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TEMAS DE LA SEMANA

Noches de murgas y lentejuelas

Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero.

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Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero. Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero.
Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero. Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero.
Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero. Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero.
Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero. Cada barrio cultiva su propio estilo. Saavedra, Boedo, La Boca y Liniers conservan las clásicas formaciones de los años dorados. Constitución explora un rumbo más improvisado y arrabalero.
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Abriéndose ¡vamos! Un poquito más, que ya vienen esos bombos con toda la alegría”, indica Daniel Reyes, director general de Los Reyes del Movimiento de Saavedra, una murga tradicional que cuenta con más de 200 integrantes. El sábado pasado comenzaron los corsos en la ciudad de Buenos Aires y Diario Z aprovechó los últimos ensayos para conversar con los directores de algunas de las murgas porteñas que se presentarán durante todos los fines de semana de febrero en los más de 30 corsos programados para este carnaval.

“¡Buenas noches, queridos amigos! Hoy venimos a regalarles unos minutos de alegría y nostalgia carnavalera. Nuestros harapos viejos con un par de lentejuelas realzan su brillo, la calabaza pasará para que nuestros sueños se hagan realidad. El murguero sale esta noche con sus fantasías. La tristeza será alegría. La alegría nace cuando se cruza un bombo, y con el tintinear de sus platillos, el murguero baila olvidando todo, cargando energía para la lucha de la vida cotidiana. Y por todo eso ¡Los Reyes del Movimiento hacen su presentación!”, clama Reyes y comienza el baile mientras los bombos y platillos, desenfrenados, marcan más fuerte el ritmo.

Juan Carlos, de Los Elegantes de Palermo, otro barrio de tradición murguera como Saavedra, Boedo, La Boca, Liniers y Almagro, explica que son una murga tradicional. “De tango, bombo y tradición, ¡Sí señor, qué pedazos de atorrantes!”, cantan. Los Elegantes se formaron en 1974 en el mercado Miguel Cané (El Salvador, entre Salguero y Medrano) y su primera actuación fue en 1975. Cuentan en la actualidad con unos 80 integrantes. Juan Carlos revela que, en general, la disposición más común de una murga en un corso es la siguiente: las mascotas (niños) adelante, detrás las murgueras, luego los cantores y los bombistas. Por último, los bailarines varones.

Sin embargo, también hay otras murgas que comenzaron hace unos diez años a experimentar por otros caminos. Félix Loiácono es el director de Garufa de Constitución, nacida en 2004 en un barrio sin tradición murguera. Loiácono caracteriza a su agrupación como distinta a las otras porque tiene pocos integrantes, sólo son siete: “La idea de este grupo es recuperar el espíritu de aquellas agrupaciones de principios del siglo XX, que salían con tachos y ollas en la tardes de carnaval, por los barrios, a cantar canciones en las esquinas, en las ventanas de las casas y mesas de los bares”. Y agrega que por eso decidieron elaborar y potenciar cada uno de los elementos de este género: trabajar mucho el maquillaje, las canciones, las voces, la teatralidad, la percusión, sin perder la alegría.

“Si bien los integrantes originales venimos de otras murgas de 40 o 50 integrantes, con Garufa decidimos apostar al viejo ADN del carnaval porteño: el humor, la poesía, el arte popular del bombo con platillo”, indica Félix. Y comenta que hay una teoría no comprobada, que cuenta que la ropa de las murgas –la levita– debe sus orígenes a la ropa que los amos de la época colonial tiraban o descartaban. Los negros tomaban esas levitas y se las ponían en la época de carnaval como una forma de burlar a sus amos.
“Las canciones las hago yo, y lo que estamos haciendo es componer músicas originales, hechas por nosotros”, revela Félix. Tradicionalmente las murgas toman melodías conocidas y les cambian la letra, como las hinchadas de fútbol.

Bombos y platillos preparados, murgueros deseosos de bailar y saltar. Ensayan la percusión y gastan las suelas para estar listos para los corsos. Y como dice Fasulo, de 73 años e integrante de Los Reyes del Movimiento, quien participó desde la década del 50 en distintas murgas: “Acá hay gente de todas las edades, y los más jóvenes tienen que seguir con esta tradición. Salimos a los corsos porque es algo único, representan lo que uno vive cotidianamente. Yo me canso a veces cuando bailo, por mi edad, pero es lo que siento: me moriré en una murga”.

Ya empezó el carnaval y los porteños pueden disfrutarlo en distintos barrios. Juan Carlos comenta que la novedad para 2013 es que cada vez hay menos corsos: “Además, hay más murgas y sinceramente 120 murgas para 34 corsos es cada vez más problemático. Sin embargo, cuando nos preparamos en la plaza para iniciar el recorrido me siento feliz. Y todos los años repito: murga querida, gracias por darme tanta alegría”.

UN POCO DE HISTORIA

En los comienzos del Imperio Romano en Roma se realizaban fiestas paganas: las bacanales, fiestas en honor de Baco, dios mitológico del vino. En el siglo IV la Iglesia católica sustituyó la celebración de las bacanales por la fiesta del carnaval. El término provenía del latín carne levare, que significa “abandonar la carne”. El fin del carnaval daba comienzo al período de cuaresma, en el que estaba prohibido comer carne, ya que los cristianos debían prepararse para la Semana Santa. Desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo (cuando tuvo lugar la última cena de Cristo) son cuarenta días. Por lo tanto, el carnaval se comienza a festejar entre febrero y marzo, y la fecha cambia según el calendario litúrgico católico.

Los primeros corsos porteños tuvieron origen a mediados del siglo XVIII, durante el virreinato, y llegaron a ser muy populares luego de la Revolución de Mayo, en particular durante la gobernación de Juan Manuel de Rosas. Aunque por un lado las clases acomodadas festejaban “su” carnaval, con prácticas influenciadas por el legado español, y por el otro, los negros se juntaban a tocar candombe. Muchas veces coincidían durante las festividades ricos y pobres, mezclándose y participando por igual, más allá de que muchos vecinos acaudalados expresaran su desaprobación por los “vulgares” bailes de los afroargentinos. Lo más común era tirarse agua, harina y huevos. También, se efectuaba la quema de algún muñeco de paja. Hacia 1839 se permitieron las comparsas y el uso de máscaras; pero en 1844, a causa de los desmanes que se sucedían por el descontrol de algunos participantes –con muertos incluidos– Rosas prohibió por decreto el carnaval, que volvería recién diez años después.

Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento los carnavales vivieron sus primeras épocas de esplendor. Participaban comparsas por las calles de Buenos Aires, donde se tocaban guitarras y cornetas. Ya a comienzos del siglo XX cada barrio tenía una agrupación y las comparsas, con influencias europeas y músicos profesionales, comenzaron a ser reemplazadas por las murgas. En la década del 20, las murgas cantaban canciones con letras paródicas e irónicas, basadas en melodías tangueras.

Las distintas manifestaciones culturales de cada comunidad de inmigrantes se fueron amalgamando. Las frases picarescas dichas en doble sentido –que antes se decían en genovés, si la murga era de La Boca– y los bailes que tenían que ver con la influencia negra fueron estableciéndose como las marcas distintivas de las murgas en los años siguientes, así como la rivalidad entre los barrios, que podían terminar en reyertas.

La última dictadura militar prohibió los carnavales. Algunas murgas se resistieron y continuaron puertas adentro con la tradición. Recién en 1983 resucita el carnaval como festividad popular. A comienzos de 2000, y desde ese entonces, Buenos Aires se llena de nuevos murgueros: se practica murga en centros culturales, escuelas, plazas y en diversas esquinas de la ciudad.

 

CORSOS

Los corsos se realizarán du­rante el mes de febrero todos los sábados de 19 a 2. Y los do­mingos y feriados de carnaval de 19 a 24. Los barrios donde se llevarán a cabo son: Abas­to; Almagro; Bajo Flores; Bajo Núñez; Balvanera; Barracas; Boedo; Coghlan; Colegiales; Flores; Liniers; Lugano; Matade­ros; Montserrat; Palermo; Pater­nal; Piedrabuena; Plaza España; Pompeya; Parque Avellaneda; Saavedra; Parque Chacabuco; San Telmo; Villa Crespo; Villa Pueyrredón y Villa Urquiza.

 

ACTIVIDADES EN EL CENTRO CULTURAL CARAS Y CARETAS

 • Viernes 8
Garufa de Constitución
Los Reyes del Movimiento de Saavedra

• Viernes 15
Los Inevitables de Flores
Mosquita Canestrari y Germán Layna
Los Inconscientes de Almagro

• Viernes 22
Los Prófugos del Borda
Los Elegantes de Palermo

Relator: David Beltrán Núñez
Idea y coordinación gene­ral: Graciela Zavala
A las 21.30. Localidades: $35. Afiliados al Suterh sin cargo. Anexo Venezuela 330.

Fuente Redacción Z
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