Tiempo en Capital Federal

18° Max 13° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 82%
Viento: Suroeste 28km/h
  • Lunes 28 de Septiembre
    Despejado11°   19°
  • Martes 29 de Septiembre
    Muy nuboso14°   20°
  • Miércoles 30 de Septiembre
    Cubierto13°   21°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Miguel Espeche: “Las Fiestas generan desorden y estrés”

El psicólogo señala que, con la proximidad de fin de año, la gente comienza a sentirse agobiada. Aconseja evitar los balances y no tomar las reuniones familiares como si fuesen un examen.

Por Natalia Gelos
Email This Page
Miguel_espeche

El sentimiento es conocido: la acumulación de tareas, los actos escolares, las entregas, las cuentas, el año encima, la proximidad de las Fiestas, hasta los encuentros, todo se transforma en una bola que arruina el más templado de los humores. Ese estado de desasosiego tiene nombre y apellido. Como el vitél toné, la ensalada de frutas y Papá Noel, en diciembre aparece el “estrés de fin de año”. Desde perturbaciones del sueño y contracturas hasta una profunda angustia, en un juego que va desde trastornos psíquicos hasta anímicos, con la última hoja del almanaque se intensifica un modo de vivir que, como sociedad, nos muestra dentro de un círculo que se sobrealimenta de exigencias e idealizaciones. Miguel Espeche es psicólogo, psicoterapeuta y coordinador del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. En esta entrevista propone humanizarnos y apostar por un cambio de mirada como manera de sobrevivir a esta época del año.

Incorporamos la palabra estrés a la vida cotidiana. A veces, quizá, hasta de manera errónea. ¿De qué hablamos cuando hablamos de estrés en general y de estrés de fin de año en particular?

El estrés es un mecanismo de defensa que genera energía extra en una situación extraordinaria. Si te ataca un animal, se genera una adrenalina, cierto tipo de hormonas que se activan y potencian la resistencia. Lo que hemos logrado como cultura para que la gente produzca más es un estrés crónico. Las condiciones precarias de trabajo, que pueden hacer que si uno no consigue una meta sienta que puede perder el trabajo o que demorará su acceso a ciertos bienes básicos, generan mala sangre. Se producen hormonas y la química corporal se modifica. En situaciones naturales, se produce una descarga, pero en estas situaciones artificiales de estrés, el psiquismo se va desgastando. Es como un auto a muchas revoluciones en punto muerto. Son situaciones mentales a las que el cuerpo responde como si fueran físicas. Se genera angustia, agobio, que es lo que terminamos llamando estrés de fin de año.

¿O sea que efectivamente se agudiza el estrés a fin de año?

Es algo que veo mucho en los últimos años, sí. Es una apreciación según mi experiencia, pero veo muchos casos. Se detecta el desorden porque las Fiestas generan una ruptura en los ritmos, que se suma a la cercanía de las vacaciones y hay gente que hace evaluaciones de cómo va su vida, hace balances. Yo desaconsejo los balances de fin de año, porque eso agrega un marco angustioso a la cuestión.

¿Es una angustia que generan las Fiestas? ¿Por qué?

La movilización emocional durante las Fiestas se da por dos cuestiones: la tensión, porque se las ve venir, y la planificación, desde lo afectivo. La idea de familia ideal compite con la realidad de las familias. Eso genera dolor. Hay familias ensambladas que tienen que decir con quién va a pasar el chico el Año Nuevo o hay familias con mala relación. Y a todo esto se le suma la cuestión del consumo.

¿De qué manera el consumo aporta al estrés?

Se establece que hay que comprar algo y esa idea empieza a separar las clases sociales. Se transparenta la capacidad económica de cada uno. Y hasta se produce el enojo de comprar. Mucha gente se ve forzada a la compra, algo que no se nutre de la idea esencial de lo sagrado. Es comprar como una deuda, una idea que va a contrapelo para muchas personas. Cada vez se amplían más la oferta y los tiempos de la oferta. Se ve venir eso, ya hay un folclore, y los noticieros dicen: “Mirá todos los regalos que hay”. Eso es una radiografía de lo que nos pasa a lo largo de todo el año como cultura, pero hay una condensación en el mes de diciembre. Yo insisto, hay una artificiosidad importante en el estado de ánimo de mucha gente. Si te ponés a pensar, Papá Noel te regala porque te portaste bien, no porque te quiere. Es un garrón que se te dé si cumplís con ciertas normas. La idea original de la Navidad es que te aman por lo que sos y el regalo es porque existís, no porque te portaste bien. Si le decís: “Si te portás bien, Papá Noel te regala”, estás poniendo en juego, además, un instrumento de dominio. Encima, Papá Noel le quita la gloria a los padres. El padre labura, se esfuerza, va a comprar y después los chicos creen que fue Papá Noel.

Las reuniones pueden devenir en campo de batalla. Aunque la tensión a veces sea latente, no explícita. ¿Cómo atravesar la tensión entre el ideal de familia y la familia real?

En general, la gente hace competir a la familia ideal con la real y pierde la familia real. Lo atraviesan mejor quienes tienen una visión más trascendente de lo que son las Fiestas y de lo que es la familia. Los relatos son más lindos cuando las personas se despojan de lo que es la sangre y encuentran familiaridad con quienes están al lado: comedores comunitarios, vagones de tren con gente con las que les toca viajar. Se despojan de toda la sobreexigencia que significa ser todos como los Flanders (una familia de Los Simpsons). En Estados Unidos, esto que estamos viviendo ahora ellos lo están viviendo desde hace cincuenta años. Se consume una imagen de Navidad que se transforma en producto y cuando ves tu propia familia, la comparación puede resultar dolorosa. En realidad, no hay problemas con que haya conflictos. Es un rato solamente, después vuelven los conflictos. Si lo entendés así, la cosa se relaja.

¿Y cómo se puede trabajar para lograr ese entendimiento?

Hay algunas perspectivas que funcionan. A veces es difícil; cuando una persona perdió a un ser querido, las Fiestas son difíciles, pero mucho más difíciles son cuando no les encontrás sentido. Si vos decís: “Es difícil, pero al menos estamos juntos y si alguien falta, lo recordamos”, ahí le estás dando un sentido. Esto es algo que ocurre mucho.

¿En los talleres del Pirovano surge como tema el estrés de fin de año?

Hemos tenido talleres que se llamaban “Sobreviviendo a las Fiestas” y en esos días especiales hay mucha gente que se junta y brinda, porque están solos.

¿Algo que ocurre con más frecuencia en la ciudad?

Sí, y cuando se reúnen se modifica el concepto de la Fiesta. Eso le da una naturaleza más grata.

¿Cómo gravita el peso de todo el año?

El agobio viene de antes de las Fiestas. Mucha gente confunde el agobio con el cansancio, que es la falta de energía. Con el agobio estás presionado por una exigencia, un mandato, que no es que te quita la energía: te lima. La gente está limada. La sobreexigencia aleja, te corre del disfrute.

¿Llegan más consultas en esta época del año?

Sí, muchos empiezan terapia en diciembre. Fin de año transparenta los estados de ánimo. Al transparentarse, la gente toma decisiones. Es entendible. Se sabe que viene enero, febrero, pero seguramente al hacer balances, o al ver que termina el año, en el momento de reflexión dicen que quieren empezar a hacer terapia. Hay una sensación de incertidumbre para el futuro; por eso se quieren hacer muchas cosas ahora. Enero es siempre un mes de cimbronazos y la gente prefiere hacer ahora, porque no sabe qué va a pasar el año que viene.

¿A la hora de descansar, sabemos irnos de vacaciones?

Hay quienes se van de vacaciones con la exigencia de pasarla bien. En eso replica el mismo modelo. El chico llora y el padre dice: “¿Cómo va a llorar con todo lo que invertí?”, cuando todo el mundo sabe que los primeros dos o tres días de vacaciones los chicos están locos, los padres también estamos locos, por la adaptación, te quemás y te duele todo. Son cosas que pasan siempre. Queremos trabajar como si fuéramos una industria y deshumanizamos nuestra forma de vivir.

Entonces, se trataría de una potenciación de un estado a lo largo del año.

Claro, se potencia. Por suerte, no es lo único que ocurre. La misma persona que va a desgano, a la vez disfruta. Conviven las dos cosas, pero se ha hecho malasangre, en un shopping luchó para conseguir un regalo. Hay gente que le pone tanto, tanto a las Fiestas, que pierde la esencia de la cuestión. Es aconsejable hacer encuentros sencillos, priorizar el encuentro de las personas. Eso baja mucho el estrés. Hay que pensar que no se trata de rendir un examen.

Perfil

Miguel Espeche es licenciado en Psicología y psicoterapeuta especializado en vínculos, salud mental comunitaria y potenciación humana. También, desde 1997, coordina el Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano, quizás el más extenso programa de salud mental de la región. El Pirovano asiste a alrededor de tres mil personas por semana en sus más de doscientos talleres de diferentes temáticas. Entre otros, sobre “Violencia familiar” y “Miedos”, “Me atrevo a reconocer esos miedos que me limitan”, “Madres e hijas adolescentes”, “Taller para animadores comunitarios” o “Convivir con la incertidumbre”. Los talleres son propuestos por los mismos vecinos del barrio y “fundan su actividad en la idea de que la salud mental no puede existir sin que haya solidaridad en el corazón de la vida comunitaria”, explica Espeche.

Espeche es autor de los libros “Penas de amor, casos reales y actitudes frente al dolor emocional” y “Criar sin miedo”, que surgieron a la luz de sus experiencias al frente de los talleres de salud mental barrial realizados con pacientes del Hospital Pirovano. Además, Espeche ejerce como psicoterapeuta. El Programa de Salud Mental Barrial (www.talleresdelpirovano.com.ar) funciona desde mediados de los años 80.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario