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TEMAS DE LA SEMANA

Mirta Zaida Lobato: «La discriminación de las mujeres se da en el salario»

La historiadora especializada en el trabajo femenino repasa el estado de las problemáticas de género en la actualidad. Dice que, si bien hay muchos avances, hay ciertas desigualdades que aún no fueron superadas.

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lobato

Profesora e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, Mirta Zaida Lobato se reconoce como feminista. Desde hace décadas se dedica al estudio del mundo del trabajo y las relaciones de género. Autora de textos muy citados como Historia de las trabajadoras en la Argentina, 1869-1960, reconstruye con retazos y relatos de mujeres obreras la historia de las trabajadoras en la Argentinas, un tema que no suele llamar la atención de los cientistas sociales.

¿Cuál es el lugar de la mujer en el mundo del trabajo?
La presencia femenina en el mundo del trabajo tiene mayor visibilidad y es mucho más amplia en términos porcentuales que a principios del siglo XIX, que es cuando yo más he investigado. Entonces era limitado y al mismo tiempo los registros censales eran insuficientes. Ciertas ideas hacían que no se registrara el trabajo femenino. Las estadísticas abren o cierran espacios para tener más información.

En la Argentina, ¿cuáles son los rubros en los que más presencia femenina hubo y hay?
En relación a actividades industriales, hay una en donde la presencia femenina es y fue muy importante que es la industria textil. Hay otro sector, que no es de trabajo industrial, que es el servicio doméstico, con características peculiares, de menor protección frente a otras actividades. Después hay diferentes momentos, por ejemplo a principios del siglo XX el 30 por ciento de las personas que trabajaban en frigoríficos eran mujeres. En la industria de la alimentación, en cualquiera de sus rubros, hay muchas obreras, ya sea porque se considera que son más limpias, más ordenadas, más hábiles con las manos.

¿Hay alguna relación entre la maternidad y el hecho de que ciertos rubros empleen más mujeres?
Se reconocen ciertas habilidades y destrezas de las mujeres que hacen que trabajen más en algunas industrias que en otras, lo que obliga a pensar por qué esas habilidades y destrezas son consideradas como apropiadas y que las mujeres desarrollan mejor. Eso te lleva a otro tema que es el de la discriminación de las mujeres que, sobre todo en materia salarial, es un problema de larga duración. Una mujer que llega a las más altas posiciones en una empresa, gana 30 por ciento menos que su par varón. No hay gobierno, de la ideología que sea, en el mundo, que rompa esas diferencias.

Es algo que sucedió a lo largo de la historia y no cambió.
Sí, pero yo no quiero naturalizarlo. Si decimos “es algo que se mantiene a lo largo de la historia” lo estamos naturalizando. Hay que explicar por qué se mantiene esa brecha, qué cosas se podrían modificar para que se vaya cerrando.

¿Y qué podría modificarse?
Fundamentalmente, la idea de que la mujer es la única responsable del cuidado del hogar. Las actividades de lo que en el viejo lenguaje se decía la reproducción de la fuerza de trabajo tienen que ser tareas compartidas, no exclusivamente femeninas.

¿Qué cambios o desplazamientos ve en este sentido?
Hay en las relaciones familiares algunas actividades que son más compartidas que antes. Hoy es frecuente decir “mi esposo le cambia los pañales al bebé”, pero cuando el nene se enferma la que se encarga es la mujer. Ahí uno tiene que pensar en cómo se pueden producir modificaciones en los vínculos entre las personas que conforman un núcleo familiar para que todos tengan algún grado de responsabilidad en el desenvolvimiento de la vida cotidiana. Es un problema que se produce en una zona mucho más difícil de modificar que otras. No podés sacar una ley para eso.

¿Qué puede hacer el Estado?
El Estado tiene que garantizar ciertas cosas. Igual trabajo a igual salario es una demanda del Partido Socialista de fines del siglo XIX. No es una demanda de ayer. En segundo lugar, es cierto que para que las mujeres trabajen es importante que en los lugares de trabajo haya guarderías. Hay otras cuestiones que tal vez serían más específicas por actividad.

¿En qué se parece una mujer trabajadora hoy a una de principios del siglo XX?
A principios de siglo XX, una mujer salía a trabajar –la inmensa mayoría, sobre todo las de las clases populares, lo hacía– porque consideraba que había una necesidad familiar. La palabra necesidad lleva a la noción de complementariedad. El trabajo en las mujeres es complementario, y su salario es complementario del salario masculino. El varón es el que construye su identidad como proveedor de la familia, mientras que las mujeres lo hacen alrededor de la idea de que tienen que cuidar a la familia. Las mujeres del siglo XIX y de principios del siglo XX estaban realizando sus actividades en un momento en que se estaban configurando esos dos modelos, el de masculinidad y el de femineidad. Para las mujeres de hoy eso o está ya afirmado o se está discutiendo. Una segunda diferencia es que cuando las mujeres se integraban a fines del siglo XIX al mercado laboral no había protección. Pero rápidamente se discute la protección de las mujeres que trabajan. En 1907 se sanciona la primera ley de protección al trabajo femenino.

¿Cambió el lugar de la mujer en la vida sindical?
Hay un mayor reconocimiento de la legitimidad de participar en un sindicato, pero algo que hay que tener en cuenta es que la historia de las mujeres trabajadoras es una historia que nos lleva mucho tiempo registrar. Había una dirigente sindical comunista del gremio textil, Dora Genkin, que en un congreso de la CGT en la década del 40 les dice a los hombres que ellas no eran la columna vertebral con joroba del movimiento obrero organizado, que querían poner en la mesa de debate la situación de las mujeres trabajadoras porque en algunos aspectos era diferente a la de los varones. La idea de la opresión, de la explotación, unifica, pero las mujeres tienen algunas situaciones más específicas. Esto se ha discutido por décadas.

¿Esta situación específica se discute más hoy?
Hubo un cambio notable. En el ámbito universitario, en los años 80 sobre todo, muchas mujeres empezamos a trabajar no sólo en la investigación sino en la creación de instituciones, centros de estudios, congresos, jornadas, en donde todo esto se debatía. Hoy uno puede encontrar una gran cantidad de jóvenes de cualquier identidad sexual que está discutiendo estas temáticas. De todos modos, a principios del siglo XX había un movimiento de mujeres, y también de hombres que pensaban que la desigualdad de las mujeres era peor que la de la esclavitud, así lo decía Del Valle Iberlucea, por ejemplo. La historia es un movimiento continuo de curvas, con altibajos, con reconfiguraciones. Pero lo cierto es que hoy todas estas cuestiones están en la mesa de debate.

¿Significó algún progreso el mayor acceso de la mujer a la educación?
La vida de todas nosotras cambia con el mayor acceso a la educación. En el ámbito universitario hay muchas más mujeres, esa matrícula ha ido creciendo muchísimo desde los años 60. Pero a mí me preocupa otra cosa. Si bien es cierto que la educación en la Argentina es gratuita, pública y obligatoria, hay una diferencia entre la educación de las niñas y la de los niños. Entre mediados del siglo XIX y hoy la distancia es enorme. Pero que eso, que es una realidad positiva, no nos haga olvidar que en la Argentina hay niñas que no terminan la escuela primaria, y que a la escuela secundaria no llegan porque son mamás antes de tiempo.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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