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TEMAS DE LA SEMANA

Natalia Cociuffo: ‘El fuego pasa por dentro’

La dama de los musicales le pone el cuerpo a una de las «nenas» de Sandro.

Por Lucila Rolon
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Es bueno dejarlo en claro: no es la biografía de Roberto Sánchez, ni el relato de cómo surgió artísticamente Sandro. Ésta es la historia de Alicia, una de sus «nenas». Natalia Cociuffo, eximia dama de los musicales, le pone el cuerpo a esta fanática y es la guía de un paseo por los cuarenta años en la vida de una mujer para quien Sandro es mucho más que un ídolo. Se trata de Por amor a Sandro, una megaproducción nacional con treinta artistas en escena y músicos en vivo, que podrá verse en el teatro Broadway desde el 20 de enero. Es un relato íntimo al ritmo de los clásicos de El Gitano, que les devuelve a todas sus «nenas» un poco del reconocimiento que ellas le guardan desde hace tanto tiempo. 

¿Hay un estereotipo de «nena» de Sandro?
Hay distintos grupos. Nosotros estamos en contacto con uno, para que la historia sea verosímil. Están las que son más sexuales y le gritaban: «¡Sacate todo, papito! ¡Potro!», y le tiraban las bombachas. De todas las edades, eh. Una contaba que una vez se subió al escenario y le mordía las piernas. Después, están las más tranquilas, las más románticas. Todas, igual que Alicia, han seguido a Sandro durante cuarenta años de sus vidas. La historia que contamos está sacada de una vida en común, a casi todas les pasó más o menos lo mismo. De hecho, cuando les mostramos el libro, todas decían: «Tal cual, tal cual lo que me pasó a mí».
¿Qué es lo más conmovedor de ellas?
Yo las escucho y lloro. Las ves, mujeres comunes que, cuando sale el tema Sandro, se convierten. Les pasa algo en la mirada, en el tono, en la expresividad, en el cuerpo, en la respiración. «Sandro es lo más, Sandro es todo», te dicen. Como si tuvieran una vida paralela: por un lado, tienen su casa, su familia, su trabajo, la mayoría son de clase media, amas de casa o maestras; y por otro lado, parece que tuvieran su vida con El Gitano.
¿Nunca chocan esas realidades?
Algunas veces, muy puntuales. Porque el único gusto que ellas se dan en vida es ir a ver a Sandro, y eso lo defienden a muerte. En el guión, hay una escena, la primera confrontación entre Alicia y su marido, Antonio. Después de años de casados, él le hace un reclamo porque esa noche será la presentación oficial de su yerno, pero Alicia piensa ir a ver a Sandro. Antonio le dice: «¿No te parece egoísta irte el día que tu hija presenta a su novio?». Y Alicia le responde: «¿Egoísta? Fui al mercadito temprano, elegí las verduras, te hice las milanesas como a vos te gustan, con mucho perejil, ¿y te parece egoísta?». Así funciona hasta que la soga no da más. Cuando «las nenas» vienen a los ensayos, lloran. Yo no lo puedo creer.
¿Qué es lo que no podés creer?
Una piensa que componer una fanática es ir al lugar común de los gritos y esas cosas. Pero, a ellas, el fuego les pasa por dentro. Vos las ves como se comprometen con su pasión y dan mucha ternura. Es un mundo que nosotros no entendemos. Algunas te dicen: «Soy fanática de Sandro desde los 18 años, cuando me casé y tuve hijos estuve unos cinco años dedicada a mi familia, después volví». Además, todas entienden que está Sandro y está Roberto. Sandro es el ídolo, el del recital. Roberto es el de la casa de Banfield. Y todas te hablan de Roberto porque tuvieron una relación cercana a él: fueron a su cumpleaños, él las llamaba por teléfono. Para ellas es un santo, un ángel. Una tiene un mural detrás de la cama y cuenta que ninguno de sus cinco maridos lo pudo sacar.
El personaje de Alicia tiene un santuario de Sandro.
Todas tienen su rinconcito y son muy católicas. El de Alicia está inspirado en el santuario de Graciela, una de «las nenas». Alicia reza todo el tiempo y, como Graciela, no deja entrar a nadie, ni a sus hijos. Ahí reza, escucha música, tiene su televisorcito donde mira las películas, que se sabe de memoria. Ahí Alicia tiene un espacio como el de Grace, con todo lo que juntó de Sandro en décadas. Discos, fotos, postales, una rosa que él le tiró, revistas.
¿Qué tiene Sandro para enamorarlas así?
No lo sé… Entiendo que él les da algo que ellas necesitan. Cuando van al recital, ellas sienten que están con él, escuchan las canciones, todo lo que tenga que ver con él les recuerda esos tiempos felices. Ellas florecen. Hace cuarenta años que sienten lo mismo. Por eso, en esta historia, el conflicto de Alicia es: cómo hago para que la gente entienda lo que yo misma no logro entender, mi amor por Antonio y mi pasión por Sandro. A mí, como persona, esto me interpela y hace que me pregunte: cuando sos tan fanático, ¿hay un vacío? ¿Qué me da este ídolo que no logro en otro lugar?

En pocas palabras

• Compartió escenario con Elena Roger en La fiaca en 2005 y en Piaf en 2009.
• Protagonizó Chicago en 2010.

 

DZ/LR

 

 

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