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TEMAS DE LA SEMANA

Museo del Bicentenario: Recorrido por la memoria colectiva

Una narración de la historia argentina a través de obras de arte y objetos que articulan la vida cotidiana nacional con las vidas de sus principales protagonistas.

Por Juan Carlos Antón
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Conviene ir con tiempo. Las enormes dimensiones del Museo del Bicentenario –aproximadamente 5.000 metros cuadrados– piden paciencia. Es que se trata de recorrer nada menos que doscientos años de historia argentina mediante una serie de estímulos visuales que incluyen el escudo del Fuerte de Buenos Aires, pasando por el bombín de Hipólito Yrigoyen hasta el traje cruzado y los mocasines que usaba Néstor Kirchner. También se exhiben videos, automóviles, carruajes, afiches y cuadros. La “frutilla del postre” o el plato principal, según se mire, es el bello mural Ejercicio Plástico, de Siqueiros, uno de los preferidos por los turistas. Todo en el marco de las paredes del antiguo Fuerte y de los arcos restaurados de la ex Aduana Taylor.
Pero antes de recibir esta información, la propuesta es relajarse. La primera sala, a la izquierda apenas se entra, está dominada por una pantalla gigante que muestra cómo era la costa porteña antes de que llegaran los conquistadores: “Se trata de un espacio vivencial –señala Eloy Rodríguez Tale, responsable de prensa y relaciones públicas del Museo–. La idea es ambientar y poner un freno a la locura que se trae de afuera, al ruido, al tránsito y que la gente pueda entrar en sintonía con lo que le ofrecemos”.

Luego de la serenidad del río, en la sala siguiente, se entra de lleno en lo que queda del Fuerte. Están las paredes de ladrillos gruesos, hay cerrojos, arcones y hasta los planos originales. “No todos saben de la existencia de este fuerte donde ahora se encuentra la Casa Rosada y se asombran mirando el video, donde se muestra cómo fue la evolución de este espacio”, explica Rodríguez Tale.

El resto de la edificación del Museo está comprendida por los antiguos arcos del patio de maniobras de la Aduana Taylor –llamada así por el ingeniero inglés que la construyó en 1855–. El lugar, que había quedado sepultado, fue convenientemente restaurado. “La Aduana –explica Rodríguez Tale– constituyó la primera avanzada sobre el frente costero de la ciudad. Ocupaba todo lo que actualmente es la Plaza Colón. Tenía un muelle de 300 metros, ya que los barcos encallaban por la poca profundidad del río. De todo el enorme edificio sólo quedó el patio de maniobras con sus arcos y galerías”.

Precisamente en esas galerías aparece el nudo central del Museo. Se trata de catorce módulos, uno por arco, que incluyen material de personajes y momentos históricos. Allí están Rosas, Roca, Perón, los setenta, el regreso de la democracia, Menem, De la Rúa e imágenes de Cristina Kirchner. “La idea es no abrumar al espectador con muchísimos objetos sino que se trata de ofrecer vitrinas más acotadas con cada módulo. Además, un video cuenta el período que se está tratando, con objetos que caractericen a los personajes que estaban en la época”, explica Rodríguez Tale.

Aparecen entonces, en una secuencia cronológica, objetos entrañables, pero también imágenes duras que marcaron la historia del país. Se ve un documental de la década infame y más allá aparece un afiche de la “Marcha contra el hambre” para el festejo del 1 de mayo de 1972. También está el aviso que invitaba a todos al acto de cierre de la campaña radical para “El Argentinazo de Alfonsín” en octubre de 1983. En el último módulo, la gente observa con atención la camiseta que usaba Néstor Kirchner para jugar “picados” en la quinta de Olivos.

“La idea es que el visitante se quede en el período que más le interese. No hacemos guías continuas por eso, aunque se pueden solicitar. En general la gente se emociona. A veces hay cosas de la historia que te pegan un escalofrío. Lo importante es que, sea cual sea el gobierno, esto es una obra que va a quedar. El aprovechamiento de este espacio es fantástico”, señala Rodríguez Tale.

La gente disfruta, recorre, se detiene. “El Museo está lindo, precioso, está muy bien restaurado. De todo lo demás, hay cosas que me gustan y otras que no, pero como obra arquitectónica es muy linda”, dice Susana de Núñez. “Aguante Kirchner”, exclama, por su parte, Sandro de Córdoba, luego de observar las vitrinas de 2003 en adelante. “Es hermoso. Es para venir muchas veces. Hay información de todos los gobiernos. Eso está bueno”, reconoce.

De carruajes y autos

El Museo también comprende un sector dedicado al arte político que tiene una correlación con cada uno de los módulos. Dos obras parecen llamar la atención de todos. Retrato del Presidente Juan Domingo Perón y su señora esposa María Eva Duarte de Perón, del artista francés Numa Ayrinhac de 1948, es muy conocido, ya que se ha visto reproducido total o parcialmente. La otra obra que llama la atención San Martín, Rosas, Perón, de Alfredo Bettanin, un óleo sobre tela de 1972, que busca resumir la historia argentina.

Junto a las obras de arte hay lugar para vehículos importantes de la historia nacional. Se destacan los carruajes, utilizados por Hipólito Yrigoyen y Julio Roca, y entre los automóviles, se lleva todos los clicks de las cámaras la Cupé Justicialista Gran Sport de 1952, un emprendimiento que formó parte del Segundo Plan Quinquenal.

Sobre las preferencias de los visitantes y en qué se detienen, Michelle del Negro, una de las guías, informa que “depende de cada persona. Yo hago una introducción y después el recorrido lo hacen solos. Cada uno mira lo que quiere. Esto es para sentarse a ver, incluso hay gente que viene varias veces. Es que siempre se puede descubrir algo nuevo acá”.

El mural recuperado de Siqueiros

“Venimos por el Siqueiros”, dice un grupo de amigas que hace fila en medio del Museo del Bicentenario. Es así, gran parte de los visitantes no se acercan a Paseo Colón al 100 para enterarse de la historia argentina sino para ver de cerca ese tesoro artístico.

Eduardo Guitima, restaurador de obras de arte, fue uno de los encargados de extraer el Siqueiros de donde estaba. Actualmente trabaja en el Museo y es quien se encarga de despejar dudas sobre la obra de arte realizada por el gran muralista mexicano, junto a los artistas argentinos Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino, y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro.

“Esta obra es el inicio del muralismo en la Argentina –explica Guitima–. Lo pintó en el sótano de la quinta de Natalio Botana en Don Torcuato. Para sacarlo, se cavó un foso alrededor de todo el sótano y se le hicieron tres cortes a lo largo. Se desarmó en seis paneles más el piso. Es un caso único en el mundo porque si bien se han hecho extracciones planas, no se realizaron curvas como en este caso”.

La obra, denominada Ejercicio plástico, busca crear la ilusión de movimiento en las figuras representadas y así generar en el espectador la sensación de sentirse como dentro de una caja de cristal sumergida en el mar. No es arte político y por eso también se destaca dentro del espacio del Museo. “Es verdad que no es política pero tiene lazos con el resto del Museo –advierte Guitima–. Esto fue pintado en la quinta de Botana, director el diario Critica, que fue clave en la historia política argentina”, explica Guitima.

Tras una larga batalla judicial, que de hecho todavía no está resuelta, el mural fue expropiado y forma parte del patrimonio del Estado. “Acá sigue dando la sensación de que se encuentra bajo tierra y está en pleno circuito turístico. Para todo mexicano que viene a la Argentina, es sin dudas la meca”.

 

Fuente Redacción Z
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