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TEMAS DE LA SEMANA

Nicolás Pauls: ‘Con mis hermamos es raro que hablemos de trabajo’

En su segunda incursión teatral, protagoniza la obra Shangay, de José María Muscari.

Por Cecilia Alemano
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Lo que más entusiasma hoy a Nicolás Pauls es el disco que produjo para la fundación de su hermano Gastón Casa de la Cultura de la Calle. Se trata de un compilado de canciones de cuna escritas por los chicos que integran la institución, con música y voces de artistas como Luis Alberto Spinetta, Ricardo Mollo, Pedro Aznar, Hilda Lizarazu y Kevin Johansen, entre otros. A través de la cadena de supermercados Disco lleva vendidas 10 mil unidades, y van por más, dice orgulloso. Después, claro, está Shangay, la obra de José María Muscari que reestrenó semanas atrás en el Chacarerean Teatre, donde comparte el protagonismo.

¿Por qué creés que Muscari te eligió para el papel de Alejo?
Según él porque tenemos sensibilidades parecidas. Es la historia de una pareja homosexual que se encuentra en un restaurante oriental para separarse. Pero lo que ocurre trasciende la sexualidad de esa pareja. Es lo que sucede en toda pareja que se está rompiendo. Con ingredientes humorísticos habla de la soledad, del desamor.

Es tu segunda obra teatral, ¿cómo te llevás con las tablas?
Siempre decía que quería reservarme el escenario para la música, pero creo que detrás de eso había un temor enorme.
En el formulario de migraciones ¿ponés músico o actor?
Antropólogo, canchero, jardinero…

Y entre la música y la actuación, ¿con qué te encontrás más a gusto?
Con la cocina (ríe). En realidad llevó un tiempo reconciliar ambos roles. Hasta que me acepté como actor, y comprendí que no por eso dejaba de considerarme músico. Ahí empecé a pasarla mucho mejor.

¿Hablás de actuación con tus hermanos?
Poco, pero en algún momento Gastón me ayudó. Estaba filmando una película donde no la estaba pasando bien y él me dijo: «Agarrate de algo, que siempre algo bueno vas a encontrar». Eso me sirvió mucho.

¿Ves lo que hacen ellos?
Cine sí, pero la tele no me gusta.

¿No se ofenden?
No, para nada. Es muy raro que hablemos de trabajo.
Pensaba que no iba a traer hijos a este mundo «tan demencial y violento» y menos que iba a continuar viviendo en el caos urbano. Sin embargo, hoy Olivia, de cinco años, y León, de uno, son de los más pequeñitos de la familia Pauls y, junto a su mamá, viven en el barrio de Florida, afuera pero muy cerca de Capital.

¿Probaron alejarse más?
Sí, teníamos una quinta en Tortuguitas, y dos días antes de que naciera Olivia nos entraron a robar muy feo. Nos tuvieron de rehenes con mi mujer con contracciones. Entonces nos mudamos.

Descubriste que aún lejos del centro no zafabas de la violencia.
Nadie está exento. El mundo no lo está. Somos una civilización muy mezquina, avara y violenta. Pero descubrí que la ciudad me lleva al nerviosismo, al mal humor y a la ansiedad. Cada vez que tenía que venir a trabajar, el mal humor se apoderaba de mí apenas cruzaba la General Paz. Las bocinas, por ejemplo, son algo que no comprendo, y son muy propias de la Ciudad.

Nicolás Pauls es reconocido militante de la causa vegana, un estilo de vida que busca cuidar la salud de las personas y a la vez respetar a los animales y al medio ambiente. Los veganos no consumen alimentos ni subproductos de origen animal.

¿Te sentís obligado a militar en el veganismo?
No, para nada. Pero cuando doy notas, que me cuesta, aprovecho para transmitir lo que pienso. Hago honor a una frase de Spinetta que dice: «Lo que está y no se usa nos fulminará». Entonces eso que yo tengo, lo comparto. Es un tema que a los omnívoros en general los enoja, pero con que lo que yo digo le sirva a una persona, me basta.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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