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TEMAS DE LA SEMANA

Muestra Aquí el vacío se come: Ciudadanos del caos

Las fotos del francés Nicolás Bohler captan la filosofía de vida de los porteños, siempre abiertos a lo inesperado y al desorden que de un momento a otro irrumpe y lo cambia todo.  

Por Néstor Rivas
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05 - Suicidio ejemplar
07 - Damas y gitanas
09 - Pop canino
25 - Verdulería Los Amigos
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Para el fotógrafo Nicolás Bohler, quien dice sentirse “muy identificado” con los porteños, Buenos Aires “es un territorio promiscuo, donde la búsqueda de sentido se hace en conjunto, y donde la ausencia de sentido se comprueba también en conjunto.” Esta visión y la sorpresa que están detrás podrían servir a la vez de invitación y de guía para visitar la muestra Aquí el vacío se come. Son 31 tomas de un joven francés, alucinado con Buenos Aires y sus habitantes, que retratan a la ciudad y a sus habitantes “emanando tragedia, manifestando en su melancolía exultante la concordancia vital que hay entre el don y el duelo, entre la aventura y la derrota”, según dice el autor.
Bajo su mirada, lo arquetípico y cotidiano de nuestra ciudad es resignificado, apartado de lo vulgar y redescubierto en su magnífica imperfección. Bohler rescata una ciudad y una porteñidad poéticas, caóticas y algo misteriosas. Obreros, inmigrantes, teléfonos públicos, playas de estacionamiento, parrillas humeantes; el Hipódromo, la Plaza de la República y los edificios de Congreso, recortados por la luz de la luna o comprimidos bajo el peso de nubes grises; escenas de teatralidad cotidiana, como la de un verdulero atendiendo a un cliente, la de un juego de barajas en un conventillo de escenografía surreal, o una pareja de ancianos que pasean amorosamente tomados del brazo, cargando un ventilador; un demente participando del cambio de guardia de los Granaderos en la Plaza San Martín; dos monjas picoteando papas fritas; una señora “bien”, con su tapado de cuello de piel, bajando de un taxi y mezclándose entre dos gitanas. Son algunas de las imágenes –a la vez, mágicas, psicodélicas y melancólicas– que capturó Bohler con su cámara digital. Las fotografías no son postales: configuran una crónica de Buenos Aires.
“Del porteño me enamora que exagere tanto, sólo por necesitar consuelo, y me enamora el fervor que brota en sus heridas. Buenos Aires tiene mucha humedad y mucha soledad”, intenta explicar Bohler, cuyos datos biográficos indican que nació en Lorena, Francia, en 1981. Llegó a Buenos Aires en 2005, “atraído por cierta intuición de que me resultaría familiar, pero juro que no elegí nada. Buenos Aires fue la que me eligió. Para usar un término fotográfico, diría que fui revelado por esta ciudad”.
Esta muestra tuvo su disparador en un aviso completamente cotidiano, pero “asombroso” para este europeo que recién había llegado: la promoción de un sandwich de vacío en una parrilla al paso. “Recuerdo nítidamente haber contemplado con asombro aquel pizarrón”, rememora. “El genio argentino, cuya principal característica consiste en autoignorarse, había logrado desfigurar la metafísica hasta convertir el vacío en un sandwich. De ahí el título de la muestra, que sugiere una filosofía porteña en la cual no se les teme ni al caos ni a la otredad; una filosofía que comprende, con mayor sinceridad, lo finito de nuestra condición: a la Nada nos la tenemos que morfar”.
Según Nicolás, en el Viejo Continente “perdura una pretensión de dominio sobre la realidad que es angustiante y mentirosa. Lo que encuentro valiente y drásticamente opuesto en Buenos Aires es el sentido de la derrota: acá siempre hay una vaga intuición de que algo inesperado puede modificar el curso de tu vida. Esa sospecha tiene que ver con la conciencia de lo vano que es conquistar. No obstante, en el canto a la derrota del argentino impera de manera inconsciente una voluntad de triunfo”.
Las fotografías de Bohler son una puerta para redescubrirnos desde una mirada que exuda espontaneidad y frescura (entre tanta humedad).

Córdoba 946. Lunes a viernes, de 9 a 20. Sábados de 9 a 13.

Fuente Redacción Z
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