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TEMAS DE LA SEMANA

NN en Buenos Aires: el caso del hijo de Antonio Grimau

La muerte de Lucas Rebolini Manso desnudó la fragilidad del sistema de identificación de personas.

Por Laura Ferrarese
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La falta de bases de do­cumentos actualizadas, coordinación y errores humanos cubrieron de silencio durante 34 días la muer­te de Lucas Rebolini Manso, hijo de dos conocidos actores. El he­cho pone la lupa sobre el siste­ma de identificación argentino. Brasil, Bolivia, Venezuela y Perú ya tienen estos sistemas y la pro­vincia de San Luis licita una cé­dula de identidad con chip in­corporado.

Hay nuevas formas trágicas de morir en Buenos Aires. Esta semana, el desenlace del caso del hijo de los actores Antonio Grimau y Leonor Manso demos­tró que la ciudad de las inunda­ciones se traga también la iden­tidad y hay quienes mueren como NN.

Este muerto que no tuvo nombre durante 34 días se lla­ma Lucas Rebolini Manso, te­nía 36 años y había sido deteni­do el 6 de febrero en la calle por la policía. Estaba en la transita­da esquina de Salguero y Castex en el barrio de Palermo. Se veía alterado, no tenía ropas ni do­cumentos y los policías llamaron a una ambulancia del SAMEque lo trasladó a la guardia del hos­pital Fernández, donde quedó internado y murió por «neumo­patía» cuatro días más tarde.

«Cuando a un hospital llega un paciente con pérdida de con­ciencia, incapacidad de comuni­carse o confuso, se hace el parte policial, entonces se le da inter­vención a la policía que está de guardia en el lugar o a la comisa­ría que corresponde al hospital», explicó a Diario Z el doctor Nés­tor Pérez Baliño, jefe de Gabine­te del Ministerio de Salud por­teño. Todo esto se cumplió en el caso de Rebolini Manso, aun­que hubo demoras en los proce­dimientos siguientes.

Desde el hospital Fernández se le dio intervención a la Fiscalía de Instrucción 47, que ordenó que se obtuvieran las huellas dactila­res del hombre y se enviaran a la Policía Federal y al Registro Nacio­nal de las Personas (Renaper).

Ahora se sabe que el Registro Nacional de las Personas respon­dió que su archivo no está orga­nizado en función de las huellas digitales, y que hacen falta un nombre o un número de docu­mento. Con ese dato, el Regis­tro localiza las huellas digitales y hace la comparación entre esa ficha y los registros tomados a la persona que permanece como un NN, un desconocido.

Ahora se sabe, también, que la calidad de las huellas digita­les no era buena, que estaban desgastadas porque el hombre era músico y que algo parecido sucede con los trabajadores de la construcción o con personas que manipulan productos quími­cos, que «pulen» o «lavan» sus huellas. Otra infeliz coinciden­cia dejó a Rebolini Manso fuera del registro y de la posibilidad de encontrar a sus familiares mucho 17antes: el joven había tramitado sus documentos antes de 1991, año en que se incorporó un nue­vo sistema de identificación de­nominado AFIS, Automatic Fin­ger Identification System. De haber estado en esa base de da­tos, se hubiera identificado mu­cho antes.

En declaraciones radiales, Ri­cardo Pedace, director de Me­dios de la Policía Federal explicó que «después del fallecimiento el 10 de febrero hay una nue­va información cuando el 3 de marzo la madre radica la de­nuncia en la Comisaría 19 por la desaparición de Lucas Rebolini Manso. Allí queda asentado en la averiguación de anteceden­tes, que la madre consigna que había sido visto por última vez el 22 de febrero». Esas deficien­cias en las fechas, dice la Policía, habrían contribuido a la demora en la identificación. Además, el funcionario policial aseguró que la foto que aportaron los padres no fue reconocida por médicos, enfermeras ni policías que lo trasladaron hasta el hospital Fer­nández y lo atendieron allí.

Tras su fallecimiento, a Lu­cas Rebolini Manso le hicieron una de las más de 1.000 au­topsias anuales que se realizan en la Morgue Judicial a perso­nas muertas por causa dudosa, como miembro del grupo de personas indigentes o indocu­mentadas halladas en la vía pú­blica. Su cuerpo quedó allí a la espera de la identificación que llegó luego de la difusión mediá­tica del caso y sus fotografías.

Mientras se cruzan las decla­raciones de los distintos respon­sables de la cadena de sucesos que desembocaron en este pro­longado silencio, queda en evi­dencia la necesidad de la Argen­tina de contar con mecanismos modernos de identificación de las personas, que permitan re­conocerlos.

«La policía actuó correcta­mente según el procedimiento para estos casos -apunta el abo­gado criminalista Gabriel Iezzi-. Una enseñanza para el futuro sería implementar el registro de impresiones digitales de las per­sonas que entran sin documen­tación a un hospital, ya que en un día se dispone de la identi­ficación.»

Los principales problemas que desnudó el caso de Rebolini Manso son las fallas que presen­ta la documentación identifica­toria argentina, también la falta de bases de datos completas y la carencia de un padrón actualiza­do de personas desaparecidas, con todos los datos que permi­tan identificarlos.

Juan Carlos Müller, presiden­te de la empresa Creative House y experto en sistemas de identi­ficación biométrica, explica que los archivos fotográficos oficia­les que identifican a los argenti­nos no cumplen con reglamenta­ciones internacionales. Tampoco los cumplen, en consecuencia, los documentos y pasaportes.

«Necesitamos documentación que registre biometría, es decir métodos automáticos para el re­conocimiento basados en uno o más rasgos físicos. Esto no es algo exclusivo para el Primer Mundo. Bolivia tiene la base biométrica de todo su padrón electoral des­de hace un año y medio. Países como Venezuela y Brasil también lo tienen, además de Estados Uni­dos y la mayoría de los países de Europa», explicó Müller.

Las actuales tecnologías in­volucradas en la identificación de personas incluyen las huellas dac­tilares y la fotografía digitaliza­das, incluidas en un chip de alta seguridad, que se inserta en los documentos.

Estas tecnologías están dispo­nibles en la Argentina. San Luis es la primera provincia argentina que dispondrá de una cédula de iden­tidad biométrica. El proyecto está en etapa de licitación e incluirá en un chip los datos personales, la li­cencia de conducir y el carnet de salud de la persona, todo incorpo­rado al documento de identidad.

Los nuevos DNI argentinos, mientras tanto, siguen avanzan­do con ritmo lento hacia su con­creción, con denuncias y reclamos cruzados sobre fallas en la inclu­sión de mecanismos de seguridad. La primera licitación se hizo en 2001, durante el gobierno de Fer­nando de la Rúa, y la actual admi­nistración puso en marcha un sis­tema con tecnología nacional.

 

Fuente Redacción Z
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