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TEMAS DE LA SEMANA

Mellizos y goleadores

Los delanteros de Atlanta repasan su historia y dicen que jugando juntos tienen un plus de ventaja.

Por Leandro Balasini
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Cuando eran chicos, a Andrés y Abel los po­nían en diferentes equipos porque los en­trenadores de su Córdoba natal consideraban que, de esa mane­ra, sacaban lo mejor de cada uno. Tuvieron que pasar veinte años para que aquella receta queda­ra sepultada. Hoy los mellizos So­riano comparten plantel y delan­tera en Atlanta, cómodo puntero de la B Metropolitana. Entre am­bos llevan convertidos 25 goles y, aunque la humildad les impida re­conocerlo, son los protagonistas indiscutidos del Bohemio.

Cuando todavía existían los potreros, Andrés y Abel comenzaron a jugar en el club del ba­rrio, Defensores de Peñarol. «Mi papá dice que yo era muy mor­fón. Los partidos terminaban por goleada. Abel hacía los goles y yo era el loquito que corría para todos lados», rememora Andrés. Los mellizos nunca estaban sepa­rados. El colegio por la mañana, el resto de la actividades por la tarde. Es que no sólo practicaban fútbol.

También hacían natación y básquet. Abel tiene una teoría: «Mi vieja nos quería cansados. Estábamos todo el día con la pe­lota y dejábamos la tarea para lo último. Pero había que hacer­la». Si el padre era quien media­ba para que el fútbol continua­ra formando parte de sus vidas, la madre, como buena docente, era la que insistía para que, para­lelamente, el estudio no desapa­reciera de sus caminos. «Siempre nos inculcaron el estudio. Yo re­tomé Ciencias Económcas a dis­tancia y Abel está haciendo el curso de técnico. Hay que estu­diar para ser educado, tener cul­tura o buscar laburo. Ése es el consejo que les damos a nuestros compañeros», explica Andrés.

Así llegaron las inferiores en General Paz Juniors. Andrés alcanzó primera y, un tiempo más tarde, lo hizo su hermano, rezaga­do por una lesión en un brazo. En Belgrano de Córdoba se cruzaron por primera vez, pero fue por muy poco tiempo. Cada uno constru­yó su carrera. El destino y las ga­nas de ambos provocaron el arri­bo a Atlanta donde, desde el año pasado, sorprenden con un esti­lo de juego que hace que el sue­ño del ascenso sea sólo cuestión de tiempo.

Todos hablan hoy de los her­manos Soriano. No es para me­nos. Andrés lleva convertidos ca­torce goles y Abel, once. Los dos aseguran que no los marea tan­ta exposición y que lo toman con tranquilidad, por eso disfrutan y viven el presente. La vida hoy pasa por Atlanta y, según aseguran, no piensan en nada más.

Siguen tan unidos como cuando comenza­ron a patear una pelota. Viven a pocas cuadras, entrenan y van al gimnasio juntos. Y su principal de­seo es seguir gritando goles jun­tos. Porque, dicen, tienen un plus de ventaja sobre el resto: se cono­cen desde la panza.

Fuente Redacción Z
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