciparse de la estruc­tura familiar, de la estructura partida­ria. Muchas de esas cosas suyas hacen que me sienta identificado, pero muchas otras veces no.
Dijo en una entrevista que cual­quier método que dure más de un minuto ya no sirve. Su tea­tro, El Calibán, cumple 25 años. ¿Cómo hace para no caer en eso que critica cuando da clases?
Sucede sin que me lo proponga. Aparece mi experiencia que me brinda la capacidad de interpretar la realidad. Para mí la potencia a un grupo se la da trabajar con un siste­ma asambleario en el que todos tie­nen la capacidad de decir qué ven frente a una escena. Juego de esa manera porque no se me ocurre otra y es en esas distintas versiones de cada uno que aparecen concep­tualizaciones interesantes sobre lo que se hizo, y también sobre lo que se puede hacer a partir de eso.
¿Qué le atrajo de Babylon?
Me parece que es una propuesta desafiante con respecto a lo que es la televisión. La producción de Gas­tón Portal nos permite a los actores sentir que podemos inventar algo sin que esté inventado. Mi desafío es justamente ése, no hacer el tea­tro del teatro, el cine del cine ni la televisión de la televisión, sino hacer algo nuevo. Además, a la televisión yo la uso para ejercitar mi práctica dramática, que es un juego que ne­cesita practicarse constantemente para no perder la ductilidad. Y ade­más me permite seguir experimen­tando de manera intensa. En mi caso juego mucho con la improvi­sación, soy conocido por nunca de­cir lo que está escrito en el guión. Esa libertad depende mucho de la producción. Hay otra televisión en la que el sistema es tan exigente que no hay posibilidad de nada, te­nés que hacer la novela e irte a tu casa. Por suerte no es el caso.

 

En pocas palabras:

• Nació en 1938.
• Debutó en 1955.
• Amenazado por Triple A, regresó del exilio en 1983.
• Participó en más de 70 películas.

 

 

DZ/LR

 

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