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TEMAS DE LA SEMANA

Museo de la Lengua: palabras vivas en los libros y en las bocas

Por qué es clave construir un ámbito donde se registre la lengua hablada y escrita de los argentinos

Por Roberto Durán
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Cómo mostrar el libro en un museo? ¿Cómo ha­cer para que no parez­ca un objeto inerte? ¿De qué forma se muestra, en una sala, que el lenguaje es heterogéneo y cambiante? Éstas son algunas de las preguntas que surgieron a la hora de pensar el Museo del Libro y de la Lengua, que inauguró el 28 de septiembre la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, y que va a quedar abier­to al público el 11 de octubre.
El nuevo edificio, que está en las calle Las Heras 2555, fue diseña­do por Clorindo Testa, el mismo ar­quitecto que proyectó la Biblioteca Nacional a inicios de los 60; los dos inmuebles comparten un predio en el barrio de Recoleta. Su directora, la cientista social María Pia López, explicó a Diario Z el criterio con el que fue pensado, cuáles serán los primeros pasos de su gestión, las actividades previstas y la necesidad de crear un mapa sobre el habla del español en la Argentina.

¿Cuál fue la idea inicial?
Es un proyecto que surgió en la Bi­blioteca Nacional hace cuatro años, durante esta misma gestión de Ho­racio González. En un principio se pensó como un museo del libro, pero luego ampliamos los horizon­tes. Tomamos como modelo, entre otros, al Museo de la Lengua Por­tuguesa de San Pablo. Su idea fue crear un espacio vivo e interactivo sobre el portugués.

¿A qué respondió ese cambio de enfoque?
Por un lado, pensamos que el Mu­seo del Libro tenía que ser un lugar que invitara al visitante a constituir­se como lector. Queremos que la persona que llega se sienta invita­da a encontrarse con los libros, más que a pasar por las vitrinas y ver ob­jetos inertes. Junto a los libros, el otro gran acervo cultural que tene­mos es la lengua, que todos com­partimos y sabemos usarla con in­novación y creatividad: incluso los gramáticos llegan después de la ex­periencia real de la lengua. Enton­ces, el museo fue virando hacia un reconocimiento de ese otro plano, que es el sustrato mismo de una cultura.

Y también de acceso más de­mocrático que el libro, ¿no?
Claro, la cuestión de la lengua pone la discusión en un plano más demo­crático. No todos somos escritores y muchas personas están alejadas de la escritura. No todos se recono­cen como lectores. En cambio, to­dos tenemos la facultad del uso de la lengua y experimentamos todo el tiempo. Por eso decidimos agregar la cuestión de la lengua; la idea es construir un museo que sea capaz de hablarles a todos.

Uno de los objetivos es no mos­trar el libro como un objeto inerte. ¿Cómo piensan hacerlo?
Queremos mostrarlo como un ob­jeto material, con una peculiari­dad que lo vuelve único. Queremos mostrarlo también en el plano de los contenidos, de las ideas y de la estética. Y quizás el gran desafío es mostrar en un museo la experien­cia del lector. ¿Qué le pasa a un lec­tor cuando lee? Vamos a convocar a artistas para que hagan trabajos sobre ese mutuo enganche entre li­bro y lector.

No debe ser fácil quitarles el aura de seriedad que tienen muchos museos y bibliotecas.
Una de las cosas que queríamos mostrar es que en un territorio co­existen muchas lenguas diversas. Esas lenguas provienen de las po­blaciones originarias y de las dis­tintas colectividades de migrantes que fueron llegando al país, des­de los italianos hasta los coreanos o los chinos. Además de decirlo, está bueno mostrarlo. Uno de los juegos es una especie de bingo informáti­co, en el que uno puede elegir una lengua, suena una palabra y debe encontrar en la lista a qué lengua se refiere. Y así con dos lenguas di­ferentes. Otra información lingüísti­ca que queríamos dar es sobre lo correcto y lo incorrecto en el uso de ciertos términos. ¿Cuál es la lengua estándar? ¿Quién la fija? ¿Cuáles son los criterios? Por ejemplo, has­ta principios de siglo, Madrid era el centro rector de la lengua y el lu­gar que fijaba qué era hablar bien y qué hablar mal. Hasta los años 60, el voseo era considerado una forma errónea del habla. Es una gran dis­cusión sobre el derecho a la auto­nomía lingüística.

El Museo del Libro y de la Len­gua ya tiene programadas activida­des para los próximos meses. La ci­neasta Albertina Carri realizará una videoinstalación, Carlos Ulanovsky prepara un trabajo sobre cómo se habla en la radio argentina y tam­bién se restaurarán unos murales con presencia del público. Este últi­mo proyecto es, quizás, uno de los más ambiciosos y con mayor rique­za artística.

¿Cómo llegaron esos murales a la Biblioteca Nacional?
En 1992, cuando las Galerías Pacífi­co se privatizaron y se convirtieron en shopping, se sacaron las cuatro lunetas de los costados de la cúpu­la y fueron llevadas al Ministerio de Educación. En los años siguientes fueron cedidas a la Biblioteca Na­cional. Son trabajos de Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, Manuel Colmeiro Guimaraes y De­metrio Urruchúa. Cuando el museo abra sus puertas, los visitantes po­drán asistir al proceso de restaura­ción de los murales, que tuvieron un gran deterioro por los trasla­dos. El trabajo se hará en conjun­to con la UTN y la Universidad de San Martín.

¿Qué otras actividades están previstas para los primeros me­ses de apertura?
El museo tiene una planta baja, de­dicada a la cuestión de la lengua. El primer piso, para exposición de li­bros. Y un segundo piso para insta­laciones. En el subsuelo hay otro es­pacio para muestras y un auditorio para 60 personas. Habrá una insta­lación que curó Carlos Ulanovsky sobre el lenguaje en la historia ra­dio argentina. Y estamos trabajan­do en el mismo concepto, pero en televisión. También hay un material muy divertido de Laura Kornfeld, que hizo una producción lingüísti­ca sobre cómo se usan las señas es­tablecidas en la lengua, por ejem­plo para pedir un café o hablar por teléfono. Para hacerlo, rastreó en los programas de televisión. Habrá también una videoinstalación de Albertina Carri; es una ficción de 17 minutos ligada al tema del libro y de la lengua. La idea es que ese espacio se vaya renovando con el aporte de artistas argentinos.

¿Piensan hacer algo con las len­guas autóctonas?
Uno de los grandes problemas es la falta de un mapa de lenguas. Pen­samos hacer una primera mues­tra temporaria concentrada en las lenguas indígenas, pero los antro­pólogos y etnolingüistas se cho­caron con este obstáculo. No hay un relevamiento que se pueda to­mar como algo aceptable y consen­suado sobre qué poblaciones ha­blan qué lenguajes y en qué parte del territorio están inscriptas. En el país, hay muchísimos profesionales sólidos y respetables, pero trabajan sobre un lenguaje en particular y en su comunidad. No hay muchas in­vestigaciones generales. Una de las fantasías del museo es encarar un proyecto y convertirse en un cen­tro de investigación que produzca ese mapa de lenguas, con la ayu­da de otras instituciones. La len­gua es algo que cambia mucho en el tiempo y entre las regiones. Hay que producir actualizaciones y re­gistros. Es un trabajo arduo, pero queremos hacerlo.

¿Cuánto costará la entrada?
El ingreso será libre. Es muy impor­tante el libre acceso a los bienes culturales. No estamos de acuerdo con el rasgo elitista que tienen, por ejemplo, el precio de las entradas para el Teatro Colón, ciertos mane­jos en el FIBA y otras cuestiones.

 

Paseo del habla

Planta baja. El objeto central del museo es la lengua de los argen­tinos, su diversidad regional y las transformaciones producidas por la coexistencia con las lenguas de los pueblos originarios y migrantes. El museo intenta que el visitante se vea como experto frente a su propia lengua. Habrá producciones audiovisuales, paneles explicativos, pues­tos de consulta con navegaciones por distintas regiones del país, jue­gos electrónicos y mecánicos.

En el primer piso el objeto expositivo es el libro: traducciones, pro­hibiciones, pedagogía política, el surgimiento de nuevos públicos, las escrituras de emergencia. Además, el visitante se encontrará con un mapa de las editoriales argentinas, desde la Imprenta de Expósitos. Y con un manuscrito de Rayuela, de Julio Cortázar.

En el segundo piso está la sala de exposiciones temporarias. Habrá una instalación de Roberto Jacoby sobre el artículo 14 bis de la Consti­tución. En los techos se proyectará un mural de letras interactivas que compone textos a medida que los visitantes caminan por el piso.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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