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TEMAS DE LA SEMANA

Me mata la timidez

La verguenza en hombres y mujeres y sus efectos en el placer sexual.

Por Raisa Giussi
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Frases torpes, manos temblorosas, su­dores fríos, son algunos de los síntomas que manifiestan las personas que sufren el con­tacto social. La timidez es un mal bastante extendido entre la gente, aunque algunos lo disimulen mejor que otros. Este problema, emparentado directamente con la inseguri­dad sobre uno mismo, muchas veces puede dificultar enormemente concretar una cita o una salida porque la persona no puede tomar la iniciativa de invitar o bien de aceptar una invitación. En algunos casos extremos, la si­tuación se vuelve tan traumática que es pre­ferible quedarse solo en casa que exponerse a semejante sufrimiento. No obstante, muchas personas tímidas logran superar ese obstáculo y emprender relaciones con el sexo opuesto. Pero, ¿qué sucede cuando la timidez es tan patológica que nos impide el placer sexual?

En el caso de la mujer, la timidez pasa por mayormente por el cuerpo. Si bien en el pri­mer encuentro sexual, a la mayoría le cuesta mostrarse y desinhibirse, hay personas que lo padecen en extremo, lo que vuelve al sexo en vez de un motivo de placer un motivo de su­frimiento. Apagar la luz de la habitación, me­terse bajo las sábanas o no quitarse toda la ropa son algunas de las estrategias que eligen para evitar la mirada de un otro que intimida. Desde que comienza el acto sexual en lo único que piensan hombres y mujeres que sufren de este tipo de trastorno, es en que quieren que se termine lo antes posible.

En los hombres, la imposibilidad de man­tener una erección en el primer encuentro muchas veces se debe a la timidez. La inse­guridad ejerce tanta presión que es imposible concentrarse en algo que no sea el temor al fracaso del acto sexual. Es muy común recurrir al alcohol para lograr mayor soltura, aunque muchas veces la misma sustancia atenta con­tra la erección y el placer.

En cualquier caso, la timidez es patológica cuando se vuelve un problema para el goce y la relajación. Lo más conveniente es siempre mantener la calma, hacer esfuerzos en alejar los pensamientos autodestructivos, crear si­tuaciones de tranquilidad y confianza a la hora de tener sexo y por sobre todo no forzar nada. En los casos más extremos, es bueno concurrir a una terapia para alivianar el peso del retrai­miento y poder llevar adelante las relaciones de pareja sin que sean un sufrimiento.

 

Fuente Redacción Z
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