Tiempo en Capital Federal

20° Max 14° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 58%
Viento: Oeste 23km/h
  • Miércoles 23 de Octubre
    Nubes dispersas13°   19°
  • Jueves 24 de Octubre
    Cubierto14°   23°
  • Viernes 25 de Octubre
    Cubierto con lluvias17°   24°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Milongas amenazadas por las clausuras

El cierre de media docena de salones de baile -algunos centenarios- enardeció a los milongueros, que le armaron al gobierno porteño una pista de 2×4 a cielo abierto.

Por Néstor Rivas
Email This Page
11737096_385079815018716_1633633480_n (1)

¿Viste que hay gente que a la noche llega a la casa y mira una serie antes de irse a dormir? Bueno, yo vengo a bailar. Vengo, bailo, a las dos menos cuarto vuelvo a mi casa y a las dos ya estoy en la cama”, cuenta Joaquín mientras picotea una fritanga del bar que hay a la vuelta del Salón Canning.

Es lunes y son las diez de la noche. La entrevista se convirtió en una especie de previa al bailongo. Tiene 40 años, es profesor universitario y frecuenta las milongas desde los 19. “Cuando era pibe íbamos a las discotecas, pero siempre rebotaban a alguno en la puerta. En un momento nos hinchamos las pelotas, ¿viste? Porque tenías que sortear a los patovicas, pagar la entrada, bancarte el tumulto… Y buscando una alternativa fue que nos prendimos a bailar tango.”

Joaquín entró en el bar hace un rato con un botinero bajo el brazo. Saludó y lo dejó sobre la mesa para ir a buscar dos cervezas a la barra y ahora toma la suya mientras conversa. Tiene puesto un jean y una camisa color salmón. “La uso solamente para ir a bailar. Cuando me toca dar clase tarde y caigo con la camisa, mis alumnos se dan cuenta. Yo digo: ´De acá me voy a bailar, ¿o qué te pensás? ¿Que por vos me la pongo?´”.

En el plato quedan apenas unos rastros, los vasos están vacíos. Es hora de enfilar para la avenida Scalabrini Ortiz.

***

La milonga porteña está en manos de los sub 40. Literalmente. Julio Bassan, el presidente de la Asociación de Organizadores de Milongas (AOM), tiene 37 años. Se involucró con la entidad en 2012 y resultó elegido por sus pares para poner la cara. Le tocó bailar con la más fea, no hay duda, porque las clausuras comenzaron a arreciar nuevamente, como en los meses del pos-Cromañón diez años atrás, cuando nació la AOM.

El asunto es que, durante los últimos meses, la Agencia Gubernamental de Control (AGC) clausuró media docena de bailes. Les tocó perder a los clubes Sunderland y Sin Rumbo, de Villa Urquiza; al Café Vinilo y la Parakultural, de Palermo; al Salón La Argentina, del barrio de San Nicolás, y al Club Atlético Fernández Fierro, reducto de la orquesta típica del mismo nombre, en Almagro.

Los milongueros se bancaron todo el tramiterío ministerial hasta que la paciencia se agotó y decidieron sacar a la calle su reclamo. Así salió la milonga a cielo abierto del 3 de julio último, que se hizo en Avenida de Mayo y Perú y tuvo repercusión internacional. Porque el tango será patrimonio cultural de la Nación y de la Humanidad, pero está medio a la intemperie.

“La milonga es lo que mantiene vivo al tango. Es su lugar por excelencia, el reducto donde se conglomeran los artistas jóvenes y viejos, músicos, cantantes, bailarines, escritores, poetas, vecinos… Si se cierran las milongas, el tango se va a terapia intensiva”, dice Bassan.

“La Asociación se formó después de Cromañón, en buena medida para reclamar una legislación específica para las milongas –cuenta– porque la que estaba vigente no se amoldaba a los parámetros de la actividad. Las milongas no son boliches, la mayoría funciona en clubes de barrio o en salones de alquiler y los milongueros muchas veces no buscan rédito económico, sino albergar a su gente, a sus amigos.”

En 2007, la Legislatura porteña aprobó la ley 2.323, motorizada por Elvio Vitali, fallecido en 2008. La norma incorporó la definición y uso del salón milonga en el Código de Planeamiento Urbano. No es mucho, pero es algo.

***

Omar Viola DSC_4486

Omar Viola organiza La Parakultural en Salón Canning.

“La milonga tiene tres pilares: la música, el abrazo y los códigos”, dice Joaquín mientras se cambia los zapatos por los que están en el botinero. Flexibles, livianos como el papel, suela de cromo para mejor tracción, nunca tocan la calle. Se usan exclusivamente en la pista. “Tengo un circuito de milongas que recorro. Imaginate que hay para elegir. Debe de haber diez cada noche, de lunes a domingo.”

El Salón Canning todavía está semivacío y apenas cuatro o cinco parejas ocupan la pista que cobija a la milonga Parakultural los lunes, martes y viernes. “Acá, por ejemplo, se mantiene lo del cabeceo”, cuenta Joaquín. Bordea la pista mientras mira las mesas y le hace un gesto casi imperceptible a una morocha flaca, de falda roja y corte carré. En seguida están haciendo figuras en el piso.

Recién a la medianoche empieza a llenarse de gente. Una clientela variopinta. También llega Omar Viola, organizador de la Parakultural, el mismo nombre del mítico reducto under que regenteó en los años 80 y dejó su huella en el rock y el teatro alternativo. Lo que empezó con una performance llamada Metatango culminó, a comienzos de los 90, con la mutación de aquel mítico reducto a una milonga.

“Los caminos para conseguir una habilitación son demasiado largos, demasiado absurdos. Éstos son espacios de identidades muy potentes a nivel simbólico, porque marcan esencia… No se clausuran por no ser seguros, como dicen, porque en ese caso yo estaría de acuerdo. Acá lo que pasa es que te piden un permiso. Vos lo pedís y no viene. ¿Y quién viene? El inspector a pedirte el permiso. ¡Te sentís el payaso que recibe los cachetazos!”, exclama sentado en una mesa próxima a la barra.

Sus colaboradores van y vienen, le hacen consultas. Llega la orquesta Andariega, que va a tocar más tarde, y algunos músicos lo saludan. “Las milongas son tesoros. Deberían estar cuidadas, tendrían que tener ayudas, subsidios para cumplir con todos los requisitos que se piden. Hay escuelas tomadas, Iron Mountain, talleres clandestinos y se hacen todos los pelotudos”.

Desde 2008 existe un ámbito llamado Unidad de Proyectos Especiales de Espacios Culturales (Upeec) que depende del Ministerio de Cultura de la Ciudad y Debería constituirse como un ámbito de diálogo entre los representantes del ministerio, de la AGC y del ambiente cultural para ayudar a armonizar el funcionamiento de teatros independientes, centros culturales y milongas con la normativa vigente.

“Lo que pasa es que la AGC no manda a nadie”, se queja Viola, que además fue el primer presidente de la AOM. “Cuando nosotros empezamos con estos reclamos, el tango estaba a punto de desaparecer.”

DSC_4442

Los caminos para conseguir las habilitaciones son largos y absurdos, denuncian los organizadores.

***

“Históricamente existe una tensión entre las gestiones de control y los espacios culturales”, dice Juan Manuel Beati –presidente del Consejo de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y representante del Ministerio de Cultura en la Upeec– en diálogo telefónico con Diario Z. “Los espacios culturales tienen una finalidad menos comercial y no cuentan con el asesoramiento necesario a la hora de resolver cuestiones”, explica y sigue: “La Upeec se formó en 2008 como una instancia transversal de diálogo con los espacios culturales reales. Los que más participaron fueron los teatros y los clubes de música. Las milongas no tanto porque tenían legislación aparte”.

Los milongueros dicen que los representantes de la AGC no concurren a las reuniones.

La Upeec era transitoria por definición y funcionó correctamente hasta 2013. Ahora habría que revitalizarla. Desde la AGC me transmitieron que tienen voluntad de participar.

¿Se reactivó después de la protesta de las milongas?
Sí, tomamos nota. Estamos trabajando para regenerar instancias de diálogo, para darle un marco de legalidad al trabajo de las milongas y desarrollar la cultura de la ciudad. Vamos a estar convocándolos muy pronto.

Por su parte, los representantes de la AGC no quisieron aceptar una entrevista, a pesar de las reiteradas llamadas de Diario Z.

***

Bassan es actor. Uno de sus profesores de la Escuela Nacional de Arte Dramático lo inició en el 2×4 a los 19 años. La primera vez que fue a bailar, inexperto como era, ensayaba pasos en el borde de la pista hasta que una mujer le clavó el taco dentro del zapato y le espetó: “Si no sabés bailar, pibe, andá afuera”. En la milonga se paga derecho de piso. En la pista, los márgenes son la zona de los bailarines más experimentados, los novatos bailan en el centro. Es así.

“Lo que estamos pidiendo es completamente razonable. No te pueden exigir un permiso, que es de vigencia anual, y que tarden seis meses en darte. Tampoco deberían clausurarte preventivamente cuando falta un papel. En la AGC hay mucha descoordinación y están mal comunicados entre ellos. Queremos que haya una adecuación de los tiempos, que se terminen las clausuras, que haya visitas programadas como tienen otros espacios y una revisión conjunta de la legislación para que podamos opinar. Todavía no tuvimos respuesta de nadie. Queremos cumplir con todo, pero necesitamos un acompañamiento”, explica Bassan.

***

Entrada la madrugada, el Salón Canning luce lleno. ¿Qué hará esta gente mañana? ¿No va a trabajar? En el público se mezclan locales y extranjeros. Hay porteños típicos que hablan de costado y hay chicas de rasgos orientales. Hay un ingeniero cordobés por ahí y un astrónomo doctorado en Princeton más acá. Una rusa joven y enorme, una chilena que toma agua de una botellita de plástico y hasta algún funcionario de embajada extranjera mezclado. “Aquel es el ´Pibe de Sarandí´”, dice Joaquín y señala discretamente a un hombre canoso, de porte elegante, bien adentrado en la séptima década.

Son las tres de la mañana. Algunos fuman en la puerta del salón y los taxis desfilan lentamente delante suyo. Esta gente no tiene pinta de irse a dormir pronto. Hay diez milongas más como ésta cada noche.

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario