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TEMAS DE LA SEMANA

Mónica Scapparone: “No me atrae mucho lo que se ve en tele”

La actriz habla de su personaje en la tira Señores papis, de la televisión y de su acercamiento a Abuelas de Plaza de Mayo.

Por Brenda Salva
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mónica_scapparone

Es la “Anyelina Yoly” de la tira Se­ñores papis, de Telefé, donde un cuarteto moderno de padres solteros intenta seguir con su vida además de ejercer la paternidad. Mó­nica Scapparone (46) es en esa ficción la di­rectora del jardín de infantes, la que se le tira encima a Luciano Castro, la obsesiva e inmadura, pero a la vez querible. La actriz habló con Diario Z sobre su personaje, la televisión y su compromiso con las Abuelas de Plaza de Mayo.

¿Cómo es el personaje que interpretás en Señores papis?

En junio del año pasado me llamó Telefé para contarme el proyecto, me pareció que era algo distinto, gracioso y con color. Me habla­ron sobre la directora del jardín, donde van los hijitos de los protagonistas, y me gustó la idea de componer ese personaje. Me pare­ce una persona bastante inmadura emocio­nalmente, afectuosa y que su vida son los chicos, porque hace mucho tiempo que di­rige el jardín. “Anyelina” es muy moderna, con algunos rasgos posesivos y un poco con­flictiva. En la historia está recién separada. Me encanta la relación que tiene con los muchachos, está superenamorada del per­sonaje de Chori (Luciano Castro).

¿Te aprendés el libro a rajatabla?

Soy medio rebelde. Cuando a mí me llaman también toman en cuenta que yo armo y desarmo los personajes. En general, pue­do conformar un personaje, y en el camino siempre armo otra cosa. Me parece impor­tante no ser tan estructurada, ni siquiera me aprendo la letra estrictamente, y creo que eso es lo interesante del actor. Y so­bre todo en televisión, porque no sabés con qué te vas a encontrar. No vamos a marcar tarjeta, vamos a hacer lo que nos gusta.

¿Qué opinás de la televisión argentina?

No noto mucha evolución. No soy una perso­na que mire mucha televisión, la miro más por mis compañeros, pero no me atrae mucho lo que estoy viendo. Yo creo que en ciertos pro­gramas se vislumbra la comodidad de lo que ya funcionó. Y parecería que ahí vamos y nos quedamos. No veo riesgo ni mucho vuelo. De repente en la tele he visto programas más independientes donde se tocan otros temas, donde aparentemente se atre­ven a bucear por otras aguas. Señores papis, si bien es de Telefé, me pare­ce que tiene color, que la propues­ta intenta contar algo des­de otro lugar. No soy muy consumidora de televisión. Pa­recería que es paradójico, pero casi nunca estoy en mi casa. Me pare­ce que están buenas algunas cosas de Ca­nal Encuentro, vi algún que otro programa que tiene riesgo y algo más profundo que lo visto. Hasta la estética es diferente. Mentira la verdad es una de las propuestas que más me gustó.

¿Qué te gusta más: el cine, la televisión o el teatro?

Como espectadora, lo que más me gusta es el cine. Alos veinte años veía tres películas por día y no de cualquier industria, veía cine ruso. O me iba a las cinematecas. El cine es algo que me conmueve profun­damente, me emociona, me parece que es el lugar donde todo es posible. He he­cho cine y me encanta, a pesar de que es un laburo de 12 horas diarias. La televi­sión me gusta y es un espacio de mu­cho entrenamiento. También hice tea­tro, aunque muy poco; cuando me han llamado, han sido cosas que no me parecían interesantes, o sentía que no eran para mí. Soy afortunada porque tengo la posibilidad de elegir.

¿Cómo te acercaste a las Abuelas de Plaza de Mayo?

Fue en los noventa y cuando hice Mon­tecristo mucho más, pero desde chica me movió este tema. No pasó nada en mi familia ni con gente cercana, y sin embargo siento que lo que su­cedió en la dictadura nos pegó a todos. Gracias a Montecris­to se recuperó una nieta, hubo una gran movida y las Abue­las estaban felices. Fue mara­villoso. Los desaparecidos son almas, vidas truncadas, his­torias de chicos y chicas, nie­tos o hijos que no están. No me gusta que se hable de desaparecidos, son perso­nas con nombre y apellido. Alos 16 años me enteré qué sig­nificaban esos cuerpos dibujados en el piso de Plaza de Mayo: fue un gol­pe directo al alma.

¿Qué es la felicidad?

Encontrarme con gente que quiero, disfrutar, actuar, salir a caminar sola sin rumbo, comer con alguien que quiero o emocionarme cada vez que escucho La Polonesa de Chopin. Los pequeños detalles de la vida.

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Fuente Redacción Z
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