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TEMAS DE LA SEMANA

Nancy Montes: “Mires lo que mires, los resultados de las PISA no dan bien”

Socióloga especializada en medición de factores sociales y demográficos, Nancy Montes dice que más que pelearse con el diseño de las pruebas convendría atender a lo que informan. Y deplora que falten herramientas de evaluación propias.

Por Diego Sasturain
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¿Qué valor tienen pruebas estandarizadas a nivel internacional, como las PISA?
Todos los indicadores tienen una potencialidad y un límite, por discutibles que sean. El país decidió participar, porque hacerlo nos pone en una conversación más global con otros países de la región y otros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), que no son todos, sino 65 en el último operativo. El número se modifica en cada operativo, así como las ciudades que participan. En este caso representa lo que pasa en la Ciudad y tiene el valor en ponernos en comparación con otros.

¿Qué es lo que se busca al participar en estos tests?
Creo que es esa comparación internacional, pero por ahora viene como un búmerang. En algún momento el ministerio planteó hacer una evaluación regionalizada. Hay pruebas que se hacen en la región, habrá que mirar otras cosas. Ahora, mires lo que mires no da bien.

¿Qué nos dicen los resultados de nuestra educación? ¿Son aplicables directamente?
Si una prueba, aunque sea diseñada por técnicos que viven lejos de nuestro contexto, mira qué es lo que saben chicos de quince años en términos de comprensión lectora y allí tenemos problemas graves, bueno, yo creo que ahí no hay que pelearse tanto con quien diseña las pruebas o los instrumentos sino ver qué es lo que está diciendo. Las PISA también vinieron a decir que los estudiantes argentinos son unos de los que tenían mayor ausentismo de la región. Eso es un dato adicional que no tiene que ver sólo con cómo se hacen los ítems sino con cómo funciona el sistema. Y eso es un dato complejo, también. Algo hay que revisar en base a esos resultados. Yo creo que lo que hay que modificar es la manera de enseñar en las aulas.

En un reportaje reciente, el director de PISA, Andreas Schleicher, dijo que no es necesario que los alumnos acumulen datos porque para eso está Google, sino que deben saber resolver problemas. ¿Eso está bien?
Yo creo que sí, porque efectivamente se puede enseñar a pensar y definir criterios o generarlos en contextos de complejidad o escenarios nuevos. Ahora, todo eso requiere un bagaje de herramientas previas. Uno podrá discutir si es más cultura humanista, más cultura letrada, cuánta cultura general. Pero se necesitan contenidos básicos que tendrían que estar garantizados para que se puedan generar otras capacidades, otra creatividad, otra capacidad de innovación. Cuando uno no tiene capacidad de leer imágenes o metáforas en el texto, tampoco tiene capacidad de pensar otros escenarios posibles. Cuando uno queda literalmente pegado a la letra, no puede leer entre líneas o desplegar otras asociaciones. Si eso no está, estaríamos todos fijados en cosas mínimas. Cada uno frente a un poema, una foto o una música, lee y escucha cosas diferentes. Eso se tiene que poner a jugar en las escuelas. No la literalidad sino el manejo de un lenguaje.

¿Las PISA y el bachillerato internacional no son una avanzada sobre la escuela pública de corporaciones privadas de la educación internacional?
Creo que sí, que es evidente. Quienes lo ven en el mapa global lo vienen planteando. Stephen Ball hace poco estuvo acá y presentó algo que viene diciendo hace muchos años: los sistemas de evaluación que proponen y venden empresas y corporaciones van delineando el modo de educación. Pero también dice que también hay fundaciones o empresas que tienen propuestas para presentar respecto a qué educación queremos. La cuestión es compleja. Allí donde hay andamiajes más débiles en los países, estas empresas tienen una propuesta consistente y no tienen casi discusión. Nuestro país tiene una tradición importante de defensa de la escuela pública que discute mucho con eso. Nosotros no somos Chile, que tiene el 70 por ciento de educación privada. Aquí es a la inversa, y tenemos un modo de leer lo privado. Para mí el problema es la calidad de lo público. Estas avanzadas pueden mucho más cuando lo público está desmejorado o desaventajado.

¿Y hay virtudes del sistema educativo que escapan a este sistema de evaluación?
Yo creo que la virtud que se escapa y no está medida por las PISA es haber ampliado el acceso a más estudiantes a las escuelas. El nivel inicial está en un 99 por ciento, casi completo, el secundario ya hay un 96 por ciento en el primer ciclo, falta mejorar que completen el ciclo superior, pero estamos en un 82 por ciento. Son tasas altas. Ese es un buen dato de nuestro sistema, que está en crecimiento. Porque van a venir más chicos y hay más variedad de ofertas, también para que los adultos completen la escolaridad. Cada vez se piensan más formatos para llegar a sectores que no pueden ser recibidos por las escuelas que tenemos. Ahora, yo no creo que en las escuelas estén pasando cosas muy importantes que no se reflejen en los indicadores.

¿Hay herramientas propias para evaluar la calidad educativa?
Los indicadores que usamos son los clásicos de la estadística descriptiva: repitencia, sobreedad, promoción, abandono, esperanza de finalización, porcentaje de egresados. Esos indicadores dan cuenta de que empeoramos o estamos igual. Lo que se modificó para bien son las tasas de escolarización. Lo demás, a nos ser algunas provincias como Córdoba y Tucumán, que han hecho cambios en sus indicadores con decisión política, han revertido cosas. En la Ciudad la sobreedad aumenta, disminuye la retención, la repitencia baja poco o está igual y el abandono está clavado en el 10 por ciento.

¿Y no hay indicadores de aprendizaje?
Ciudad tuvo un sistema de evaluación que yo llamo participativo, donde los docentes desplegaban lo que habían enseñado realmente durante el año y discutían los ítems con equipos de especialistas. Eso se evaluaba y luego corregían los especialistas y los docentes con los mismos criterios de corrección. Y después se comparaba cómo habían corregido unos y otros. Cuando los docentes participaban de este proceso y conocían lo que era hacer pruebas estandarizadas para toda la ciudad, ya el trabajo de decir qué habían enseñado y evaluar en base a eso era una estrategia de trabajo interesante. Cada docente lo podría hacer en el aula. Yo creo que estos sistemas nos ponen ante la pregunta de cómo los docentes evalúan en el aula. Yo creo que hay una arbitrariedad terrible. No hay discusiones institucionales de los criterios. Para un docente el diez vale algo, para otro, otra cosa. ¿Cuánto vale el seis? ¿Cuáles son los contenidos prioritarios? Esas discusiones no están. Entonces, no hay a nivel nacional consenso ni claridad respecto a qué tienen que saber los chicos de 15 años para discutir con PISA.

¿Qué se puede hacer en lo inmediato para mejorar el aprendizaje?
Se necesitan nuevos formatos escolares. La escuela secundaria, así como está, llegó a su límite. Ha servido para nosotros, pero no sirve ahora y tampoco les sirve a los docentes. Hay que encontrar nuevos modos de escolarizarse, pensar otros modos de que puedan mantener la escolaridad y la presencia escolar aun sin estar sentados en el aula. La virtualidad y la tecnología están poco exploradas. Por supuesto que necesitás una materialidad y recursos para hacerlo. No es lo mismo en Jujuy que acá en Almagro o Recoleta, pero me parece que necesitás otros dispositivos que hay pensar, que hay que inventar y probar. Las escuelas de reingreso son otro modo de trabajar con los estudiantes. Empezaron en 2004 para chicos que habían abandonado la escuela en el último año o en los últimos dos años. Hay sólo 8 en la Ciudad. Son las que aumentaron la matrícula en los últimos años. Tienen una propuesta de acompañamiento a trayectorias y no se cursa por año de estudio. Así se elimina la repitencia, que para nosotros tendría que abandonarse, porque los chicos no aprenden más porque repitan. Sobre todo, si aprobaron la mayoría de las materias. La sobreedad lo demuestra, vuelven a repetir. Hay que generar otros sistemas de acompañamientos de los estudiantes, más cuerpo a cuerpo, y otras escenas de trabajo docente.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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