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‘No se puede mover árboles como a floreros’

Berjman reflexionó sobre la situación que atraviesan los espacios verdes porteños.

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Es historiadora del arte, fue investigadora del Conicet durante déca­das y está especializada en patrimonio urbano y parques y plazas desde hace más de cuarenta años. Consultada por Diario Z, Berjman reflexionó sobre la situación que atraviesan los espacios verdes porte­ños. «La ciudad heredó un patrimonio verde casi único en el mundo por su amplitud y por los profesionales que se ocuparon. Y cuando uno recibe una herencia, trata de cuidarla. Entre otras cosas, porque el patrimonio es un valor que se mide en dinero: restaurar o reciclar cues­ta la mitad que hacer nuevo», explica Berjman, y agrega: «En general, somos autodestructores y reemplazamos el patrimonio que se perdió con algo de una calidad mil veces peor: los dos edificios de Buenos Aires que aparecían en los libros de arquitectura del mundo, el Merca­do del Abasto y los Silos de Bunge y Born, ya no están más, lo mismo ocurrió con parques y plazas, cons­truidos con el material más frágil: el vegetal. Un parque es una obra de arte; la combinación de la obra del paisajista con lo que haga la natu­raleza. Una obra que no va a estar nunca terminada como un cuadro en un museo: cambia la luz, cambia la estación, cambia la creación, cambia el uso y la significación que la sociedad le da».

Según Berjman, «hemos mantenido mal los jardines públicos: cree­mos que podemos mover los árboles como si fueran floreros». Para la historiadora, es eso lo que ocurre, por ejemplo, en la plaza Alvear. «Es como si tomara La Gioconda, le saco un poco de vestido, le pongo aros hippies, le saco el pelo y le pongo una peluca», ironiza. Según su criterio, la obra en la plaza de la Recoleta debería haberse hecho vía túnel, y no a cielo abierto. Lo mismo corre para los estacionamientos subterráneos que se construyeron en la plaza Emilio Mitre. «Los funcionarios no saben consultar a la gente que sabe. Si me preguntan cómo manejar un tren, no tengo idea, pero sí sé manejar un jardín», afirma.

Sobre la situación de la plaza Alvear, Berjman dice que «hay espe­cialistas en todas las áreas, y no somos consultados. Estoy a favor del subte, todos lo usamos. Pero hay que respetar las leyes, y para tocar un patrimonio histórico se debe tener un permiso de planeamiento que en este caso no existe. Los funcionarios no deben tomar la ciudad como propiedad privada, porque no es de ellos». Opina que hay que rehacer el espacio verde en conflicto mediante un estudio interdisciplinario con paisajistas. «Ala naturaleza le llevó miles de años hacer la barranca, y ahora la han roto, por lo que hay que hacer un análisis exhaustivo para recuperarla de manera correcta», analiza.

«Queremos que haya subte, y que beneficie a los alumnos, y no al Buenos Aires Desgin: ¿por qué van a caminar por un túnel de tres cuadras si pueden salir a sólo 50 metros de la Facultad», se pregunta Berjman, que detalla que el proyecto original incluía dos entradas, dos ascensores y cuatro ventilaciones sobre la plaza Alvear: «Eso revienta el espacio verde», opina, y dice que la propuesta que se acercó a Sbase (ver nota págs. 6 y 7) «no es una propuesta ingenua: viene direccio­nada del Gobierno de la Ciudad para hacer ver que hay una solución mágica, pero no tiene asesoría profesional».

En sus cuarenta años de trayectoria, Berjman ha conocido «todas administraciones malas, en el sentido de que el patrimonio no interesa a los funcionarios públicos. Son ignorantes, soberbios y corruptos, no hay uno que se salve», se enoja. La especialista sostiene que el respeto de la ley implica respetar a la ciudad: «Hasta la última placita está de­fendida por los vecinos, que la cuidan para no perderla. Somos miles salvando algo, pero lo mejor sería que nadie agrediera. El paisaje urba­no es uno solo y una sociedad que no lo quiere, no tiene identidad y no respeta su pasado. Tenemos que defender el patrimonio de los que construyeron la ciudad, debemos cuidar esa herencia», concluye.

DZ/km

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