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Milonga gay: cortes y quebradas pero sin roles

La Marshall ya lleva siete años de cautivar alumnos, milongueros y turistas.

Por cecilia-castillo
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Es una milonga como todas pero nadie se extraña de ver a hombres bailando con hombres y a mujeres bailando con mujeres. Y tampoco es raro que las parejas estén integradas por un hombre y una mujer. No hay roles prefijados y cada uno elije, antes de empeñarse en el dos por cuatro, si va a conducir o se va a dejar llevar.

La Marshall funciona desde hace siete años en la calle Maipú 444 (Plaza Bohemia) y uno de sus creadores fue el bailarín y profesor de tango Augusto Balizano. Al principio, no tenía espacio propio y cuando la clase terminaba, el baile también. Pero en 2002, Balizano fundó su primera milonga en un loft en San Telmo y, finalmente, junto a Roxana y Lalo Gargano, puso en marcha La Marshall.

«Al principio, la publicidad de la marca decía milonga gay. Pero con el tiempo no fue necesario seguir aclarándolo y se estableció como una milonga más de Buenos Aires, abierta a cualquiera», cuenta Balizano, quien desde 2005 integra, con Miguel Moyano, la primera pareja gay de bailarines profesionales de tango y realiza exhibiciones dentro y fuera del país.

Muchos consideran a La Marshall la primera milonga gay pero es un error. «Hubo muchas milongas de este estilo antes, aunque no tuvieron permanencia en el tiempo como nosotros», asegura el bailarín y agrega: «Eran espacios sin publicidad. Nosotros fuimos los primeros en promocionarlo, y al hacerlo público tuvimos la suerte de que durara». Tanto fue el crecimiento de la milonga, que desde hace un año también se reúne los sábados en el salón Bien Porteño. Hoy no sólo van alumnos y milongueros, es habitual que los turistas del exterior vengan la primera vez a curiosear y después se queden a aprender a bailar tango.

La bailarina y profesora de tango Silvia Dopasio, fundadora de la Asociación de Milongas de Buenos Aires, fue una de las invitadas a la inauguración oficial el 16 de julio de 2003. «Su presentación como primera milonga open mind (mente abierta) me pareció perfecta», cuenta Silvia. Años antes, un grupo de mujeres intentó crear una milonga únicamente para chicas, pero no funcionó.

Todos los miércoles más de cien personas concurren a las clases de tango, que comienzan a las diez de la noche, para luego, seguir practicando hasta el cierre del lugar, pasadas las tres de la mañana.

En las milongas tradicionales es el hombre quien conduce el baile, pero en La Marshall no es así: «La forma de bailar y de vivir no importa en este lugar. El tango iguala en todos los sentidos», asegura Silvia, quien se siente más cómoda bailando en el lugar que, comúnmente, ocupa el hombre.

 

Fuente Redacción Z
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