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TEMAS DE LA SEMANA

Mundo de paño azul

Los amantes de la mesa sin troneras tienen su lugar en Colegiales.

Por Federico Raggio
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El partido va 19 a 17 a favor de Coco, según marca la pizarra digital. Roque no tiene chance de fallar. Considerado el más destacado jugador del club, siente la presión sobre su pulso. “Tranquilo, pibe”, lo chicanea Coco. “Me tengo fe”, le canta Roque.
La bola blanca recorre una, dos, tres… cuatro bandas e impacta a la roja. Carambola, el “gol” del billar. Roque sonríe, los demás lo aclaman a coro: “¡Muy bueno, gordo!”.

El Vergez es un club de billar con más de 30 años de antigüedad. Funciona dentro de las instalaciones del Club de Ajedrez Mariano Moreno y cuenta con mesas profesionales, como las de las mejores salas del mundo. Tiene casi 150 socios, que se juntan cada semana a calcular efectos imposibles con sus tacos de madera de arce canadiense. Además de organizar regularmente torneos nacionales, cada tanto el Vergez recibe la visita de maestros de distintas partes del planeta. 

En el recinto donde se juega hay fotos de los socios y de los torneos y una vitrina llena de trofeos. Impera el buen humor. Hay siete mesas con luces LED, que iluminan el paño azul sin producir sombras. Sobre la pared, están las pizarras electrónicas, que muestran el marcador de cada partida, y los teléfonos para pedir un trago al buffet. La temperatura ambiente que proveen los equipos de aire es la adecuada para que los factores de humedad y calor permitan el buen recorrido de las bolas sobre el paño. Julio Villarroel, presidente de la comisión directiva, explica cómo se monitorea la temperatura de la sala y de las mesas: “Ahí, en ese cable, tenés la temperatura de cama (que recubre el paño) y de banda. La cama es una pizarra, una piedra pulida de seis centímetros de espesor.

Todo esto –dice señalando la mesa– pesa 800 kilos”. Y agrega que hay pocos lugares en la ciudad con este tipo de mesas importadas. “Estos paños son los más importantes: Simonis 300, son los que se usan en las finales de los campeonatos del mundo”.
El billar tuvo muchos adeptos en Buenos Aires, sobre todo en las décadas del 50 y del 60. Ahora, en cierta manera, el “pool” reemplazó a las mesas sin troneras. Sin embargo, una partida en medio de la noche invernal espera definirse.
“Esto es un penal sin arquero, viejo”, dispara Coco, que va ganando por muy poco. Tira, y la bola sigue de largo.

Roque respira hondo. “Me parece que le voy a ganar, me la juego”, murmura muy concentrado Roque. Carambola a tres bandas, y se queda con la partida.  “Si no me da ventaja, ni remotamente le gano”, suelta Coco por lo bajo.
La próxima semana, o quizá mañana, se jugará la revancha.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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