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TEMAS DE LA SEMANA

Narraciones e imágenes de la Reina del Plata

Una muestra reúne artistas de diversas disciplinas para contar la historia de la ciudad. Su pasado mítico, la apropiación artística de sus íconos y el imaginario de un futuro que siempre está llegando.

Por Julián López
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 Cómo llegar a Buenos Ai­res desde Palermo Vie­jo, Once o Villa Luro.

Porque hay barrios que ofrecen líneas de colectivo directas, pero hay otros que no, desde los cuales hay que combi­nar subte y bondi para llegar.

O más: un bondi, un subte y otro bondi. Al final, los más afor­tunados serán los que vivan por Caminito o por la Bombonera, porque pueden darse el lujo de llegar a Buenos Aires caminando.

Es curioso. Cuando el viajero llega a Buenos Aires se da cuenta de que también llega a la puerta de entrada de esta ciudad húmeda que fue la que mayor cantidad de inmigrantes recibió en todo el mun­do -la mayor cantidad en el menor espacio de tiempo: sólo unas dé­cadas entre el final del siglo XIX y principios del XX-, un puerto por el que nuestro famoso crisol de razas se nutrió de españolas y españo­les, de italianos e italianas, de po­lacas y polacos, de turcos y turcas y de todas las personas de nacionali­dades diversas que, corridas por la desesperanza y por la guerra, lle­garon a este puerto.

Hoy, Buenos Aires, además de ser esa ciudad a la que Jorge Luis Borges le escribió su fervor, es una muestra interdisciplinaria en la Fundación Proa que se pre­gunta acerca de la trama histórica y cultural de esta ciudad que quie­nes la vivimos o transitamos ama­mos y padecemos por igual.

En plena República de La Boca, uno de los barrios tradicionales de la inmigración que sigue constru­yendo identidad para los porte­ños, justo frente al Riachuelo, ese inaceptable curso de agua podri­da, Buenos Aires se reconstruye geográfica, cultural y política en la mirada y el trabajo de casi 60 artis­tas de la plástica, la crónica, el tea­tro, la poesía, la arquitectura: un portentoso seleccionado del arte porteño que expone su obra como muestra de reflexión y pregunta.

Nacer dos veces

En la primera sala hay un plas­ma en el que se proyecta ‘La ciu­dad que se fundó dos veces’, un vi­deo de Cecilia Rabossi que cuenta la historia de Nuestra Señora del Buen Ayre y su doble nacimiento, una historia que no ahorra sangre, ni temeridad, ni porfía, una historia que se remonta al siglo XVIcuan­do Don Pedro de Mendoza, en fe­brero de 1536, estableció el fuer­te que ocuparon los españoles en este punto de la llanura pampeana en el que vivían sus habitantes ori­ginales: los indios querandíes. En sólo 6 minutos las imágenes mues­tran el derrotero de los conquista­dores en su retirada por el ham­bre y la bravura de los indios hasta su instalación definitiva en nuestra tierra, de la mano de Juan de Ga­ray, en 1580.

En la pared de enfrente, so­bre una pantalla, se proyecta ‘En el cine, 2013’, una investigación con guión de Andrés Levinson que da cuenta de un importante número de películas de la producción nacional de todos los tiempos con eje en la ciudad y en sus personajes: el Witold Gombrowicz de ‘Gom­browicz o la seducción’, la excelen­te película que Alberto Fischerman filmó en 1986, por ejemplo.

Es muy interesante el efecto que provocan estas dos expresio­nes visuales y sonoras enfrentadas por las que el visitante puede sen­tirse atravesado de la temporali­dad porteña: desde las grafías en tinta y pluma, los óleos de grandes artistas españoles que cronican la llegada de los colonos, hasta las imágenes de una Buenos Aires en la que el devenir se nota en el lar­go de las faldas de las mujeres, en los modelos de los autos en las ca­lles y en los cambios en la manera de hablar de los metropolitanos.

Amar el obelisco

Una de las salas de arriba está íntegramente dedicada al em­blema porteño por excelencia: el obelisco; allí pueden verse des­de una notable cantidad de pos­tales que lo multiplican, a las fo­tografías de artistas de la talla de Sara Facio, Anne Marie Heinrich y Horacio Coppola. Desde un deli­cioso cuadro de Antonio Seguí, a los registros de la obra ‘Obelisco acostado’ con que Marta Minujín sorprendió en 1978 –una réplica exacta pero dispuesta horizontal­mente, que permitía al público re­correrlo por dentro hasta llegar al espacio de las famosas ventanitas de la cúpula y sentarse a ver un vi­deo que mostraba imágenes del centro de la ciudad filmadas des­de las ventanas del original.

Otro de los videos que pueden verse en la sala es el de ’La Tiro­lesa / Obelisco’, el espectáculo que en 1989 paralizó a una importantí­sima cantidad de espectadores re­unidos en torno al monolito de la avenida 9 de Julio cuando la Orga­nización Negra –un grupo de acró­batas aéreos predecesores de De la Guarda y de Fuerza Bruta- munida de arneses y verdadero coraje esca­laron el obelisco y surcaron el aire alrededor en una muestra de mo­dernidad y precisión asombrosa.

Pero, sin dudas, la historia de la construcción de ese monumen­to tan característico –expuesta en los croquis y dibujos de su dise­ñador, el arquitecto Alberto Pre­bisch–, merece un párrafo apar­te. El obelisco se construyó en sólo 31 días de 1936 en los que 157 obreros trabajaron a destajo y emplearon 1360 m² de piedra blanca Olaen traída de la provin­cia de Córdoba y 680 m³ de ce­mento Incor de endurecimiento rápido. La magnitud de estos da­tos habla de un momento de gran empuje en nuestra ciudad, que en tiempo récord erigió un emble­ma de evidente potencia masculi­na que parece confirmar al poema de Alfonsina Storni que asegu­ra que “Buenos Aires es un hom­bre que tiene grandes las piernas, grandes los pies y las manos y pe­queña la cabeza”.

Ciudad narrada

La sala 4 del primer piso de la Fundación Proa es la última esca­la de esta especie de periplo mul­tidireccional por la ciudad: allí una instalación sonora que lleva las fir­mas de Daniel Link, Elena Dona­to, Valentín Díaz y Sebastián Frei­re propone un ambiente a oscuras en el que pueden escucharse de­claraciones de escritores memora­bles ligados al sentir porteño: Julio Cortázar, Osvaldo Lamborghini, Silvina Ocampo, Copi, Tamara Ka­menszain, María Moreno y Néstor Perlongher son algunos de una lista de escritoras y escritores vi­vos y muertos que constituyen una portentosa y multiparlante voz de Buenos Aires. “Las ciuda­des han sido realizadas y han sido imaginadas”, escribe Link en el texto en el que presenta el trabajo y agrega: “Nuestro propósito fue examinar algunos momentos de esa fuerza de la imaginación […] La literatura no imagina ciudades, sino que realiza (como la política, la arquitectura o el teatro) imagi­narios urbanos.”

En la misma sala están monta­das las obras de la recordada ar­tista Liliana Maresca, de Juan Tra­vnik y Ana Gallardo, entre otros, en las que aparece la Buenos Ai­res agotada y vital del fin del siglo XX, atravesada de carros cartone­ros y bancos blindados, cerrados a los ahorristas que golpeaban en vano las puertas de su reclamo.

Pero la obra que corona a Bue­nos Aires es feliz y dolorosa a la vez, inquietante y reveladora: es­condida en la parte de atrás de la sala se levanta una pared de ladri­llos huecos, anaranjados y pega­dos con el cemento desprolijo de las construcciones urgentes, de las ciudades secretas que se levantan a la vera de los discursos oficiales y la mirada de quienes nos creemos naturales dueños de la metrópo­li y de su historia. En esa pared hu­milde, tan reconocible como cual­quiera de los muros de una villa de emergencia, el artista Marcos Ló­pez instaló dos ventanas que dejan ver una de las caras más verdade­ras de Buenos Aires: esas venta­nas son dos plasmas en los que una cámara en travelling recorre de frente la expansión vital y em­pobrecida de la Villa 31: un barrio de emergencia que nació en 1932 y hoy es uno de los que más han creci­do, de los que más compatriotas y naci­dos en los países li­mítrofes contiene.

Buenos Aires es una exhibición de arte que propo­ne el encuentro no solo con la historia y con los personajes de lo porteño: en la perspectiva de esta muestra cada deta­lle, por más frívolo que parezca, describe una manera de ser y una manera de relacionar­nos con lo público y lo privado, dela­ta el modo en que hasta las decisio­nes menos trascendentes exponen marcadas políticas sociales.

Visitar a Buenos Aires, en la Fundación Proa, sin dudas propo­ne pensamiento.

 

Fundación Proa. Hasta el 27 de octubre. Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Tel. 4104.1000. info@proa.org. Martes a domingo de 11 a 19. Entrada $15.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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