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TEMAS DE LA SEMANA

«Nadie quiere ser nadie»: Tristezas de clase media

Retrato de la tediosa vida familiar en un barrio cerrado.

Por Sabrina Haimovich
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Secuencia 01_20

Mariela Asensio es una joven actriz, dramaturga y directora teatral con un fuer­te interés en proble­máticas como los estereotipos de género y las diferencias de cla­se. Sus obras son desprejuicia­das tanto en la actuación como en el texto, y se alejan de los cá­nones teatrales convencionales para acercarse a la performance. En sus puestas, el tema de la re­belión aparece en distintas varie­dades, ya sea encarnado en las historias de los personajes o en las actrices que toman la palabra y se rebelan frente a la directora.

Al respecto, en una entrevis­ta concedida a Diario Z, Asensio afirma: “Nunca toleré la desigual­dad. Tal vez, el teatro sea mi forma de re­belarme a la injusticia”.

Nadie quiere ser nadie se sitúa en el in­terior de un barrio cerrado y retrata cáus­ticamente la vida de la clase media alta en esas condiciones. El micromundo del coun­try es el ámbito que amplifica las desigual­dades. Por un lado, los señores de la casa, que son “progres” y “macanudos”, adic­tos al diván del psicoanalista (y al whisky), que se aburren infinitamente en su campa­na de cristal.

Los matices de su clase se aprecian a través de los roles de la madre (una ama de casa maniática y sin tarea alguna), un pa­dre fóbico al fracaso, sus hijas (una que car­ga con el mandato materno de perfección como una cruz y otra que se refugió en el rock) y un hijo mimado y diletante que es­tudia danza contemporánea en el exterior. Del otro lado, la empleada doméstica que lleva años en la familia pero teme ser des­pedida en cualquier momento por nimiedades tales como llevarse empanadas para sus hijos, y el per­sonal de seguridad, un obsecuente renegado de su clase.

De un lado, aparece el tormen­to frente al desgano, la falta de motivación y de disfrute de la vida a pesar de tenerlo aparentemente todo resuelto.

Del otro, una vida sometida constantemente a situaciones de sumisión humillante. La directora apela a la música de Disney a Las Pelotas para subrayar los concep­tos que desenvuelve en la obra. Asensio dice que la vez que pasó sus vacaciones en un barrio cerrado fue desesperante. “El teatro es la forma que encontré de aportar mi grano de arena”, dice, a manera de despedida.

 

Nadie quiere ser nadie. Sábados, a las 22.30, en el CELCIT, Moreno 431. Entrada: $120.

 

DZ/nr

Fuente Redacción Z
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