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Los sueños de Moyano

Por Reynaldo Sietecase. A poco más de un año de su ruptura con el gobierno nacional, el dirigente camionero presenta a fines de este mes su partido político. La intención es aglutinar al peronismo disperso, competir en la provincia de Buenos Aires y, quizá, lanzarse tras su sueño de un presidente de extracción sindical.

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moyano Hugo Moyano presenta a fines de este mes su partido político.

El Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo (PCEyT) será lanzado antes de fin de mes en Mar del Plata. Lo confirmó a la agencia DyN el ex diputado Octavio Argüello, apoderado del nuevo partido que lidera Hugo Moyano y que tiene como estructura fundamental el Sindicato de Camioneros y gremios aliados. La nueva fuerza tendrá eje en la provincia de Buenos Aires y se plantea como “alternativa superadora al kirchnerismo”. Moyano asegura que el gobierno viró al “neoliberalismo” y pretende aglutinar tras su figura a todo el peronismo no kirchnerista para disputar las elecciones de octubre próximo con listas propias.

Argüello no descartó que Moyano se convierta en candidato a presidente en 2015. Cuando le preguntaron sobre eventuales alianzas con el gobernador Daniel Scioli y el intendente de Tigre, Sergio Massa, para determinar la sucesión presidencial de 2015, el apoderado afirmó: “Nosotros ya nos definimos, Moyano rompió con este gobierno el 15 de diciembre de 2011. Falta que se definan los demás”.

Scioli y Massa, más allá de los coqueteos y las fotos equívocas, siguen con los pies en el plato. Hay una vieja frase utilizada en el peronismo: “el que se mueve antes de tiempo, no sale en la foto”. Tanto el gobernador como el intendente son artistas del equilibrio. No se van a apresurar y por eso no escatiman elogios para la Presidenta.

Lo cierto es que Moyano, durante años el principal aliado del gobierno, receptor de subsidios y negocios, designaciones y fondos públicos entre 2003 y 2011, se convirtió en el principal rival del gobierno nacional. 

El país pagó un costo extra por este entendimiento: la destrucción del ferrocarril, iniciada en los setenta y profundizada en los noventa, no se detuvo.

Cuando se sintió desafiada en su poder y con el respaldo del 54 por ciento de los votos, la presidenta Cristina Kirchner se decidió a enfrentar a su antiguo socio. En un año le quitaron casi todo. Y más, al no lograr que dé un paso al costado en la CGT, propiciaron la división de la central obrera. 

Está claro que en la Argentina las lealtades tienen la perdurabilidad de la conveniencia y esto no sólo le atañe al peronismo.

Moyano se dispuso a dar batalla. Renunció a su cargo como presidente del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires. Propició mayor conflictividad social. Planteó un paro general con desabastecimiento y revirtió su histórico conflicto con Clarín, para utilizar al grupo mediático –enfrentado al gobierno por la ley de medios– como principal difusor de sus propuestas. 

Con esa misma lógica de “enemigo de mi enemigo: amigo mío”, el gobierno cerró filas con el sindicalismo que más cuestionaba al dirigente camionero. Apoyó a los ex menemistas y logró romper el frente gremial. 

Moyano acertó con los reclamos en la medida en que el gobierno falló al sostener a rajatabla un esquema impositivo que afecta a miles de trabajadores, si bien es cierto, a los de mejores salarios. El camionero se apropió de un reclamo generalizado en la clase media afectada por el bajo nivel del piso que tiene el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría. También caló hondo el reclamo por la generalización de las asignaciones familiares. 

Por primera vez, los dirigentes sindicales que rechazan al camionero y tomaron la decisión de acercarse al gobierno, debaten si no se equivocaron. Ningún funcionario nacional se anima a responderles la pregunta: ¿qué ganamos? Algunos, incluso, especulan con la reunificación de la CGT.

Claro que para eso Moyano sigue siendo un escollo. El camionero no quiere dar un paso al costado y menos ahora. 

Los Moyano y sus amigos se entusiasman. Lo imaginan como un nuevo Lula. Su discurso trasciende lo gremial, gana en voltaje y temática: pide más plata para los jubilados, pide por la estatización del Banco Hipotecario, critica la inflación, habla de lo mal que funcionan los ferrocarriles, se cuida de criticar a Mauricio Macri y se opone a todo lo que hace el gobierno. El mismo gobierno que apoyaba a rajatabla apenas un año atrás. 

“La que cambió fue la Presidenta”, explica. 

Es difícil imaginar a Hugo Moyano como un candidato con posibilidades de llegar a la Casa Rosada. Más allá de su entusiasmo mantiene una altísima imagen negativa, una mochila que comparte con la mayoría de los dirigentes gremiales. 

Su pasado antimenemista no lo diferencia demasiado, en adhesión popular, de los llamados Gordos de la CGT. Con todo, hay que reconocer que elegir la vía electoral es el camino más adecuado. En democracia, las diferencias políticas se dirimen en elecciones. Los daños colaterales de estos enfrentamientos son los menos cruentos para la ciudadanía en general.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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